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La retirada española de Irak, ¿el preludio de un fracaso?
Por Aarón Lemos (Galicia Información, 22/04/2004)
 
 

El pasado domingo, tres días después de jurar su cargo como presidente del nuevo gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero ordenó la retirada de las tropas españolas emplazadas en suelo iraquí en el marco de las operaciones de posguerra acordadas con los Estados Unidos por el presidente saliente, José María Aznar.

España sale así de un Irak en el que la victoria estadounidense lo fue tan sólo desde un punto de vista oficial. Por mucho que Sadan Husein esté en poder de los Estados Unidos, los hechos demuestran que el odio hacia Occidente no era algo únicamente espoleado por el dictador, sino que se encuentra arraigado, entre otros motivos, por la larga historia de intervencionismo a favor de los propios intereses occidentales que alimentan y derrocan regímenes según su utilidad en la zona. Un intervensionismo en el que esta guerra ha sido tan solo otro episodio.

Pero al margen del análisis de este conflicto, la arriesgada decisión del Ejecutivo español supone un punto crítico en la alianza establecida para mantener, sin éxito, el control del suelo iraquí. En su momento, el apoyo de España a la intervención y su posterior apoyo en la ocupación, fueron una alianza antinatural, en la cual España dejó de lado parte de sus intereses europeos y generó una de tantas crisis a la hora de intentar dotar a la Unión Europea de una política exterior común. Así, España dejó de lado las instituciones internacionales para estar a la cabeza de la lucha contra el terrorismo. Por muy encomiable que sea este motivo esgrimido desde el gobierno saliente, más ansioso por lograr notoriedad en el plano internacional que por respetar la legalidad internacional, está claro que parte de los cálculos realizados desde los ejecutivos firmantes del Pacto de las Azores estaban errados. En efecto, la toma de Bagdad se realizo rápidamente y las bajas fueron escasas. Sin embargo, la posguerra está destrozando por igual los soldados occidentales y las aspiraciones a la reelección de Bush. Si bien la superioridad militar está clara, Estados Unidos ha demostrado una total ineficacia a la hora de hacer política y conciliar los intereses de los muchos grupos que, hasta la derrota del régimen, permanecían inactivos.

En los diversos países ahora ocupantes, se han dado en mayor o menor medida movimientos en contra del inicio de las hostilidades, y posteriormente en pro del retorno de las tropas. En el caso español, este regreso era la promesa estrella de la campaña electoral de Zapatero. Ahora que se cumple, se está destruyendo una alianza que para unos convertía a España en parte de la elite internacional, mientras otros la tildaban de servilismo inútil. La primera consecuencia de esta retirada anticipada respecto a las fechas prometidas por el presidente es el disgusto generalizado y el reproche desde Estados Unidos. El revés militar será mínimo, apenas 1400 soldados, pero se teme que otros países se unan a la retirada, especialmente ante la evidencia de la incapacidad estadounidense para mantener una situación estable y el recurso al secuestro de ciudadanos occidentales que tantos quebraderos de cabeza está dando a los ejecutivos de Japón, Corea o Italia, entre otros. Hipólito Mejía, presidente de la República Dominicana, ya ha declarado su intención de, en el caso de ser reelegido en el cargo, no mandar nuevos soldados y retirarse de Irak cuando tengan que hacer el relevo.

En las últimas semanas, Estados Unidos mantuvo contactos con representantes de la ON, pero sin llegar nunca a discutir de una forma seria el posible traspaso de responsabilidades. La escasa disposición de Washington en este sentido, hace difícil pensar en la realización de un traspaso de poder antes de la fecha señalada en un principio por Zapatero. Su decisión implica serios riesgos para las relaciones con Estados Unidos, que todavía no han perdonado a Francia su oposición a la intervención. Pensar en repercusiones diplomáticas o comerciales no es descabellado. Para curarse en salud, Miguel Ángel Moratinos visitará Estados Unidos para reiterar el compromiso español contra el terrorismo y en favor de la legalidad internacional. La actitud española reaviva en varios países el debate en torno al regreso de tropas.

En sus declaraciones, Bush deja siempre claro que no saldrán de Irak hasta que consideren alcanzados sus objetivos de pacificación y democratización del país. Pero sabe que en ausencia de aliados la ocupación se hará todavía más complicada y más costosa electoralmente. En su momento, inició esta guerra como una cruzada contra las armas de destrucción masiva; al no aparecer éstas, liberar al mundo de los tiranos y luchar contra el terrorismo pasaron a ser los ejes de su discurso cara al público. Parece confiar en que la responsabilidad moral contra el terrorismo, pueda ser, el elemento en torno al cual cohesionar sus alianzas. Sin embargo, de la misma forma en que Zapatero, por coherencia con las promesas que le dieron el poder, sale ahora de Irak, según se acercan elecciones en los diferentes países, el instinto de supervivencia de sus gobiernos podría llevarles a retirarse de Irak, sabedores de que actualmente, ser parte de esta ocupación sólo les esta reportando problemas domésticos, en vez de prestigio internacional.

 
 

Aarón Lemos é estudiante en prácticas no IGADI.

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ÚLTIMA REVISIÓN: 22/04/2004
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