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Argentina: crisis e imaginación
Por Alberto Arce (Canal Mundo, 04/02/2003)
 
 

Tras el colapso institucional de Argentina en diciembre de 2001, el país llegó a un punto crítico cuando vio asumir y dimitir a cuatro presidentes en una semana. Eduardo Duhalde, del Partido Justicialista fue finalmente investido presidente para finalizar el mandato de De la Rúa que llega hasta diciembre de 2003.

El PJ ha sabido mantenerse durante todo este tiempo no solo en el poder, sino como la única fuerza política con posibilidades reales de ganar las elecciones y ocupar el centro del espectro político. No obstante, el contexto en que Duhalde asumió -que él no duda de calificar como previo a una guerra civil- era tan tenso, que la conflictividad social con muertes de manifestantes por la policía y la incertidumbre económica le obligaron a convocar elecciones anticipadas para el 27 de abril. Ahora, este calendario electoral corre peligro, pese a que su cumplimiento es exigido por el FMI para mantener su apoyo a Argentina, en gran medida por la resolución de la fractura interna que atraviesan el partido en el poder y por un requerimiento de inconstitucionalidad planteado contra el adelanto de elecciones.

La polémica decisión tomada respecto a su nominación de candidatos para las elecciones presidenciales, aprobada en el Congreso del Partido Justicialista el pasado viernes, representa una ecuación de difícil resolución, totalmente novedosa y original. Tres candidatos de un mismo partido compitiendo entre sí por la Presidencia de la Nación, evidencian como la fidelidad a unas siglas y a una historia compartida o el intento de capitalización de un ideario político tan laxo como el Peronismo, siguen ocupando el lugar central de la Argentina de comienzos del siglo XXI. Y frenando, al mismo tiempo, las posibilidades de renovación de un país inmerso en la mayor crisis de su historia.

Un año después de la supuesta debacle del sistema político representada por el “que se vayan todos” que siguió a la caída del gobierno radical de De La Rua, no solo no se ha ido ninguno, sino que nos encontramos con que el debate central de la política argentina no ha respondido a las expectativas de cambio de la poblacion. Se articula entre personas que ya ocupaban cargos públicos incluso antes de la dictadura militar que asolo al país entre 1976 y 1983 y que, en el caso del exPresidente Menem recoge un nivel de rechazo popular que alcanza hasta el 60% de los votantes. Duhalde ha manifestado en múltiples ocasiones que ni él ni Menem reúnen apoyos entre la población para dirigir el país. Pero ninguno de los dos se resigna a abandonar sus posiciones. ¿Miedo, en el caso de Duhalde a ser encarcelado en el momento de perder el poder como le sucedió a Menem?. ¿Sentido de la responsabilidad histórica para con su país en el caso del expresidente, realmente convencido de que la instauración de su modelo dolarizador es la solución definitiva para el país?. No podemos conocer sus motivaciones. Pero la realidad es que son el centro de la escena política, enterrando con los hechos y su presencia, la voluntad expresada por la población de “que se vayan todos”. Hace un año se pensaba que algo iba a cambiar en Argentina. Esa esperanza se diluye hoy, cada vez más, en los hechos que la niegan.


Existe una candidata que no pertenece a la clase politica tradicional

Si alguno de los candidatos supervivientes en la escena politica tras este vertiginoso año pudiese representar, siempre con dificultades, o demostrar su no pertenencia a la clase política convencional, esta es Elisa Carrió. Los realineamientos politicos de los ultimos meses, con su acercamiento a un sector importante de la CTA (Central de Trabajadores Peronistas), su compleja relación con los socialistas y la izquierda en sentido amplio y el hecho de haberse convertido en “azote” de los gobiernos de De La Rúa y Duhalde, podrían otorgarle el beneficio de la duda que la situase en posicion de tener serias opciones a convertirse en la primera mujer Presidenta de Argentina. Pero conviene analizar otros factores que probablemente la imposibiliten para ello.

