| China e o mundo chinés |
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| La miopía de los poderosos Alfredo Toro Hardy (OPCh, 03/06/2011) |
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Nunca los poderosos habían abdicado de manera tan miope su poder, como lo ha hecho el mundo desarrollado en relación al mundo en desarrollo en los últimos lustros. En su búsqueda de mayores ganancias, los primeros han transferido o están transfiriendo masivamente a los segundos, sus empleos de cuello azul y de cuello blanco así como su tecnología. Al hacerlo han colocado un inmenso superávit comercial en manos de las naciones en vías de desarrollo, y en particular de China. Este superávit no sólo ha permitido comprar inmensas porciones de la deuda pública norteamericana y europea, sino que brinda capacidad inversora suficiente para adquirir activos estratégicos en Occidente. Sin embargo, el Norte no sólo está entregando al Sur su preeminencia industrial, sino que está haciendo otro tanto con el sector de los servicios. Según Meredith, antes citada: “Para 2008 Estados Unidos habrá trasladado 2,3 millones de puestos de trabajo en el sector de los servicios (a las economías en desarrollo), mientras que el Reino Unido lo habrá hecho con 650 mil” (Ibidem, p. 79). Pero la situación es mucho peor que lo que las simples cifras anteriores pueden hacer suponer. Estudios realizados al efecto pronostican que el área de los servicios impersonales, es decir aquellos que pueden ser prestados a distancia gracias a las tecnologías de la información y las telecomunicaciones, desaparecerá mayoritariamente del mundo desarrollado para relocalizarse en las economías en desarrollo, donde convergen una gran masa de talento y costos muy inferiores (A. Blinder, “Offshoring: The Next Industrial Revolution”, Foreign Affairs, New York, March/April, 2006). Investigaciones ulteriores han determinado que la exportación de puestos de trabajo puede resultar incluso más aguda en las escalas altas de nivel educativo y salarial (A. Blinder and A. Krueger, “Alternative Measures of Offshorability”, Center for Economic Policy Studies, Princeton University, Princeton, August, 2009). Es decir, el hemisferio Norte está convirtiendo en redundantes a sus mejores cerebros a costa de potenciar a los de las naciones en desarrollo. No contentas con transferir sus empleos de cuello azul y de cuello blanco, las empresas del mundo desarrollado están transfiriendo también, y de manera masiva, su alta tecnología. Ello ocurre básicamente en relación a China y opera por dos caminos diversos. Uno, entregando tecnología para acceder a ese mercado. Dos, vendiendo las empresas que la producen. Un ejemplo de lo primero lo encontramos en la cesión de lo más sofisticado de su tecnología aeronáutica por parte de General Electric, para beneficiarse de un mercado que en los próximos veinte años deberá estar generando 400 millardos de dólares en ventas, en ese sector. Lo segundo a través de la venta a ese país de empresas como Volvo, GM, la División de Computadores Personales de IBM o numerosas empresas de tamaño medio y pequeño en Sillicon Valley. Al trasladarse al Sur las industrias, se sentaron las bases para un gigantesco superávit comercial por parte de estos países y especialmente de China. Valga señalar que el superávit anual de China frente a Estados Unidos pasó de 28 millardos de dólares en 2001 a 251 millardos en 2007 (B. Chellaney, Asian Juggernaut, New York, Harper, 2010). El impacto de lo anterior se expresa por dos vías con inmensa capacidad para influenciar a las economías occidentales. La primera de ellas, a través de un control creciente de la deuda externa del Norte. China es el mayor acreedor externo de Estados Unidos y va camino a serlo también de Europa. Cuando en los primeros meses de 2009 el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lanzó cientos de millardos de dólares en bonos de la deuda pública, con el objeto de financiar el paquete de estímulo económico, el principal comprador fue China. Es decir, quien mismo lo había sido en 2008, cuando el sistema financiero comenzó a hacer implosión, o en 2007 cuando los primeros nubarrones negros aparecían en el escenario. (Karabell, Superfusion, New York, Simon&Schuster, 2009). China está también está invirtiendo masivamente en la deuda soberana de la Unión Europea. La segunda vía se manifiesta a través de su capacidad para controlar parcelas crecientes de las economías desarrolladas. De acuerdo al International Herald Tribune de fecha 4 de mayo de 2011, China se dispone a invertir dos millones de millones de dólares en la adquisición de “compañías, plantas y propiedades en el exterior”. Ello se traducirá, lógicamente, en la compra de empresas y activos estratégicos en el mundo desarrollado. De esta manera, el mundo en desarrollo va acumulando un control creciente sobre las industrias, los servicios y la tecnología, amén de la deuda pública de Estados Unidos y Europa. Ello en adición a la capacidad financiera para adquirir activos estratégicos en los países ricos. Si a eso le unimos el dominio incuestionable de los países del Sur en el campo de las materias primas y de los mercados emergentes, no quedan dudas sobre la dirección que está tomando la historia. El tiempo del hemisferio Sur, con China a la cabeza, llegó. Ojalá que quienes tanto contribuyeron con su miopía a hacer de esta situación una realidad, no resulten igualmente miopes intentando frenar lo irrefrenable. La elección del próximo Director Ejecutivo del FMI dirá mucho al respecto.
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Alfredo Toro Hardy
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Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional www.igadi.org ÚLTIMA REVISIÓN: 03/06/2011
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