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Proceso de desnuclearización y crisis humanitaria en Corea del Norte

 El dosier nuclear de Corea del Norte cruza la demarcación militar entre las dos Coreas; clic para aumentar
Corea del Norte entregó, el 8 de mayo, a los representantes de los EEUU, 18.222 páginas de documentos sobre el programa nuclear desarrollado por el país en las últimas dos décadas. (Foto: El dosier nuclear de Corea del Norte cruza la línea de demarcación militar entre las dos Coreas).
 

Corea del Norte entregó, el 8 de mayo, a los representantes de los EEUU, 18.222 páginas de documentos sobre el programa nuclear desarrollado por el país en las últimas dos décadas. Se espera que Pyongyang entregue también otra declaración a China. Una vez verificados los documentos por las partes, serán objetó de una calificación y una decisión al respecto durante la próxima reunión del Grupo de los 6, que se celebrará en Pekín probablemente en julio.

Tras cerrar la central nuclear de Yongbyong, en julio de 2007, Pyongyang se había comprometido a dar, antes de finalizar el año, una declaración con una lista "completa y verificable" de su programa nuclear a cambio de incentivos económicos y energéticos. Esta condición no fue cumplida en el plazo acordado. Se ha dado, ahora, un paso importante para cumplir la segunda fase en el proceso de desnuclearización norcoreano, conforme a los Acuerdos firmados por el Grupo de los 6, el 13 de febrero de 2007. La tercera fase, también muy compleja, consistirá en llevar a cabo el completo y definitivo desmantelamiento del programa nuclear bajo supervisión internacional.

Las negociaciones se recondujeron positivamente entre los norcoreanos y estadounidenses a partir de una discutido acuerdo alcanzado en Singapur el pasado abril, según el cual la declaración norcoreana se llevaría a cabo separando, en dos entregas distintas, entre la parte referente a los programas nucleares y otra referente a las actividades relacionadas con la proliferación nuclear y concretamente al posible apoyo de Pyongyang a un programa nuclear iniciado por Siria con el objetivo de dotarse de armas nucleares. Los documentos recién entregados serán ahora verificados por los estadounidenses. Estos han reconocido que, esta vez, los norcoreanos han entregado una documentación "substancial" que se espera sea completada con otros documentos aún más sensibles sobre la cantidad total de plutonio procesado y la eventual cooperación nuclear con Siria. Es esta segunda parte de la entrega que los norcoreanos desean mantener dentro de un acuerdo secreto con los EEUU y posiblemente con China. Este aspecto ha molestado evidentemente a Corea del Sur, que se ha visto alejada del núcleo central de la negociación política liderada por los estadounidenses.

¿Por que se ha producido este cambio? Aunque sería una gran imprudencia lanzar las campanas al vuelo cuando se negocia con un régimen tan imprevisible como el de Corea del Norte, sí se han producido cambios en las actitudes de las partes que están actuando con más flexibilidad y pragmatismo para desbloquear positivamente el proceso.

En primer lugar, la Administración Bush quiere, antes de dejar la Casa Blanca amortiguar y resolver, si es posible, este foco de tensión en Asia Oriental. Su centro principal de preocupación política está ubicado en Irak y Afganistán. China tampoco quiere que prosigan en su frontera del noreste los juegos peligrosos de un vecino que ha utilizado el dossier nuclear como un instrumento de presión contra otros vecinos. Y mucho menos quiere más juegos peligrosos en pleno y, ya por si problemático, año olímpico. Creo que Corea del Sur y Japón acabarán coordinando sus políticas sobre Corea del Norte de acuerdo con los EEUU en función del resultado de las verificaciones que estos harán de las declaraciones y actuaciones norcoreanas. Bush, Lee Myung-bak y Yasuo Fukuda volverán a verse y podrán supervisar la situación, con ocasión de la reunión del G8 que se celebrará a principios de julio en Tokio. Lo mismo puede decirse de Rusia que también desea una resolución de un conflicto que puede impulsar una mayor cooperación económica y energética en Asia Oriental así como la conexión de la red ferroviaria del Transiberiano, a través de Corea del Norte, con los mercados surcoreano y japonés.

Pero es Corea del Norte quien precisa más desbloquear la situación actual. El país necesita urgentemente la ayuda alimenticia y energética exterior para evitar otra crisis humanitaria, que podría producirse con la llegada del próximo invierno. A principios de abril, la oficina del Programa Mundial para la Alimentación en Pyongyang, ya estimó que 6,5 millones de norcoreanos, sobre todo en las zonas rurales, empezaban a sufrir la escasez de alimentos. Las devastadoras inundaciones que golpearon el país el pasado otoño provocaron la pérdida de una parte importante de las cosechas, lo que ha obligado a las autoridades gubernamentales a reducir las raciones alimenticias. El alza de los precios mundiales de los alimentos y otros productos dificulta aún más las capacidades de Pyongyang de importar alimentos y fertilizantes. El precio de un kilo de arroz ha pasado en solo dos meses de 1.000 a 2.500 wons coreanos. China, el principal exportador, no puede seguir subvencionando a su vecino porque también debe asegurar sus reservas internas para su propia población.

Corea del Sur tampoco ha enviado su ayuda humanitaria anual ante la actitud hostil del Norte con la nueva administración surcoreana. Esta había condicionado la materialización de este envío humanitario a un avance efectivo del Norte en el proceso de desnuclearización. Lee Myung-bak exigía "reciprocidad", aplicando aquella regla confuciana de que una ayuda dada a una parte debe ser correspondida con otra concesión. Sin embargo, las presiones recibidas desde la oposición política y una parte de la opinión pública coreana en el sentido de que no se condicionase una ayuda de carácter humanitario, obligaron a Lee Myung-bak a manifestar su disposición positiva a asistir "incondicionalmente" al Norte "si este se lo pide". Pero, en Pyongyang están más pendientes de las negociaciones directas con los Estados Unidos que de los mensajes que puedan llegar desde el Sur. Mientras tanto, los periódicos envíos de las NNUU son insuficientes y la situación, si no hay una reacción internacional, puede ir de mal en peor, en un contexto de persistencia del alza del precio mundial de los alimentos.

Es evidente que las dos llaves maestras para encauzar y resolver la crisis están en manos de Corea del Norte y de los EEUU. Pyongyang no puede seguir jugando con fuego y debe cumplir sus compromisos. Washington también se comprometió, a cambio de avanzar hacia la desnuclearización del país, a retirar a Corea del Norte de la lista de estados que esponsorizan el terrorismo internacional en aplicación de la "Trading with the enemy Act". Esta decisión corresponde tomarla al Congreso de los EEUU. Si Pyongyang no cumple o no convence a los EEUU continuará estando aislado internacionalmente y sin posibilidad de acudir y recibir los fondos de ayuda al desarrollo del Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo y otras instituciones financieras internacionales e incluso las inversiones del sector privado.

Es posible y deseable que se recuperen las relaciones de confianza entre las partes y que pueda producirse muy pronto un primer envío de ayuda humanitaria estadounidense, seguida de otra ayuda surcoreana, a través de las NNUU. Estamos presenciando una larga y complicada partida de ajedrez en la que están en juego la vida de decenas de miles de personas.