jalal talabani

Talabani y el laberinto kurdo

 Omar Karame
Jalal Talabani no sólo se convierte en el primer presidente kurdo en Irak, sino en el primer kurdo que llega a ser jefe de un gobierno siendo el representante de un pueblo que no tiene ordenamiento legal ni estatal. Del mismo modo, es el primer presidente no árabe que gobernará ahora un país árabe.
 

Tras la guerra de Irak y las negociaciones de admisión de Turquía a la Unión Europea, el tema kurdo está adquiriendo un súbito y renovado interés, tomando en cuenta la anacrónica situación de constituir el mayor pueblo sin Estado del mundo. Este escenario se amplía ante las implicaciones políticas regionales que tendrá la reciente decisión del Parlamento iraquí de nombrar al líder kurdo Jalal Talabani como nuevo presidente nacional.

Este hecho es históricamente significativo: a sus 73 años, Talabani no sólo se convierte en el primer presidente kurdo en Irak, sino en el primer kurdo que llega a ser jefe de un gobierno siendo el representante de un pueblo que no tiene ordenamiento legal ni estatal. Del mismo modo, es el primer presidente no árabe que gobernará ahora un país árabe.

Los más de 30 millones de kurdos que habitan dentro de las fronteras nacionales de Turquía, Irán, Irak y Siria, sumados a la diáspora kurda en Europa, principalmente establecida en Alemania, Francia, Holanda, Suiza y Gran Bretaña, constituyen un actor primordial dentro de los vertiginosos e inciertos cambios que se plantean actualmente en Oriente Medio, tras la invasión anglo-norteamericana a Irak y la caída del régimen de Saddam Hussein, con sus consecuentes tensiones regionales.

El momento es histórico tanto para Talabani como para la causa kurda, pero no es la primera vez que esto sucede. El problema para los kurdos constituye el haber padecido las consecuencias del perjudicial juego de poder de las potencias occidentales. En 1918, tras el final de la I Guerra Mundial, el tratado de Sévres que supuso la desintegración del Imperio otomano otorgó la posibilidad de independencia para el Kurdistán, expuesto también en los famosos "catorce puntos" del presidente estadounidense Woodrow Wilson. Sin embargo, el empuje de la revolución nacionalista turca comandada por Mustafá Kemal Atatürk obligó a los aliados vencedores de la guerra a suscribir con la Turquía republicana el Tratado de Lausana en 1923, el cual congeló las legítimas aspiraciones kurdas, confinando la mayor parte de su población dentro de un naciente Estado turco que subyugó su identidad y cultura.

Posteriormente, la breve existencia de una república del Kurdistán entre Irak e Irán en 1946, tras el fin de la II Guerra mundial y de los mandatos británico y francés en Medio Oriente, fue desmantelada, en esa oportunidad, por los gobiernos de Bagdad y Teherán. En aquella época, Talabani contaba con 13 años y desde esa edad precoz inició su andadura política a favor de la causa kurda. Sin embargo, el problema kurdo quedó relegado de la atención internacional, hasta la captura del principal líder de la insurgencia kurda, Abdullah Oçalan, en 1999, y el actual reparto de poder en el Irak post-Saddam.

Los kurdos, Irak y el nuevo Oriente Medio

El escenario actual plantea otras perspectivas. Es cada vez más patente que se está llevando a cabo un acelerado reordenamiento geopolítico en Oriente Medio, una región en la que hasta ahora las identidades nacionales legitimadas por fronteras políticas artificiales, fracturaron el mosaico étnico, religioso y tribal. En la actualidad, este nuevo reordenamiento manifiesta una situación paralela a la acaecida en 1918, cuando Gran Bretaña y Francia se repartieron la región. Hoy, es EEUU el agente exógeno catalizador de esta transformación.

Más alla de los intereses políticos y energéticos, lo que se está manifestando en Oriente Medio es una cada vez mayor presencia de factores étnicos y religiosos como elementos catapultadores de las identidades colectivas. Chiítas, sunnitas, kurdos, alevíes, maronitas, turcomanos, drusos, etc, están cobrando una relevancia cada vez mayor, por encima de las tradicionales construcciones nacionales.

