| China e o mundo chinés |
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| América Latina, China, España: a vueltas con la triangulación Xulio Ríos (OPCh, 11/10/2009) |
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Desde la aprobación del Plan Marco Asia-Pacífico 2000-2002, la política exterior española ha incorporado como concepto y estrategia la triangulación Asia Pacífico-América Latina-España, siguiendo con especial énfasis la evolución e intensificación de las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales entre América Latina y Asia con la perspectiva de identificar oportunidades que permitan un afianzamiento de sus lazos respectivos, incluyendo un aumento de su presencia y significación en ambos espacios geopolíticos. En relación a China, varios países latinoamericanos disfrutan hoy de una relación privilegiada con el gigante oriental. Argentina, Brasil, Chile, Cuba o Venezuela, entre otros, han recibido importantes inversiones en programas energéticos, de telecomunicaciones, materias primas o infraestructuras, un proceso acompañado de fomento de las visitas al más alto nivel, la consolidación de relaciones de asociación estratégica o el impulso a los vinculos militares, estableciendo una tupida red de intereses sustentada en una cooperación Sur-Sur que goza de gran predicamento entre algunos líderes latinoamericanos. Esta circunstancia constituye un hecho novedoso y uno de los indicadores del cambio de la política exterior latinoamericana. Para España, el objetivo enunciado de la triangulación consiste en utilizar los especiales vínculos que la unen con América Latina para superar las debilidades que se presentan aún hoy día en el desarrollo de los negocios y la inserción cultural en Asia-Pacífico (1), es decir, aprovechar la presencia histórica y conocimiento del subcontinente americano para impulsar el reciproco entendimiento con los países de Oriente con quienes acumula un déficit, igualmente histórico, en sus relaciones. En términos empresariales, una de las dimensiones de mayor proyección e interés teórico, ello significa apostar por América Latina como trampolín para las empresas españolas interesadas en alargar su presencia a los países de Asia-Pacífico; potenciar el papel de España como referente para aquellas empresas asiáticas interesadas en multiplicar su presencia en América Latina y también en España aprovechando su implantación en la región latinoamericana. El resultado de esta suma de flujos sería la multiplicación de las oportunidades de negocio y el incremento de las inversiones y las relaciones comerciales. Ciertamente, la triangulación así entendida supone otra forma de ver y de encarar las relaciones entre países y/o regiones y de configurar una mundialización de otro signo, con otras corrientes y potencialidades, inexistentes en las relaciones más tradicionales pero que, sin duda, encuentra un primer reto en la debilidad o práctica inexistencia de dicha cultura triangular en los principales actores llamados a protagonizarla activamente. En la visión española, la intensificación de las relaciones entre Asia y América Latina es un factor positivo y diferenciador de la política exterior española en ambas regiones y que se debe aprovechar. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿qué sentido posible puede tener ese triángulo entre Asia, y en concreto China, América Latina y un país de la UE como España? ¿Cabe imaginar una mayor vinculación a tres bandas en las dimensiones políticas, culturales o empresariales desde el ámbito gubernamental y desde la sociedad civil¿ ¿Que nos indican al respecto las tendencias registradas en casi una década? ¿Cabe una intensificación creativa aprovechando el ritmo cambiante de la sociedad internacional que puede visibilizar mejor aristas poco exploradas por la diplomacia tradicional o las dificultades empíricas son de tal envergadura que debemos operar con cautela y pragmatismo para no vernos sumidos en una nueva frustración? ¿No será demasiado sofisticado el proceso para una diplomacia con tantas limitaciones y carencias? En teoría, España, habida cuenta que muchas de sus empresas cuentan con una trayectoria de experiencia y actividad en la región latinoamericana, cuando la demanda asiática se acelera en virtud de la necesidad de satisfacer las exigencias del elevado ritmo de crecimiento de la economía china, por ejemplo, podría beneficiarse de los acuerdos bilaterales entre China y los citados países. A mayores, dicho proceso podría tener importantes ventajas financieras para las empresas españolas que operan en los países latinoamericanos y que pueden acceder