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Argentina: ¿Puede Menem ganar en segunda vuelta?
Por Alberto Arce (Canal Mundo, 29/04/2003)
 
 

Tras un año y medio de cábalas, inestabilidad e incertidumbre, los argentinos, finalmente han podido expresarse en las urnas. Y las sorpresas han brillado por su ausencia. Carlos Menem ha ganado las elecciones, como la mayoría de las encuestas pronosticaban. De este modo, podemos ya confirmar el fracaso del movimiento para “que se fueran todos” que comenzó en diciembre de 2001.

Si bien vamos a enfrentarnos por primera vez a una elección a doble vuelta (ballotage), los dos candidatos que se enfrentarán en ella (Menem y Kirchner) pertenecen al Partido Justicialista y compiten bajo dos fórmulas “ad hoc”. Frente por la Lealtad y Frente para la Victoria. Entre los dos alcanzan el 46% el voto emitido y si a esta cifra se le suma el voto del tercer candidato peronista (Rodríguez Saá, Frente Nacional y Popular) que ha sido del 14%, el Partido justicialista se sitúa en el 60% de apoyo.

Los candidatos que provienen del radicalismo y se presentaban con nuevas plataformas (Movimiento federal recrear, López Murphy y Afirmación por una república igualitaria, Elisa Carrió) han conseguido un 16% y un 14% respectivamente, cifra que sumada a la de Moreau y la UCR con poco más del 2%, sitúa a los herederos del Radicalismo en el 32%.

La izquierda que ha estado presente en las calles y se pretende depositaria del “que se vayan todos” y el voto blanco y nulo no llegarían al 6%. Y la participación sería una de las más altas registradas desde la recuperación de la democracia. Si bien en Argentina el voto es obligatorio, la población siempre ha sabido expresar de uno u otro modo su descontento anulando los votos o directamente no acudiendo a votar saltándose la obligación. En esta ocasión parece que habría triunfado un cierto sentido de la responsabilidad en el que los argentinos querían expresar a cuál de los diferentes modelos intuidos estaban dispuestos a apoyar.

Debemos observar que entre el 1º y el 5º candidato se aprecia un 10% de diferencia, que un solo partido, si bien se encuentra fragmentado, concentra el 60% de los apoyos y que el electorado de Elisa Carrió, es muy regular a lo largo de todo el país. La ARI, que representaría el centro-izquierda tiene un apoyo estable que podría permitirnos empezar a pensar en que ésta es la base sobre la cual construir una alternativa a largo plazo. Pensemos que un 14% del voto a lo largo del país para una candidata de centro-izquierda, más joven que los demás, sin una estructura partidaria definida y estable y que no ha utilizado prácticamente recursos económicos en su campaña es mucho, sólo un 10% y un 7% por detrás de quienes disfrutan de una capacidad de gasto prácticamente ilimitada para el país y se apoyan en una de las estructuras políticas más fuertes del país, el peronismo.

Es aún muy pronto para hacer predicciones o proyecciones sobre lo que puede pasar en la segunda vuelta el día 18 de mayo. El análisis en caliente del día después tiende a valorar directamente la cantidad de voto rechazo que Menem agrupa. Las cifras que se manejan sobre cuantas personas nunca le votarían rondan el 50%, con mucho la cifra más alta de todos los candidatos pero en una segunda vuelta con sólo dos candidatos muchas puertas han quedado abiertas. En torno al 40% de los votantes tendrán que inclinar la balanza de un lado u otro con dos candidatos que aparecen separados por un exiguo 2,5%.

Menem, obviamente, intentará acudir primero al votante de Rodríguez Saá, peronista como él. Independientemente de lo que haya pasado hasta ahora, de las acusaciones, maniobras y fracturas, el peronismo es fiel al peronismo y mayoritariamente el peronismo es fiel a su líder. Hasta ayer, el líder era el Presidente Duhalde, con dificultades (recordemos que anuló las internas en el partido porque no era capaz de garantizar que Menem no ganase) pero nadie más que ellos es capaz de conocer los movimientos internos que se sucederán están semanas dentro del PJ y que pueden encolumnar a los punteros barriales detrás del ganador de las elecciones. No olvidemos que Menem goza del mayor predicamento entre las clases más bajas de la sociedad, no olvidemos que Kirchner era hasta hace muy poco un perfecto desconocido, no olvidemos que si Kirchner está en segundo vuelta es porque Duhalde ha trabajado duro y con muchas dificultades para conseguir el apoyo de la estructura peronista de la Provincia de Buenos Aires y aún así sólo ha aventajado a Menem en un 5% en su feudo más fiel.

Menem puede recoger el efecto arrastre del vencedor en primera vuelta, puede recoger el voto de muchos peronistas que hasta ahora estaban detrás de Duhalde porque era el Presidente (y que no tienen porque serle fieles una vez que está claro que abandona el poder) y puede recoger directamente el 14% de Rdez Saá si los dos líderes alcanzan un acuerdo. No olvidemos, con respecto a López Murphy, que el 16% de los ciudadanos que le han votado, son votantes en mucho caso, proclives al discurso de mano dura y neoliberal de Menem y descontando a la clase más ilustrada y urbana, puede producirse una importante traslación de voto hacia Menem. Si bien el rechazo hacia Menem es muy alto, también son serias sus posibilidades de incrementar apoyos en segunda vuelta.

Por otra parte, Kirchner necesita escorar su mensaje hacia el centro izquierda para conseguir votantes de Elisa Carrió y al mismo tiempo emprenderá la caza del apoyo de Rodrígez Saá que a priori parecería más cercano a Menem. Si Kirchner gana será porque la población realmente no quiere que Menem vuelva. Será porque logre concentrar el voto antimenemista bajo la lógica del mal menor. Pero difícilmente la población va a observar una renovación en el candidato cuyo único anuncio de campaña ha sido confirmar a Lavagna en el Ministerio de Economía de ganar las elecciones y viene presentado por Eduardo Duhalde.

Durante las próximas tres semanas Argentina se debatirá falsamente entre la vuelta de Menem o la continuidad de la situación actual, insostenible por otra parte. El gobierno actual ha estado lanzando balones hacia delante que el próximo gobierno tendrá que parar. ¿Qué pasará si el gobierno actual se convierte en futuro gobierno?. Tendrán que tomar decisiones porque ya no podrán volver a aplazarlas. Sobre esas decisiones y no sobre la vuelta de Menem al poder es sobre lo que debería debatirse estas tres semanas.

 
 

Alberto Arce é colaborador do IGADI.

 
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