En algunos paises dificilmente se entenderia que algún medio de comunicación utilizase el apelativo de “la gorda ” para referirse a la principal candidata del centro izquierda. El lenguaje políticamente correcto se ha convertido en característica tan indeclinable de sus modos de expresión que los ataques al físico de un candidato político no son, generalmente, de recibo. Mas aún refiriéndose a una mujer y siendo esta la candidata presidencial del centro izquierda. Pero probablemente tampoco podría entenderse muy bien que sobre esta candidata existiese el convencimiento (nunca desmentido por ella) de que en algun momento de su vida, una aparición de la Virgen María fue determinante para el lanzamiento definitivo de su carrera política. Es poco comprensible también que el rasgo mas característico de su imagen pública sea su fuerte catolicismo, representado por un enorme crucifijo que la acompaña allá donde se presenta en público y disminuye de tamaño a medida que la campaña avanza. En Argentina es perfectamente normal. Se llama Elisa Carrió, la llaman Lilita o “la gorda” y se presenta a las elecciones presidenciales por la ARI (Alianza por una Republica de Iguales). Su situación es una metáfora sobre cómo no deben extraerse criterios “europeos” para intentar entender la realidad política argentina.

Aún así es la única de entre los diversos candidatos que se presentan a las elecciones presidenciales de Abril, que ha comenzado su campaña electoral al modo clásico, organizando mítines, viajando por el país y presentando programa y apoyos politicos. Un mes de apertura de campaña en la Patagonia, miles de kilómetros recorridos en coche, durmiendo en casas de militantes y haciendo gala de su ascetismo,que la empuja a mostrarse en público comiendo milanesas, alejándose de la imagen del político encerrado en selectos restaurantes. No puede obviarse el evidente parecido de este modo de presentarse con aquellas primeras campañas de los socialistas espanholes a finales de los anhos 70 tan bien reflejadas en “El disputado voto del senhor Cayo”. Pero cualquier parecido no es más que pura coincidencia. No olvidemos que la ARI, originalmente coaligada con los socialistas, rompió con ellos debido a la determinante voluntad de estos de llevar adelante reformas como la despenalización del aborto. Elisa Carrió, pese a recoger un importante caudal de votos protesta y votos de centro izquierda, está negativamente marcada por venir del radicalismo, lo que implica para parte de la ciudadanía que entraría en el “que se vayan todos” tan popular del último año. Y su partido, la ARI, carece de la institucionalización y los fondos (tan necesarios en Argentina) suficientes como para afrontar una campaña electoral con éxito frente a la movilizacion de todo el aparato peronista.


Las elecciones internas en los partidos

La Constitución argentina, recoge, como tantas otras, la democracia interna como elemento primordial para el funcionamiento de los partidos políticos. Siguiendo esa lógica, los partidos políticos argentinos se dotaron de un sistema de elecciones internas de las cuales extraer a sus candidatos presidenciales.

Estas elecciones internas debían haberse celebrado el pasado 15 de diciembre, de manera simultánea, en el caso de los dos partidos del bipartidismo clásico y dominante en la escena política de los últimos 80 años: el PJ y la UCR, Peronistas y Radicales. Se suspendieron en el caso del peronismo y se celebraron en la UCR de manera tan fraudulenta que ninguno de los candidatos ha sido capaz de reconocer, mas de un mes después, su derrota. Debido a este lamentable espectáculo y al infausto recuerdo del ultimo gobierno radical de Fernando De La Rua, el radicalismo se encuentra ahora al borde de la desaparición con una intención de voto que ronda el 3%. Pasarán años antes de que la UCR logre superar el estigma que les persigue tras la caída del gobierno de De La Rúa, el fallido estado de sitio y la trágica represión que terminó en baño de sangre en diciembre de 2001.


Las internas justicialistas

El peronismo, en el poder desde enero del 2002, llega a la celebración de sus elecciones internas para la proclamación de candidato, totalmente fracturado, con dos sectores bien definidos y un candidato autoproclamado.

El candidato es Adolfo Rodríguez Saa, fugaz presidente de una semana de duración durante los sucesos de enero de este año y responsable de la declaración del default argentino con los organismos multilaterales de crédito. Su compañero de formula y candidato a la vicepresidencia es un miembro expulsado de la UCR, Melchor Posse. Su apoyo más consistente, Hugo Moyano, Secretario general del sindicato peronista, CGT. Sorprendentemente y mes a mes, lidera las encuestas de intención de voto salvando que ninguno de los actuales precandidatos supera el 18% de apoyo popular.

