Ler o artigo en galegoPresencia-OpiniónVolver ó índice / Latinoamérica
La liberalización comercial en el continente americano: ALCA, Mercosur y OMC
Por Alberto Arce (Canal Mundo, 16/09/2003)
 
 

Cuando se trata de referirse a los escenarios de liberalización comercial hacia el futuro, debemos partir del examen de la interacción que se produce entre los diferentes niveles en los que ésta tiene lugar. La cuestión fundamental consiste en entender hasta qué punto los países de América Latina identificarán a) modelos de integración sub-regional como el Mercosur, b) un modelo de alcance continental y multilateral como el ALCA o c) un intento de que las dos dinámicas sean compatibles, como el mejor camino para la defensa de sus intereses y la promoción del desarrollo para sus pueblos.

Para posicionarse al respecto es conveniente señalar que en el marco de estas negociaciones, existen dos tipos de necesidades que a su vez provienen de un ámbito más global como es el que constituye la OMC: La convergencia temática y la jerarquía institucional. Independientemente de la fórmula y el escenario elegidos, los compromisos de la integración regional deben ser compatibles con el régimen multilateral de comercio y, teniendo como referencia los acuerdos OMC, las restantes negociaciones comerciales deberán profundizarlos o ampliar su agenda hacia nuevos sectores aún insuficientemente desarrollados.

Si adoptamos una perspectiva Mercosur, está claro que, a raíz de las recientes modificaciones políticas en los miembros del bloque (ascenso a la Presidencia de Luis Ignacio Da Silva y Néstor Kirchner), existe una voluntad abierta y declarada por parte de sus líderes de profundizar en la integración regional. En ese sentido la declaración del “objetivo 2006” constituye el mejor ejemplo. Se está formulando un proyecto común que es necesario para interactuar en el contexto y la dinámica internacionales antes descritos pero estos avances pueden calificarse hasta el momento de meramente declarativos y de inoperantes en la práctica, en tanto no se resuelvan de modo eficaz y coherente los aspectos más prosaicos de la creación de una Unión Aduanera real y las vías de salida de la crisis económica que afecta a la región.

Podríamos considerar, entonces, que la capacidad de diseñar un nuevo escenario más favorable que el actual para los países del Cono Sur en las negociaciones comerciales pasa por su capacidad de avanzar en el perfeccionamiento de un bloque institucionalmente mejor integrado. Cualquier avance en esta dirección dotará de contenido y aplicación práctica a las voluntades políticas de los líderes regionales, permitirá una mayor capacidad de negociación ante las propuestas unilaterales y fragmentadoras que provienen de los EEUU y contribuirá a la consolidación de un escenario hemisférico más centrado en las cuestiones que pueden incidir realmente en la mejora de sus condiciones económicas.

El entorno internacional en el que estas decisiones y escenarios se están desarrollando está definido por una doble tensión: la creciente importancia del papel de los EEUU en la arena internacional y su línea de marcado unilateralismo y la posibilidad de que determinadas asociaciones regionales de estados intenten reubicarse frente a esta realidad fomentando modelos de integración que caminen en una dirección más multilateralista.

De entre los escenarios previsibles para el futuro de los acuerdos de liberalización comercial, resulta difícil escoger alguno y prever que ése será el que va a recoger en exclusividad los desarrollos futuros. Una perspectiva ecléctica, que tome elementos de entre las diversas posibilidades es probablemente la más adecuada para acercarse a la realidad.

Así, el escenario futuro de las negociaciones vendrá marcado por una conjunción de Predominio regional de los EEUU que intentará dirigir el proceso hacia los sectores que más le interesan y solapar las cuestiones de desarrollo, Refuerzo de los bloques regionales como el Mercosur y la Comunidad Andina y, por tanto, un intento de incrementar el multilateralismo basado de los bloques regionales.

Aspectos de competición nacional en cada bloque a costa del deterioro del ámbito multilateral ya que los desarrollos vendrían marcados por una sectorialización dirigida por los acuerdos de libre comercio con los EEUU y quizás la Unión Europea.

Un grave riesgo de que todos estos procesos superpuestos lleguen a una situación de impasse y paralización debido a su incapacidad de realizar una síntesis coherente de intereses tan diversos y dependientes de los desarrollos políticos de una región tan inestable como América Latina.

De cara al futuro, es imposible aventurar con que realidad nos encontraremos a medio plazo. Si nos limitamos al examen de las variables que conocemos hoy en día podemos considerar que el liderazgo hegemónico de los EEUU y su propuesta de integración hemisférica a través del ALCA serán contestado en el nivel discursivo por los líderes del subcontinente. Al mismo tiempo, probablemente sean aceptados determinados modos de integración en la propuesta norteamericana que, es a día de hoy, insuficiente por centrarse en los sectores de prestación de servicios, inversiones y propiedad intelectual pero deja de lado las materias de más importancia como son el sector textil y la agricultura. Esta coexistencia pacífica de las dos propuestas de integración que hoy adquiere una características de importante asimetría sólo podrá ser contrarrestadas en la medida en que las declaraciones políticas de unidad e integración se conviertan en decisiones con consecuencias prácticas de desarrollo institucional: Parlamento y moneda comunes, mecanismos de decisión y coordinación macroeconómica, etc... Convertir las declaraciones políticas en leyes con contenido efectivo y lealtad en su aplicación es el camino a seguir para conseguir una mayor capacidad de defensa de los intereses propios de la región en los ámbitos continental y global.

