Bush se va a la guerra

En Bagdad nadie duda de que la "guerra preventiva" programada por Mr Bush saldrá adelante, digan lo que digan Naciones Unidas, la Unión Europa, Rusia, China, los países árabes o los miles de almas que se manifiestan en medio mundo para condenar la política agresiva de Washington, incluidos muchos protagonistas norteamericanos de guerras anteriores. Para desarmar Irak, EEUU hace alarde de un despliegue de armamento nunca visto: ciento cincuenta mil soldados y toda una armada aeronaval que va cercando las fronteras de Irak a la espera de la orden de ataque, probablemente a mediados de marzo, según los analistas militares. Todo estará listo entonces, incluida la seducción mediática de una opinión pública que se resiste.

Doce años después de la primera guerra del Golfo, Bush hijo no puede argumentar su guerra como respuesta a una invasión por parte de Irak de ningún país vecino; sus hipotéticas connivencias con Al Qaeda y demás grupos terroristas de signo religioso son desmentidas hasta por sus propios enemigos; los gobiernos árabes desconfían de la iniciativa americana; las opiniones públicas de su propio país y de Gran Bretaña muestran una oposición creciente, incluso en el supuesto de que la "guerra preventiva" se inicie con el respaldo de Naciones Unidas; del Papa a Kofi Annan, incluso muchos de los asistentes al Foro Económico Mundial de Davos, todos y todas las instancias estiman que esta guerra ni es necesaria ni es útil y que por lo tanto, puede y debe evitarse.

¿Puede evitarse? Existen tres grandes motivos, los tres gran valor estratégico, para proseguir la marcha bélica. Bush está persuadido de presidir un país que goza hoy día de una posición internacional excepcional, una ocasión única para afirmar un liderato universal indiscutible. Es verdad que no se trata aquí de expulsar a los soldados iraquíes del Kuwait ocupado (por cierto, ¿qué fue del impulso democratizador en Kuwait?), que la situación en la zona es sensiblemente diferente a la de 1991, pero existe un primer objetivo estratégico común: si entonces el conflicto sirvió para evidenciar su victoria frente a la URSS en la guerra fría y darle el último empujón hacia el abismo de la historia, de lo que se trataría ahora es de transmitir al mundo la evidencia de una fortaleza inexpugnable, de una tecnología bélica que la sitúa a gran distancia de sus inmediatos seguidores y que le permite forzar unas "soluciones" que la vía estrictamente diplomática hacía imposibles o exigían tiempo de más. Estamos ante una nueva fase del rearme estratégico que se inicia a raíz del 11S para confirmar el liderato universal de la superpotencia hegemónica.

El segundo objetivo estratégico es de dimensión regional. La invasión de Irak es una estratagema para expulsar a Jordania a los palestinos recompensando a su monarca con una parte de Irak; asegurar la ocupación plena por parte de Israel de la Cisjordania tomada por las tropas del recién elegido Sharon y la anexión definitiva de todos los territorios palestinos; la restauración monárquica en un Irak seriamente fragmentado en su territorio y debilitado en su economía; por último, asestar un golpe decisivo contra Siria para asegurar a Israel la conservación de los altos del Golán. Ni en el Pentágono ni en Israel tendrían entonces miedo a un Estado Palestino e incluso se afirma en algunos mentideros que el sucesor de Arafat ya ha sido designado.

La tercera razón es el petróleo, naturalmente. Pero en este caso, no es la más importante. De Guinea a Asia central, EEUU lleva meses tomando posiciones de gran solidez para asegurar el control presente y futuro de tan vital recurso. Petróleo y fronteras, nacieron con el propio Estado iraquí. Cuando los británicos y franceses, cuenta Anthony Sampson, autor de "Sept Soeurs: les grandes compagnies et le monde qu’elles ont fabriqué", dibujaron las fronteras del Irak que emergía del hundimiento del antiguo Imperio Otomano después de la primera guerra mundial, contaron poco los intereses y los derechos de los árabes. La explotación de los yacimientos petrolíferos iraquíes que de la Turkish Petroleum Company pasaron a la Iraq Petroleum Company (IPC) entraron en el reparto. Los franceses tenían derecho a la cuarta parte que era propiedad de los alemanes vencidos. Los británicos, ya presentes en Irán, querían la suya y los estadounidenses también. Para los iraquíes dejaban el 20 por ciento de la concesión. Pero ni eso respetaron cuando se inició la producción a gran escala. No es de extrañar, pues, que en el sentimiento de la población iraquí se advierta la perversa naturaleza del interés democratizador occidental.

Sin embargo, algunos analistas, el propio Sampson, llaman la atención sobre el hecho de que, en esta ocasión, no son las grandes petroleras quienes más empujan del furgón de la guerra, sino el pequeño grupo de ultraconservadores vinculados a la industria de armamento que siguen la consigna lanzada desde Israel y de los aliados que consideran tanto a Irán como a Irak vecinos muy peligrosos, enemigos declarados, a quienes urge derrotar de forma contundente.

Los intereses de franceses y rusos parecen coincidir en esa reflexión matizada del interés del mundo petrolero en la medida en que desarrollan unas relaciones particulares con Bagdad, pero negociando a un tiempo compensaciones de Washington por su apoyo diplomático. La British Petroleum tiene miedo de quedar fuera ante la avidez norteamericana y desconfía del anuncio de James Woolsey, ex director de la CIA, cuando afirmó, dirigiéndose a rusos y franceses, que un espíritu de colaboración se garantizará para todos una vez que se implante en Irak un régimen "aceptable".

