Presencia-Opinión / Estados Unidos Volver a TitularesVolver a Presenza/Estados Unidos
Independencia de EE.UU.: Aniversario con barras y estrellas
Hoy, 300 millones de estadounidenses celebran emocionados su fiesta patria
Roberto Montoya (El Argentino - Miradas al Sur, 04/07/2010)

Versión para imprimir

 

¿Qué habrían dicho los Padres Fundadores de Estados Unidos hoy día sobre la propuesta de Obama para regularizar a los 11 millones de inmigrantes ilegales que viven en ese país? ¿Respaldarían la decisión del Tribunal Supremo de autorizar que todo ciudadano porte armas? ¿Washington, Jefferson, Madison, Mason o Adams cerrarían Guantánamo? ¿Lincoln, Wilson o Franklin habrían apoyado en el Congreso la guerra contra Irak, las torturas a los prisioneros y el espionaje a lo Big Brother a sus propios ciudadanos?

Hoy es un buen día para preguntárselo, y muchos lo hacen para esta fecha, año tras año. Hoy 300 millones de estadounidenses celebran emocionados su fiesta patria, enarbolando más que nunca su omnipresente bandera de las 13 franjas rojas y blancas (una por cada una de las colonias independizadas y 13 estrellas sobre un fondo único representando su unión); entonando con la mano en el corazón su himno The Star-Spangled Banner, al tiempo que consumen unos 150 millones de hot dogs y otras tantas hamburguesas (promedio anual), Coca Colas y cervezas, en medio de los fuegos artificiales y la gran parafernalia.

Ellos recuerdan que un día como hoy de 1776, los llamados Padres Fundadores, representantes de las 13 colonias fundadas por el imperio británico en la costa atlántica de América del Norte, aprobaron en el Congreso, en Filadelfia, la Declaración de Independencia. Con ese acto dieron por constituidos los Estados Unidos de América.

Pero, a diferencia de las declaraciones de independencia de Argentina y del resto de países de América latina y el Caribe, la de Estados Unidos se aprobó y anunció… antes de ser independiente. La otra gran diferencia con el resto del continente es que los independentistas eran colonos, cuya lucha contra Gran Bretaña tuvo su origen en su reclamo de una mayor libertad para el tráfico comercial, mayor autonomía de decisión política y su rechazo a los altos impuestos reales, evolucionando, sí, después, hacia un proceso revolucionario.

Fue a partir de la declaración independentista cuando arreció la guerra entre el imperio británico y los rebeldes, a los que calificaba de terroristas. Fue la primera vez que se usó ese término en América. ¡Quién diría que los herederos de esos terroristas usaran tantos años después ese mismo término alegremente contra cualquiera de sus enemigos! Gran Bretaña reconoció al nuevo Estado en 1783 y en 1787 Estados Unidos aprobaría su primera Constitución.

Las 13 ex colonias que conformaron Estados Unidos tenían una población de 1.200.000 blancos y 250.000 esclavos. Reconocido como la primera democracia del mundo de la era moderna, Estados Unidos tardaría, sin embargo, muchos años en abolir la esclavitud (la Casa Blanca fue construida por esclavos en 1800) y muchos más en acabar con la discriminación legal de los negros. La nueva nación no demoraría demasiado en hacer coexistir ese espíritu libertario de su Declaración de Independencia y de su posterior Constitución, con su cara expansionista, belicista e imperialista.

En la era moderna no ha habido ningún país que haya superado a Estados Unidos en número de invasiones de otros países, en ocupaciones de territorios, fomento de golpes de Estado, guerras de rapiña, asesinatos políticos, boicots y bloqueos, chantajes y aplicación extraterritorial de sus leyes.