La decisión tomada por el Consejo de Gobierno iraquí de nombrar al líder de la Unión Patriótica del Kurdistán, Jalal Talabani, como nuevo presidente nacional, tras varias semanas de discusiones y agrios enfrentamientos, supone un influjo importante para la "cuestión kurda", cuyas repercusiones probablemente se harán sentir más en la vecina Turquía que en el propio Irak.

Talabani, al igual que el líder del Partido Democrático del Kurdistán Massoud Barzani, se erigió en el pasado como férreo opositor al régimen de Saddam Hussein. A pesar de ello, Talabani y Barzani se configuraron en acérrimos rivales personales y políticos, incapaces de reaccionar efectivamente ante la masacre química perpetrada por Hussein contra los kurdos de Halabja en 1988.

Fue tras la guerra de 1991 que otorgó la semi-independencia al norte de Irak, donde se asienta la mayor parte de la población kurda, cuando ambos líderes se erigieron como los principales interlocutores de un Kurdistán prácticamente independiente. En las elecciones de enero pasado, Talabani y Barzani decidieron sellar un pacto que les permitió legitimar electoralmente sus opciones.

El llamado "Kurdistán iraquí" comprende ciudades con alto contenido estratégico, desde el punto de vista político y energético, como Kirkuk, Mosul, Arbil y Suleimaniyeh, fronterizas con el sureste de Turquía, donse se asienta la mayor parte de la población kurda. Aunque constitucionalmente el régimen de Saddam le otorgó autonomía en 1974, no fue hasta la después de la guerra del Golfo en 1991, cuando los kurdos iraquíes se beneficiaron de un status de semi-independencia. Desde entonces, y salvo los escarceos de guerra civil entre las facciones de Talabani y Barzani, los kurdos iraquíes se han beneficiado de una boyante economía interna y una relativa estabilidad.

Con su sorpresiva e histórica elección como presidente iraquí, Talabani tendrá la doble responsabilidad de intentar conciliar las facciones internas enfrentadas, estabilizar un país anarquizado e invadido militarmente y relanzar internacionalmente, con alto margen de prudencia, la cuestión kurda, ahora desde una posición oficial como jefe de gobierno en Bagdad.

Esto también traerá presiones hacia los regímes de Siria e Irán, donde también habitan poblaciones kurdas, y cuyos gobierno se encuentran en el "ojo del huracán", principalmente desde Washington. Pero, la luz de la decisión del Parlamento iraquí, resulta obvio que a quien más interesa la evolución del gobierno de Talabani en Bagdad es a la vecina Turquía, país donde habitan un estimado de 15 millones de kurdos.

El dilema turco

El actual gobierno islamista de la Turquía laica y republicana reconoce la importancia que tiene la cuestión kurda como elemento de negociación con la Unión Europea, principalmente en materia de democratización y derechos humanos.

La insurgencia kurda liderada por Oçalan entre 1984 y 1999 y que ha causado un aproximado de 35.000 muertos, se encuentra en franco declive, con sus movimientos sumidos en la clandestinidad (el Congreso por la Libertad y la Democracia del Kurdistán, KADEK, y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, PKK) Mientras, el principal movimiento político kurdo, el Partido Popular Revolucionario, DEHAP, se erige como el principal actor político, aunque siempre bajo amenaza de suspensión. El DEHAP es el sucesor del Partido Democrático del Pueblo, HADEP, proscrito en el 2003, y obtuvo el 6,2% de los votos en las elecciones legislativas de 2002 que llevaron al poder al islamista Recep Tayyip Erdogan.

Para cumplir con los requisitos de Bruselas, el gobierno de Erdogan ha permitido la utilización en la TV pública de la lengua kurda, el uso de sus costumbres y dictaminado una amnistía de presos políticos kurdos. Sin embargo, las tensiones entre Erdogan y el rígido estamento militar ha provocado débiles cambios en el Código penal turco con respecto a los derechos de la minoría kurda.

Si bien la región del sureste turco se muestra aparentemente estabilizada, las tensiones pueden acelerarse si los kurdos iraquíes tienen éxito en implementar una república independiente al norte de Irak. El gobierno turco ya envió su salutación y felicitación al nuevo presidente iraquí, pero a partir de ahora todo depende de la pericia política de Talabani y la valentía de Erdogan para afrontar conscientemente el problema kurdo.