Los dos sectores del Partido Justicialista (peronista) son el Menemismo y el oficialismo, con el Presidente Duhalde a la cabeza. El enfrentamiento entre ellos es tan evidente y los modelos propuestos y las formas son tan divergentes, que fácilmente suscitan dudas sobre la manera en que ambos pretenden erigirse en herederos del omnipresente (aun cuando falleció hace mas de 25 años) Juan Domingo Perón.

El presidente Duhalde pretende evitar a toda costa la vuelta de Carlos Menem (de quien fue vicepresidente) y durante meses busco algún candidato de suficiente peso en el partido para oponerlo a Menem en las elecciones internas. Ante las continuas negativas de su favorito -el Gobernador de la provincia de Santa Fe, Carlos Reutemann- decidió centrar sus esfuerzos en evitar que estas se celebrasen, temeroso de que su rival se alzase con la victoria. Entre Octubre y fines de enero, en que la suspensión definitiva de las internas se oficializó, hemos asistido a un juego tan virulento de ataques y contra ataques en el ámbito partidario, en la acción de gobierno y en los medios de comunicación, que el enfrentamiento interno del justicialismo ha adquirido un carácter de tal protagonismo que se ha constituido en tema central de la política Argentina. Ante la cercanía de las fechas electorales, el sector oficialista se ha visto obligado a anunciar cual es su candidato para oponer a Rodríguez Saa y Carlos Menem en la elección interna de celebrarse o en la elección general en caso de conseguir que su plan salga adelante. El elegido, aún con serias divergencias, dentro del sector oficial es Néstor Kirchner, Gobernador de la provincia patagónica de Santa Cruz. Un hombre de perfil bajo que pretende representar al sector llamado “productivista y de confianza en la moneda nacional” –cuando es conocido en Argentina porque su provincia se libró del corralito al tener sus fondos depositados en el extranjero- y con un proyecto “de centro-izquierda con elementos racionales de centro-derecha”.

Es en este contexto, con tres candidatos proclamados, el PJ llega a su congreso del pasado 23 de Enero. Es la fecha limite para decidir a sus candidatos a Presidente y Vicepresidente de la Nación y se encuentran con una orden judicial que les obliga a la celebración de internas a requerimiento del sector menemista.

Este Congreso ha finalizado con el reconocimiento (por parte de la mayoría triunfante) de la imposibilidad de celebrar elecciones internas para designar a su candidato presidencial debido a la inexistencia de padrones de militancia aceptados por las partes en litigio. Además, vulnera la orden judicial publicada tras el reclamo del sector menemista que les obliga a realizarlas. La fórmula aprobada resuelve permitir a los tres candidatos que concurran a la elección presidencial bajo el logotipo y la candidatura del partido. La cuestión a observar es que el seguimiento de las encuestas nos indica que probablemente los dos candidatos más votados (incluso los tres primeros, según que encuestas se manejen) serían peronistas. Y en función de que encuesta observemos, el orden entre los tres varía. Cualquiera de los tres podría ser el próximo Presidente. Néstor Kirchner, Carlos Menem o Adolfo Rodríguez Saá.

De este modo se pretende que sean los ciudadanos quienes decidan mediante el voto lo que el partido no es capaz de solucionar. Se traslada la elección interna del partido a las elecciones presidenciales, confiando que en un sistema de doble vuelta como el vigente en Argentina, uno de ellos pase a segunda vuelta contra un candidato de otro partido y reúna todos los votos peronistas alzándose con la victoria. O más probablemente que dos de los candidatos peronistas superen la primera vuelta y se enfrenten para competir por la Presidencia. Con lo que nos encontraríamos ante un caso realmente atípico: la instauración indirecta y por medios democráticos de un sistema de partido único. Existe el pluripartidismo y existe la posibilidad real de competencia, pero en un contexto de alta fragmentación del voto y mayoría de candidatos con intención de voto alta de un mismo partido, la competencia real entre opciones diversas resulta gravemente perjudicada.

Como conclusión: Argentina ha pasado en menos de un año del clamor popular “para que se vayan todos” a una elección en que quizás los dos candidatos entre los que puedan elegir a su nuevo Presidente, sean ambos expresidentes y pertenezcan al Partido Justicialista.

 
 

Alberto Arce é colaborador do IGADI.

 
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ÚLTIMA REVISIÓN: 02/02/2003