a los concursos de construcción de grandes infraestructuras financiadas con cargo a créditos facilitados por China y otros países asiáticos. En la práctica, no obstante, como ha señalado Pablo Bustelo, no hay, por el momento, muchos ejemplos de aprovechamiento de las posibilidades. Altadis, Sol Meliá, Telefónica, y poco más (casos muy puntuales en automoción o banca), constituyen un selecto grupo que ya triangulaba antes de promoverse el concepto (3). La raíz del problema radica en que la mayor parte de las empresas, ya sean españolas, latinoamericanas o de la región de Asia-Pacífico, optan por la relación directa y no buscan, ni parecen precisar, intermediario alguno para desarrollar sus operaciones. Eso hace dificil que las empresas españolas piensen en dar el salto a China desde América Latina donde, en algunos países, algunas compañías (Telefónica, Endesa, Repsol, BBVA o Campofrío, por citar solo algunas) han logrado auparse a posiciones de primer nivel. Pero nos estamos refiriendo a un reducido y selecto grupo (de empresas y actividades), muy puntual, pero que ni siquiera llega a desmentir el estancamiento general del comercio bilateral entre España y América Latina. Por otra parte, la significación de España es profundamente asimétrica ya que mientras en relación a América Latina su protagonismo parece indiscutible, la debilidad de sus relaciones con China, muy especialmente en el orden inversor y comercial, le sitúan en una posición escasamente robusta para erigirse como interlocutor solvente. Asimismo, España encuentra dificultades importantes para exaltar las bondades de su mercado en relación a Asia-Pacífico pero muy especialmente en el caso chino. España sigue siendo una gran desconocida en el gigante oriental, a pesar de los avances registrados en los últimos años, y la debilidad de sus conexiones (empezando por la inexistencia de comunicaciones aéreas directas) hace dificil que su tejido empresarial aumente de forma significativa su interés por el mercado y las empresas españolas. Tal estado de cosas, refuerza la convicción, muy interiorizada en China, de que el papel de España en América Latina conceptualmente, queda relegado al orden de la historia y de la cultura, pero no en términos de poder e influencia, al menos efectiva y determinante, dificultando la afimación de su condición catalizadora de la actividad económico-empresarial desarrollada entre las dos regiones más dinámicas del planeta. A pesar de cuanto ha cambiado la región en la última década, China mantiene el diálogo estratégico sobre América Latina con Washington y no con Madrid. Y nada indica que vaya a ser de otro modo. (4) Esta circunstancia objetiva dificulta también la posible receptividad del concepto en Oriente, ya que aún siendo tan sugerente la propuesta, al carecer de bases sólidas sobre las que proyectarse, resulta harto complejo seducir a los diversos actores para implicarse de forma activa en un proceso que en varios casos ya desarrollan por otras vías que ameritan día a día su provecho y utilidad. Ello sin perjuicio, claro está, de secundar aquellas propuestas puntuales que doten de pragmatismo, efectivo y sin divagaciones, aquellas oportunidades sobresalientes y unánimemente compartidas. ¿Existe simetría en el nivel de conocimiento de China a propósito de España o de América Latina y viceversa? Queda mucho por hacer en este terreno, lo cual constituye otro handicap importante, para asegurar la convergencia de voluntades que requiere un proyecto de estas características. Por idéntico motivo, la pertencia de España a la Unión Europea no parece que pueda acreditarse como un factor decisivo para que China pueda hacer de ella un socio privilegiado pensando en su proyección en América Latina, ni tampoco para que así lo vean, más allá del discurso, los países latinoamericanos. Con lo cual, llegamos al problema principal: la capacidad de convencimiento de los otros interlocutores o vértices del triángulo respecto a la condición de actor útil para impulsar las relaciones transpacíficas. La doble identidad de España, europea y americana, permite, es cierto, un abanico de opciones ciertamente enriquecedor, especialmente si España se conecta mejor en este aspecto con sus socios europeos en todos los planos, ya que las asimetrías son bien evidentes. Por otra parte, al margen de la “rivalidad” que pudiera emerger entre Portugal y España por el liderazgo de la proyección iberoamericana, cabe tener en cuenta también las opciones estratégicas de algunos países, especialmente de los más importantes. En este sentido, no deberiamos pasar por alto, por ejemplo, el caso de Brasil, cuya