China: turbina del mundo en desarrollo

El extraordinario crecimiento económico de China no solo ha arrastrado consigo a la mayoría de las economías en desarrollo, sino que les ha permitido amortiguar y subsiguientemente superar los efectos de la recesión y posterior contracción de las economías desarrolladas. De hecho, gracias a China las economías desarrolladas y en desarrollo se están bifurcando, con estas últimas evidenciando tasas de crecimiento muy superiores a las primeras.

De acuerdo al Fondo Monetario Internacional tanto este año como el próximo las economías en desarrollo crecerán a una rata del 6,5%, mientras que las desarrolladas lo harán apenas al 2,5% (2011 World Economic Outlook). Según señalado por Olivier Blanchard, Director del Departamento de Investigaciones Económicas del FMI, la crisis económica no ha dejado “heridas duraderas” en las economías emergentes, cuyas exportaciones se han recuperado en la mayoría de los casos y, para quienes, “las limitaciones en materia de exportaciones han podido ser compensadas por vía del incremento del consumo doméstico” (Daily FT, 13 April, 2011).

La clave del proceso anterior encuentra su epicentro en China y se proyecta por vías diversas:

Su expansión económica y las gigantescas inversiones en urbanización y desarrollo de infraestructura, han determinado una era de vacas gordas en relación a los precios de las materias primas. China es el segundo importador mundial de petróleo, siendo responsable de más del 30% en el incremento global de la demanda petrolera, al tiempo que representa el 40% de la demanda global en productos tales como aluminio, cobre, níquel o hierro. Y así sucesivamente.

Pero las naciones en desarrollo no sólo se benefician por vía del mayor precio de sus materias primas, sino también por intermedio de las llamadas cadenas de suministro. Las mismas se corresponden a aquellos bienes que se mueven en distintas fases de producción y a través de distintos países, dentro de un mismo proceso de manufactura. Gracias a los avances extraordinarios en el transporte y en la tecnología de la información, es posible movilizar y dar seguimiento logístico a multitud de piezas y mercancías que se mueven alrededor del mundo antes de llegar a su fase de ensamblaje final en China. De esta manera China actúa como fuerza motriz de procesos manufactureros que, al concatenarse, benefician a numerosos países en desarrollo.

También las denominadas cadenas globales de valor permiten que muchos países en desarrollo se beneficien de la expansión china. Aquí se trasciende el mero proceso de manufactura, como ocurre con las cadenas de suministro, para caerse en la imbricación entre manufactura y servicios. Gracias a las modernas tecnologías de la información y de las telecomunicaciones los empleos de cuello azul y los de cuello blanco pueden interactuar dentro de los mismos procesos productivos. Esto permite que profesionales en el área de los servicios proveniente del mundo en desarrollo (diseñadores industriales o gráficos, ingenieros mecánicos, mecánicos o de sistemas, contadores, programadores, consultores financieros, traductores, etc.), puedan participar a distancia en procesos de producción globales cuya fuerza expansiva radica en China.

A la vez, dicha nación se ha transformado en un inversionista de primer orden en las economías en desarrollo. Desde que en marzo de 2007 se anunció la creación de la China Investment Corporation, llamada a invertir parte fundamental de las reservas internacionales chinas en el exterior, han sido cuantiosas las inversiones directas realizadas en países cuyos commodities les resultan estratégicos o importantes. De acuerdo al International Herald Tribune del 4 de mayo de 2011, durante la próxima década China invertirá 2 millones de millones de dólares en el exterior, básicamente en tecnología y en desarrollo de materias primas.

Sin embargo, no todo es favorable para las economías en desarrollo. Como contrapartida negativa de la expansión china se encuentran factores tales como el desplazamiento de competidores de mayor costo o el encarecimiento en los precios de la energía o de los alimentos.

Para aquellos países confrontados a la pérdida de mercados externos o domésticos, como resultado de la competencia china, la opción racional sería la de reorientar sus economías hacia el sector de los commodities y de la producción básica, por un lado, y de los servicios por el otro (ello, desde luego, si no se dispusiera de la capacidad para subir por la escalera del desarrollo tecnológico). En el área de los servicios adquirirían particular relevancia aquellos comerciables internacionalmente. Es decir, los de naturaleza impersonal (que no requieren ser prestados cara a cara) y que pueden integrarse a las cadenas globales de valor. Por esta vía sería posible buscar imbricaciones con los procesos productivos motorizados por China.

En cuanto al incremento en el costo de la energía o de los alimentos, es poco lo que puede hacerse. Sin embargo, es importante destacar que la alta demanda china, sobre todo en el área de los alimentos, sería apenas uno de los elementos responsables de los altos precios. De hecho, en la medida en que la mayoría del mundo en desarrollo ha aumentado su nivel de vida mejorando su capacidad de consumo, la mayor demanda mundial de alimentos sería una responsabilidad compartida por muchos.

En definitiva, China se presenta como una gran turbina de crecimiento para el mundo en desarrollo, lo cual no excluye desde luego efectos colaterales indeseables que imponen, para algunos, la necesidad de importantes reacomodos.