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Carlos Menem y las empresas españolas
Por Alberto Arce (Canal Mundo, 25/03/2003)
 
 

La situación de las empresas españolas en el país es difícil. Del total de la inversión extranjera en Argentina, el 32,88% proviene de Estados Unidos, mientras que el 25,67% tiene su origen en España. En estos momentos, Repsol, Telefonica, Gas natural, Endesa, BBVA, SCH y Aguas de Barcelona, entre otras, tienen importantes intereses en Argentina y durante el año 2002 la mayoría han registrado pérdidas por lo que han congelado sus planes de inversión e incluso pueden estar pensando en abandonar el país si la situación no mejora. Las empresas españolas están sufriendo la falta de certidumbre y previsibilidad que provoca el conflictivo escenario político argentino. La pesificación de sus ingresos mientras sus deudas fueron contraídas en dólares, la falta de una marco jurídico estable para la inversión, la obligación de aceptar bonos estatales y provinciales de un país en una situación financiera próxima al default, la imposibilidad de subir sus tarifas en los servicios públicos privatizados que proveen en concesión, etc…. Son cuestiones que deben ser resueltas a corto-medio plazo. Es de vital importancia para los intereses de estas empresas, conocer cuál será la actitud que el próximo presidente adopte.

El día 13 de marzo en un encuentro con los empresarios españoles en la Cámara de Comercio Española en la República Argentina Menem expuso algunos de sus planteamientos. Su descripción (compartida con el Presidente de la CECRA) de la situación que atraviesa el país es la siguiente: “Hoy caminamos sobre escombros”. Asegura que el 10 de diciembre de 1999, entregó el país en una situación saneada tras haber sido modernizado a lo largo de sus años de gobierno (1989-1999). Siguiendo las enseñanzas del General Perón, y siempre según su lectura de la historia, se privatizaron las empresas públicas que no daban buenos servicios a la población y suponían un lastre insoportable para el Estado. En realidad, y utilizando los datos del servicio de ferrocarriles como ejemplo, entre 1989 y 2002, los ferrocarriles privatizados duplicaron el precio de sus billetes, duplicaron la cantidad de dinero que recibieron del Estado y la extensión del tejido ferroviario se redujo en un 70% además de llegar prácticamente al colapso en el servicio. Argentina es hoy un país sin ferrocarril.

Este proceso privatizador fue posible gracias a la intervención del capital extranjero, al que califica de verdadero motor del crecimiento a través de sus inversiones en el país. En este proceso, España ocupa el 2º lugar tras los EEUU con un 30% de la inversión total. La devaluación de enero de 2002 afectó enormemente a los retornos de las inversiones y enfatiza que hay que tener muestras de agradecimiento con quien ayudó a construir un país exitoso. Asegura que al nivel actual, las empresas que invirtieron en el país tardarían 77 años en recuperar sus inversiones y lo califica de intolerable. No se puede penalizar a quienes apuestan por el país. Considera que la devaluación fue una torpeza porque se atacó directamente al derecho de propiedad y con ello se erosionó la libertad. Hay que respetar los contratos firmados por las empresas extranjeras y garantizar que vuelvan a obtener beneficios en el país. Las conmina a confiar y continuar invirtiendo y a no abandonar el país como algunos rumores comienzan a apuntar.

Respecto al dólar asegura que dado lo cambiante de la situación no puede adelantar cuáles serán las medidas a adoptar. Depende de cómo se reciba el país en el momento de asumir. Obviamente él prefiere un dólar bajo. Con la disminución del coste de la moneda crecerá el poder adquisitivo de los ciudadanos y propone una flotación libre sin medidas artificiales que intervengan sobre su valor.

“Saturaremos nuestro país de fuerzas de seguridad” Va a utilizar a las fuerzas armadas si es necesario para pacificar el país. El Presidente de Brasil lo ha hecho con resultados positivos y afirma que seguirá su ejemplo. Sin seguridad física y jurídica no podrán recuperarse las inversiones. No quiere ver más piquetes cortando las rutas porque son inconstitucionales y lesionan la libertad del resto de los ciudadanos. Es un mensaje realmente duro que puede provocar más que solucionar, nuevos.

En materia de política social, mantendrá los subsidios actuales (Planes trabajar- Jefes de Hogar) porque son vitales para la supervivencia de muchas familias pero afirma que no es ése su modelo y creará puestos de trabajo para ir abandonando poco a poco los subsidios.

Pretende convertir a Argentina en el primer país productor y exportador de alimentos del mundo y para eso son necesarios los recursos de las grandes empresas a las que invita a participar en ese proceso.

Menciona lo vital que resultaría para la recuperación económica reducir el fraude fiscal y arreglar las distorsiones impositivas. Bajando los impuestos, crecerá la economía. Se eliminarán algunos impuestos, se reducirán las retenciones a las exportaciones y se disminuirá el IVA. El objetivo es revitalizar la producción industrial. Anuncia que la recuperación económica comenzará cuando se reciban fondos frescos de las IFI's. Es absolutamente necesario para que esto suceda que sean honradas todas las obligaciones en materia de deuda externa que el país tiene.

En política exterior pretende que se firme un Tratado de Libre Comercio con la UE similar al que Chile ha firmado recientemente, además de reforzar el Mercosur y aprovechar el “Fast Track” norteamericano para impulsar un acuerdo de libre comercio con los EEUU con los que, por otro lado pretende alinearse sin fisuras hay alinearse en las cuestiones internacionales.

Anuncia su intención de obrar a imagen y semejanza de Roosevelt en el “New Deal” y termina calificando su gobierno como ejecutor de un “capitalismo progresista”. El ejecutor de la política de privatizaciones más acelerada y profunda del Cono sur termina su discurso antes los empresarios españoles en Argentina, citando a tres políticos extranjeros: Lula, Roosevelt y Felipe González. Todo un ejemplo de malabarismo politico. Sabe decir lo que su auditorio quiere oír y terminar entre aplausos un acto que comenzó en un clima de frialdad y desconfianza. Esta claro que Menem no disgusta a los empresarios españoles. Lo que todavía no sabemos es si disgusta a la mayoría de los argentinos o no. En un mes tendremos la respuesta. Su modelo es claro y sencillo: Seguridad y mano dura en cuanto al conflicto social que vive el país y menos Estado y mayores garantías para los inversores extranjeros con un dólar lo más bajo posible.

Al igual que los empresarios, la postura del gobierno español respecto de la crisis argentina ha sido siempre de apoyo y compromiso con el país. El propio Presidente Duhalde le envió el 29 de enero, diez días después de firmar el acuerdo con el FMI, una carta a Aznar agradeciéndole “el decisivo apoyo brindado por su país”. Muchos dicen que el acuerdo de Argentina con el FMI se debió más a las presiones de determinados gobiernos europeos sobre el directorio del Fondo que a los cumplimientos del país de los acuerdos alcanzados. Fue un acuerdo político y de responsabilidad que entendía la necesidad de no dejar entrar al país en default. Resulta evidente que el gobierno español no puede dejar caer a sus empresas en el país y tiene que defender su lugar en América Latina pero es también probable que este apoyo temporal no se prolongue indefinidamente si el país y sus líderes no dan vías de solución a los múltiples problemas de las empresas extranjeras. En enero se decidió pactar la salida honrosa del gobierno actual y darle un margen de actuación de 100 días al Presidente que asuma el 25 de mayo. Pero después de tres meses se pedirán respuestas sobre la mesa a las incertidumbres que azotan al país. ¿Estará Menem preparado para darlas si gana?

 
 

Alberto Arce é colaborador do IGADI.

 
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