diplomacia ha apostado claramente por Francia como aliado estratégico determinante en Europa, no solo por su capacidad tecnológica, sinon también como trampolín para proyectar sus intereses globales orientados a quebrar los paradigmas tradicionales de las relaciones internacionales. En resumidas cuentas, las posiciones de partida y sus principales orientaciones están claras. En tal sentido, cabe significar que frente a las claras tendencias de intensificación de los vínculos entre América Latina y China, el estancamiento y lento avance caracteriza la relación de España con el gigante asiático y con la región latinoamericana. La triangulación y sus oportunidades: ¿por dónde empezar? El ambicioso planteamiento original sugiere una realidad asimétrica. De una parte, España; de otra, dos grupos de Estados, América Latina y Asia-Pacífico. De entrada, parece atrevido imaginar que un solo Estado, caracterizado además por su condición de potencia media en todos los órdenes, pueda gestionar esa relación de forma óptima y aceptable. A pesar de su reconocido papel en América Latina o de ser aceptada como participante en las reuniones del G-20, tiene difícil acreditarse ante dos regiones de ese calibre como un actor de peso y con capacidad de seducción suficiente y equiparable al de una gran potencia. Por ello, convendría sopesar una doble corrección. En primer lugar, por la vía de ensanchar su propio espacio a través de la propia UE y como continuación de la sensibilidad americana que ha sabido despertar y promover en ella. En segundo lugar, por la vía de dimensionar adecuadamente la realidad de Asia-Pacífico, amplia en exceso para optimizar una estrategia de estas características. Abarcar de una sola atacada la inmensidad de varias decenas de países, más del 40% de la población mundial y más de la mitad de su PIB, con una heterogeneidad apabullante supone que difícilmente puede avanzarse con claridad y paso firme. Asi pues, limitarse a Asia oriental, por ejemplo, podría permitir un nivel de concrección aconsejable y necesario. Acotado el espacio geopolítico y aceptando, de entrada, el genuino y determinante papel de los estados, especialmente en el momento inicial, para dar impulso a cualquier hipótesis de triangulación, sería un error menospreciar a actores de otra naturaleza que en la sociedad internacional en que vivimos contribuyen de forma clara a fortalecer los vinculos de todo tipo. Multinacionales, ONGDs, universidades o centros de investigación, constituyen segmentos de ese otro pilar en que puede concretarse y tomar forma el dinamismo triangular. Esa pluralidad de actores determina también que los posibles ámbitos de relación pueden ser muy variados y su contenido e intensidad dependerá de la respectiva capacidad para identificar interlocutores y sugerir programas y acciones de interés común. Quiere ello decir que podriamos hablar de triangulación política, con habilitación de espacios y enfoques que alienten los procesos de cooperación y abran perspectivas para los procesos de integración a tres bandas, pero no solo. También de triangulación económica, financiera y comercial, quizás el ámbito de mayor ambición pragmática pero de mayor dificultad real para colmar y aprovechar el amplio volumen de oportunidades latentes que pudiera existir. En el campo cultural y académico, afirmado preferentemente en el compartido valor lingüístico y que constituye hoy un recurso de gran valor global, podría exigirse un redimensionamiento del Instituto Cervantes con fórmulas que dieran cabida a una cierta participación latinoamericana. La proyección internacional de la cultura en español es un campo donde los intereses pueden converger de modo claro, en un esfuerzo coordinado y conjunto con resultados claros en China y en toda Asia-Pacífico donde existe una alta valoración de la cultura hispana. Por último, en la dimensión social, podriamos incluir aspectos como la cooperación al desarrollo, variable en la que España cuenta con un gran potencial de experiencia en la región latinoamericana, aunque también podriamos tener en cuenta otras dimensiones de gran impacto público, desde el cine o el deporte a la gestión de información, indispensable para superar el déficit de conocimiento, reconocido como la mayor lacra que hipoteca la viabilidad de la idea. Hay ámbitos igualmente de gran interés donde es posible materializar un diálogo provechoso abordando problemas comunes y experiencias compartidas, ya sea, la integración social, la protección del patrimonio cultural, el factor étnico o de diversidad nacional o también, claro está, la cooperación empresarial, en materia