Quienes más en firme apuestan por la guerra son los sectores vinculados a la industria militar y el lobby israelí en la Casa Blanca. Con independencia de los dividendos petroleros, siempre inciertos en tiempo de guerra y siempre a compartir con otros (franceses, británicos, rusos, fundamentalmente), la mirada de Tel-Aviv se centra en la rentabilización de esta coyuntura para modificar las fronteras de Oriente Medio y satisfacer su obsesión permanente de seguridad destruyendo a uno de sus enemigos más irreductibles.

El petróleo, sin embargo, si puede influir en el momento elegido para comenzar la guerra. La crisis de Venezuela dura más de lo previsto y una perturbación por partida doble retiraría del mercado mundial unos 5 millones de barriles diarios que no podrían ser reemplazados con facilidad, propiciando un alza de precios que afectaría negativamente a la economía propia y de los aliados.

El staff estadounidense de la guerra está integrado por:

  • los dirigentes civiles del Pentágono, Donald Rumsfeld y sus adjuntos, Paul Wolfowitz y Richard Perle;
  • el complejo militar-industrial americano, siempre beneficiario de todo conflicto armado de envergadura;
  • el vicepresidente Dick Cheney, representante de la derecha americana ultraconservadora e integrista.

Las armas de Irak

Irak niega la producción y posesión de nuevas armas biológicas, químicas y atómicas. Después de 1991, durante siete anos, más de 200 grupos de inspectores de la ONU realizaron unas 400 revisiones por todo el país, muchas veces con numerosos conflictos con las autoridades que motivaron la interrupción del proceso. Pero no parece ser el caso actualmente: la actitud del gobierno iraquí es cooperadora, incluso tolerando las invasiones domiciliarias a sus científicos o el secuestro de simples exámenes convertidos en documentos probatorios de una supuesta tecnología para enriquecer uranio… Para escamotear la guerra, Bagdad debe evitar que Estados Unidos encuentre alguna excusa para acusarlo de violar la resolución 1441. Aceptó el mandato, emitió el informe detallado y renueva su disposición para colaborar con los inspectores, pero no es ni será suficiente.

En teoría, pasada la prórroga que la mayoría del Consejo de Seguridad se inclina a conceder y que revelaría ¡oh, sorpresa! un mínimo de autonomía, de no encontrarse armas de destrucción masiva en parte alguna de su territorio, el grupo de inspección puede presentar un informe al Consejo de Seguridad, demostrando que no existe tal amenaza, bien porque nunca existió o porque han sido destruidas. Lo coherente sería no solo detener los preparativos bélicos sino también el inmediato levantamiento de las sanciones impuestas al país durante los últimos doce años y que tan duramente castigan a la población civil.

Pero ¿podemos excluir la amenaza de guerra aunque Irak cumpla por completo con las condiciones de la resolución 1441? En absoluto. Estados Unidos y Gran Bretaña pueden utilizar las condiciones de la resolución para provocar una crisis, acusando a Irak de violar el mandato si sus aviones de guerra son atacados por fuerzas terrestres en las zonas de exclusión aérea, o incluso si se produce un embotellamiento de tráfico en el camino hacia los lugares de inspección que merezca el calificativo de "entorpecimiento" por parte del Sr Powell. E incluso impulsar otra resolución más dura aún que cierre el paso abruptamente a cualquier solución pacífica.

En este supuesto, Tarek Aziz, ministro de asuntos exteriores de Bagdad, ya adelantó la respuesta del régimen: "se batirán hasta la última bala". Las especulaciones sobre un hipotético exilio de Sadam son una auténtica fantasía. Sadam no se expondrá a una extradición. Ningún país resistiría, llegado el caso, las presiones de Washington. Los Balcanes han mercado la pauta.

Mientras, Israel, con innumerables resoluciones de la ONU por cumplir, albergando todo tipo de armas de destrucción masiva (biológicas, químicas e ata nucleares), país que invadió y anexionó ilegalmente territorios que no le pertenecen "véase el paralelismo con Irak-, no solo no aparece en la lista del "pacificador" Bush, sino que se nos presenta como su principal aliado. ¿Y los países árabes comulgan con estas ruedas de molino? Dispondrán de su propia oficina de intoxicación informativa. En marzo de 2002, EEUU creó una emisora (Sawa) para el mundo árabe y ahora el departamento de Estado pondrá en funcionamiento una cadena de televisión vía satélite que competirá con Al-Yazira. Sharon será un hombre de paz.

Por otra parte, ¿por qué en el supuesto de Corea do Norte el peligro de la tenencia de armas de destrucción masiva se puede resolver por vía diplomática y el de Irak no? ¿por qué no hablar de Pakistán o India?

La guerra está cantada, dicen muchos y con pesar. El experimento de Afganistán convenció a los estrategas y mandos militares de su supremacía en todos los terrenos. La victoria está asegurada e de ella podrían derivarse innumerables ventajas, internas e internacionales, para Washington. Pero la historia enseña que pocas cosas suceden como se imaginaban y nada es más inseguro que los resultados de una guerra segura.

Acceso ao artigo orixinal no repositorio web 1998-2012