En línea con lo expuesto anteriormente, la interacción ALCA/ OMC constituye en la actualidad uno de los mayores retos que los líderes regionales deben afrontar. Debemos recordar que ningún proceso de integración sucede de forma aislada, sino que cualquier desarrollo producido tiene relación con lo que sucede en los niveles superpuestos que lo condicionan: el nacional y el global. Tanto el ALCA como el Mercosur son acuerdos que dependen al mismo tiempo de su inserción en un marco multilateral como es el de la OMC y de las decisiones que tomen gobiernos nacionales en una doble interacción-negociación: con el resto de gobiernos y con sus ciudadanos.

En este sentido, y pese a ser procesos liderados por los gobiernos, la calidad de las instituciones democráticas que legitiman y controlan a esos gobiernos y el poder específico de los mismos así como de los grupos de presión que ante ellos actúan son factores a tener en cuenta a la hora de analizar estas interacciones y negociaciones.

Pese a la confianza depositada por la mayoría de las instituciones respecto de las políticas de liberalización comercial, cabe señalar que lo que suele denominarse “fertilización cruzada” al referirse a la interacción entre foros regionales de comercio bien podría ser llamada también “dinamización unidireccional”. En la práctica, los EEUU han utilizado su situación predominante en la arena internacional para liderar, presionar, identificar sectores de liberalización favorables, limitar otras iniciativas regionales y hegemonizar el planteamiento de las agendas. La asimetría existente entre las disímiles capacidades de los diversos gobiernos y asociaciones regionales es la responsable de que no siempre pueda utilizarse la acepción positiva de “fertilización” y, en cambio, pueda entenderse mejor como un serio condicionante de la libertad de acción para los países implicados.

Existe una perspectiva que asegura que la interacción existente entre los dos ámbitos de negociación (ALCA y OMC) tiene un carácter “facilitador” o “conseguidor” en el sentido de que la introducción de un sector para su liberalización en el ALCA puede servir de arrastre para su incorporación a la agenda global de las rondas OMC. Al mismo tiempo, los avances logrados en el ámbito ALCA son susceptibles de ser igualados por terceros países que no quieren perder su oportunidad de acceso a mercados ni permitir la “compartimentalización” geográfica de mercados accesibles.

La idea de la interacción entre los ámbitos regional y global nos remite a una especie de carrera por conseguir los beneficios de acceso a mercados al mismo tiempo que se pretende limitar las concesiones inevitables para alcanzarlos. Para el sector agrícola, la liberalización no puede desvincularse de medidas más profundas que las meras reducciones arancelarias y se introducen en el debate cuestiones como las de las subvenciones internas y las compensaciones cruzadas en otros sectores. La tensión es doble, por un lado tenemos una tendencia de liberalización de mercados y por el otro tenemos una tendencia/necesidad de regulación de las condiciones de esos mercados.

La discusión se sitúa en el énfasis que se le va a otorgar a cada uno de los sectores temáticos en cada uno de los ámbitos (continental o global) y la globalidad que cada uno de ellos va a alcanzar y esto sucede en gran medida en función de las condiciones internas de los estados que negocian.

En el caso de EEUU su capacidad negociadora para el momento actual viene limitada por el escenario electoral que afronta y que limita las concesiones que está en condición de otorgar a cambio de los avances deseados, y en el caso de los países del Mercosur, por ejemplo, existe un momento político de unidad discursiva frente al ALCA que no ofrece grandes perspectivas para el mismo. Si enlazamos con las aparentes concesiones que la UE parece estar dispuesta a realizar gradualmente en la reforma de su Política Agraria Común podríamos aventurar que el ALCA no es en estas circunstancias el escenario de liberalización más prometedor.

En la OMC nos encontramos con un escenario complejo. Pese a la necesidad política de impulsar avances en su ronda actual, las perspectivas son limitadas debido a la relación cruzada entre diversas agendas (Trato especial y diferenciado, temas agrícolas, patentes y servicios). La interacción que se produce en el marco OMC con el ALCA y las relaciones de la UE con el Mercosur dificulta la convergencia temática y por tanto la consecución de acuerdos. Existe en la actualidad un “spaghetti bowl” que eleva los costes de jerarquización de sectores y sin que esto suceda, las rondas globales no pueden sustituir a las regionales sino simplemente ir a la zaga. El ALCA y las negociaciones bilaterales entre EEUU y la UE con países y bloques actúan como dinamizadores de lo que posteriormente sucederá en la OMC. Si los acuerdos regionales se paralizan o no avanzan, las negociaciones OMC deben lidiar en el ámbito macro con cuestiones que no han sido solventadas en el ámbito micro.

Como conclusión, podríamos afirmar que la superposición de los diferentes ámbitos de liberalización tiene un efecto doble: primero de dinamización y después de estancamiento. Se introducen sectores para su negociación en ámbitos restringidos y a partir de los avances conseguidos se amplían espacial y temáticamente con el consiguiente efecto paralizador de las negociaciones. EEUU lanza el ALCA, ante su freno, firma acuerdos bilaterales como el alcanzado con Chile pretendiendo luego que tengan un efecto de ampliación necesaria hacia el Mercosur, que a su vez está negociando con la UE. Y en esta situación se tiene lugar la ronda global de la OMC en la cual la defensa de lo conseguido puede estancarse o consolidarse. Y para el sector agrícola sucederá una cosa u otra en función de la capacidad y voluntad política de los Estados de hacer concesiones en los sectores relacionados como inversiones, subvenciones y trato especial y diferenciado.

 
 

Alberto Arce é colaborador do IGADI.

 
Volver ó índice

Volver ó principio


Ir á páxina de inicio
Instituto Galego de Análise e
Documentación Internacional
www.igadi.gal

ÚLTIMA REVISIÓN: 18/09/2003
Fernando Pol