de inversiones o también académica o en materia de sociedad civil. En cualquier caso, el enfoque global de la triangulación exige tener en cuenta, al menos las dimensiones política, económica, y cultural. Un capitulo importante en este sentido es la puesta en marcha de mecanismos y programas que faciliten relaciones estables entre instituciones españolas y americanas dedicadas al estudio de China. El contacto entre expertos de ambos espacios, la formación de redes de investigadores y de centros de investigación, los programas de intercambio, el flujo de información, de análisis y de propuestas, contribuirían a potenciar la colaboración académica y cultural, además de sugerir iniciativas que permitan aprovechar las oportunidades de negocio que pudieran existir o alentar propuestas de carácter político-institucional. Por otra parte, en el ámbito triangular, actualmente, cabría señalar que el nivel de ese intercambio sigue siendo muy insuficiente (de hecho, a día de hoy, el IGADI es el único centro español que tiene un acuerdo oficial de colaboración con el Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias Sociales de China, por ejemplo). Asimismo, no debiera pasarse por alto que en otros países europeos también existen centros con programas orientados a estudiar esa relación entre América Latina y Asia-Pacífico, sin que, por lo tanto, pueda España aspirar a un monopolio “natural” en tal sentido. La colaboración en el marco europeo también puede ayudar a consolidar el proceso español, habida cuenta que algunos países van años por delante en materia de estudios asiáticos en general y chinos en particular. La triangulación virtual, la traducción, la investigación, de estudios o programas académicos y otros programas pueden contribuir a establecer sinergias y vertebrar apoyos con un efecto acumulativo a corto plazo de gran trascendencia para la superación del déficit de contacto y conocimiento existente. A ello podría sumarse la experiencia diaspórica, tan presente en las tres realidades. Hay experiencias en lo político que pueden ser de interés mutuo. Las transiciones a la democracia en América Latina o España, junto al creciente interés evidenciado en China por evolucionar hacia un Estado de derecho y el renovado empuje dado a la reflexión sobre la democratización en el XVII Congreso del PCCh (2002) abren espacios para un diálogo creativo, especialmente cuando en el gigante asiático parece haber llegado el tiempo de una inevitable profundización democrática, si bien con singularidades y temores que establecen serias incógnitas acerca de su calidad final. Por otra parte, teniendo en cuenta la presencia de nacionalidades minoritarias en China, en España y el factor indigena en América Latina, con la protección de la diversidad como reto y el autogobierno como desafío, las experiencias autonómicas pueden resultar de gran utilidad para establecer marcos de competencia y lealtad que sugieran una nueva estabilidad para una modernizada estructura político-institucional. Conclusión El Pacífico ha reemplazado al Atlántico como polo geográfico principal del orden internacional del siglo XXI y el papel de China en el nuevo entorno será determinante, sobre todo si llega a buen puerto esa Comunidad de Asia Oriental propuesta recientemente por el nuevo líder japonés, Hatoyama, y que podría tener una primera concrección a corto plazo. En ese contexto, China desempeñará un papel cada vez más importante en América Latina con consecuencias políticas y estratégicas de gran importancia, empezando por el impulso al proyecto de integración americana, favorecido por el nuevo liderazgo existente en algunos países clave de la región y la emergencia de nuevas estructuras en el orden defensivo o energético, lo que puede tener un impacto significativo en la relación de ambos actores con EEUU y en el ritmo inversor de otras potencias concurrentes como es el caso de Japón o la misma Corea del Sur. España es una potencia media que apuesta por el multilateralismo. La integración en Europa y su situación privilegiada en América Latina tienen, no obstante, el handicap de que Asia-Pacífico, el otro vértice del triángulo, sigue siendo una asignatura pendiente de la política exterior española. De hecho, el Plan Marco del año 2000 y documentos similares posteriores advierten de la insostenibilidad de dicha situación que claramente perjudica los intereses políticos, económicos y sociales de la España actual. En ese contexto, la triangulación es una estrategia más que trata de corregir dicho déficit. Su relación con América Latina viene de lejos y en esa dimensión de su política exterior ha