Pero hasta ahora, dependiendo en qué bando se sitúe cada ciudadano en Estados Unidos, encuentra su propia visión de cómo verían los Padres Fundadores el mundo de hoy. Los alineados en el poderoso lobby de la Asociación Nacional del Rifle y los fabricantes de armas, interpretan que la Segunda Enmienda constitucional los avala, legitimando el derecho de cada ciudadano a portar armas. Sin embargo, sus adversarios, interpretando el lenguaje original de la Segunda Enmienda, sostienen que no se refiere al derecho de cada ciudadano a usar armas, sino a los miembros de las fuerzas de seguridad. Y el debate llega a nivel de historiadores y académicos, como el abierto hace años por el libro del profesor Michael A. Bellesiles Arming America: The Origins of a National Gun Culture (Knopf 2000), defensor de esa segunda teoría, y contestado agresivamente por Stephen P. Halbrook. Este último sostiene que esa interpretación destruiría la Segunda Enmienda y, entre sus argumentos, asegura que uno de los Padres Fundadores, Thomas Jefferson, siempre tuvo armas, y lo documenta con escritos y registros de la época.

Pero esta polémica no debe extrañar. Eduardo Galeano recordaba en un artículo titulado El teatro del Bien y del Mal , que durante la guerra de Afganistán de los ’90, cuando los malos para Estados Unidos eran las tropas soviéticas y los buenos los muyaidines como Osama Bin Laden, Ronald Reagan dijo que éstos eran “el equivalente moral de los Padres Fundadores de América”. Y añadía Galeano: “En esos tiempos se filmó Rambo III: los afganos musulmanes eran los buenos. Ahora son malos malísimos, en tiempos de Bush hijo, trece años después”.

Y ya había antecedentes. El genial Reagan no se cortaba para nada a la hora de buscar a herederos del espíritu de los Padres Fundadores. Los había encontrado ya en los años ’80, en Centroamérica, corporizados como miembros de la contra, la guerrilla antisandinista entrenada y armada por Estados Unidos que desangró Nicaragua.

Son muchos los que se plantean si los Padres Fundadores se sentirían representados por el modelo de democracia en la que se ha convertido Estados Unidos. Existen dos Cámaras, sí, existen congresistas y senadores, pero estos financian sus campañas electorales con los fondos interesadamente aportados por grandes empresas y lobbies.

Normalmente los grupos más poderosos hacen aportes a los dos candidatos, para asegurarse el éxito. La batalla que se dio sobre la reforma sanitaria es un reflejo de las dificultades, cuando no imposibilidad absoluta, de sacar adelante iniciativas de gran importancia social pero que pueden afectar intereses de poderosos grupos fácticos.

El año y medio que lleva Obama en el poder muestra que no todo es posible en Estados Unidos como se pretende vender. No pudo cerrar Guantánamo como prometió y se propuso, no pudo investigar los crímenes cometidos durante la cruzada contra el terror de Bush; tuvo que tragarse su revolución verde; tuvo que descafeinar totalmente la reforma sanitaria, y ahora tendrá que librar una durísima batalla para intentar sacar a la superficie a los 11 millones de inmigrantes ilegales.

Pero Obama también es de los que defienden la idea de que Estados Unidos debe guiar al mundo. Es un sentimiento imperial muy acendrado evidentemente. No es casual que el verdadero nombre de la llamada Estatua de la Libertad (un regalo de Francia a Estados Unidos), sea La Libertad iluminando al mundo.

 
 
 

Roberto Montoya, periodista especializado en temas internacionales, autor, entre otros, de los libros El Imperio Global (2003) y La Impunidad Imperial (2005).

 
Volver a TitularesVolver a Presenza/Estados Unidos



Ir á páxina de inicio
Instituto Galego de Análise e
Documentación Internacional
www.igadi.org

ÚLTIMA REVISIÓN: 20/07/2010


Subir

 

Subscríbete á lista de correo do Igadi e recibe notificación das novas
informacións, artigos, documentos, convenios, publicacións, etc, que ofrece
o Igadi na súa páxina web Igadi na Rede.


Para comprender o Mundo desde aquí ...
... para proxectar a Galicia no contexto internacional.

   

Apúntate en: http://www.elistas.net/lista/igadi/alta