centrado grandes esfuerzos que le han acreditado ante la UE una vocación indiscutible para fomentar el diálogo y las relaciones interregionales. Necesitaría, bien es verdad, reforzarla institucionalmente fomentando una mayor participación, directa, en foros clave como el Banco Interamericano de Desarrollo, por ejemplo, donde recientemente ha ingresado China, en FOCALAE, o en LAEBA (Latin American / Caribbean and Asia-Pacific Economics and Business Association), una iniciativa que impulsa temas de importancia estratégica para ambas regiones, reforzando con ello la presencia que ya tiene, desde 1986, en el BAD (Banco Asiático de Desarrollo). Reducir el nivel de participación indirecta allá donde sea posible y conveniente desde el punto de vista estratégico y optimizar esa participación a diferentes niveles revelaría un nuevo nivel de compromiso que podría mejorar su status. En dicho marco, la triangulación se concretaría por la vía de la participación del sector empresarial español con presencia efectiva en América Latina en los foros paralelos desarrollados en el marco de la APEC, al estilo de ABAC (APEC Business Advisory Council) garantizando la oportuna presencia en un espacio de acercamiento cada vez más intenso y que podría dar lugar en un futuro no tan lejano a un área de libre comercio entre ambos márgenes del Pacífico. Asimismo, resultaría de especial importancia la participación en las cumbres empresariales China-America Latina o en foros de debate renovados como el de partidos políticos Asia-América Latina. Todo ello sin perder de vista que un Foro Económico y de Cooperación para el Comercio entre China y los países de habla hispana, similar al existente con el portugués, podría ser el marco idóneo para avanzar en la triangulación. Pensar triangularmente no resulta fácil. Exige no solo disponer de una buena base teórica en la que anclar dicho proceso, sino sustentarlo igualmente en la activación del conocimiento reciproco de las diferentes realidades que ambicionamos interrelacionar. Poner todo el énfasis en la dimensión económico-empresarial a la espera de resultados inmediatos que a su vez legitimen la idea y el proceso aumentando de forma significativa las relaciones de España con Asia-Pacífico no permitirá superar el déficit sustancial, cuya hipoteca principal radica en la ignorancia mutua, a cuya superación deberían disponerse mayores medios a fin de cambiar radicalmente el contexto y el clima de dicha relación. Por otra parte, asumiendo que nos enfrentamos a un proceso en el que hoy predominan más las reflexiones teóricas que las dimensiones prácticas, la asunción de esta estrategia por parte de los principales decisores en los tres vértices del triángulo y muy especialmente en España, como motor de la idea, resulta harto compleja, lo que limita a la baja sus expectativas globales aún admitiendo que esta situación puede variar en función del dinamismo del proceso y del efecto acumulativo derivado de sus resultados, habida cuenta que, a priori, no existe impedimento formal alguno que constriña esta cooperación y que el actor fundamental, pese a la pluralidad de actores que pudieramos reunir, sigue siendo el Estado. Probablemente, no encontraremos mejor momento que este en el futuro, cuando tantas posibilidades están abiertas en países clave de la región de Asia-Pacífico y cuando tanta pasión innovadora se muestra en América Latina por construir otras dinámicas de relación y de integración, para explorar las posibilidades efectivas de una triangulación de utilidad para todos. No obstante, en un ejercicio de realismo, cabe acotar sus términos y moderar la exageración del papel de España como vértice dinamizador de un triángulo tan complejo, al menos en tanto no se corrijan los déficits estructurales reseñados.
CITAS
BIBLIOGRAFIA ALONSO ARROBA, Ángel, AVENDAÑO PABÓN, Rolando, SANTISO, Javier, América Latina, punto de encuentro entre Asia y España, Boletín Económico del ICE nº 2937, del 1 al 15 de mayo de 2008. BUSTELO, P. Y SOTILLO, J.A. (2002), La cuadratura del circulo: posibilidades y retos de la triangulación España-América Latina-Asia Pacífico, ed. Catarata, Madrid. LOPEZ i VIDAL, Lluc (2004), Las relaciones entre España, América Latina y Asia-Pacífico: las posibilidades de triangulación en la política exterior española, Casa Asia. MONTOBBIO, M. (2004), Triangulando la triangulación España/Europa-América Latina-Asia Pacífico, Cidob, Barcelona.. Programa y ponencias de las diferentes Jornadas de Triangulación que pueden consultarse en http://www.casaasia.es/triangulacion/cast/main.html
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