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La crisis boliviana
Por Alberto Arce (Noticias Obreras, primeira quincena novembro/2003)
 
 

Desde septiembre de este mismo año, Bolivia se encuentra convulsionada por la que parecería ser la definitiva crisis del Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada y el MNR (Movimiento Nacional Revolucionario). Si finalmente el gobierno cae (algo que en el propio país nadie se atreve a asegurar con firmeza pese a que parece ser lo que todo el mundo desea), la prensa recordaría este período como “la crisis del gas” y pasaría página para dedicarle su atención a cuestiones de mayor urgencia tras habernos ofrecido una buena serie de imágenes de obreros y campesinos enfrentados con el ejército y la policía.

La población se moviliza en torno a la defensa de sus recursos naturales y la convulsión social hace caer a un gobierno al que califican de “entreguista y corrupto”. Si bien esto es cierto, conviene señalar otros factores que inciden en la situación actual y pueden ayudar a plantearse la siguiente cuestión ¿qué va a pasar después en caso de que se precipiten los acontecimientos?. Es esta una pregunta de difícil respuesta y que provoca sentimientos encontrados. Caminar por la Avenida del Mariscal Santa Cruz mientras soldados del ejército apuntan desde algunas de las azoteas a los obreros que disciplinadamente marchan por el centro de la calle y muchos ciudadanos continúan al mismo tiempo sus habituales compras de un viernes por la tarde no ayuda a apostar por soluciones claras al conflicto.

Es tan evidente la relación existente entre la insoportable situación de injusticia y opresión que uno percibe desde que enfila la carretera de piedras que une Tupiya con Uyuni, Oruro y la Paz tras un viaje de casi 24 horas y la aparente cohesión opositora que se ve en las calles y carreteras del país, que resulta fácil comprender como el sistema político que la sostiene podría estar cercano a su fin. Pero en realidad hace ya tres semanas que la mayoría de los corresponsales extranjeros vienen anunciando un estallido violento o la declaración del Estado de Sitio y esto no parece llegar por el momento.

Los sucesos de enero y febrero avisaron que algo andaba mal en el país. Policías y soldados enfrentándose en la Plaza Murillo (sede del Palacio de Gobierno y el Congreso Nacional), grupos de manifestantes que saqueaban la sede del partido del gobierno, campesinos muertos en enfrentamientos con el ejército en zonas rurales y después de nuevo la tranquilidad. ¿Qué está pasando en Bolivia?

En estos momentos, la protesta social está siendo dirigida básicamente por tres organizaciones: la COB (Central Obrera Boliviana), liderada por Jaime Solares, el CSUTBC (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia) liderada por Felipe Quispe “Mallku” y el MAS (Movimiento al Socialismo) liderado por el dirigente cocalero Evo Morales. Este último a su vez estuvo cerca de ganar la última elección presidencial y todo indica que de no producirse novedades la ganaría en la próxima convocatoria de 2007. Existen tres frentes: el sindical, el campesino y el político, un conflicto central: la exportación del gas boliviano hacia Estados Unidos por Perú o Chile y un objetivo común: derrocar al gobierno actual.

A estas tres organizaciones hay que sumarles una multitud de grupos de diverso origen que añaden numerosas peticiones al gobierno más allá de la cuestión del gas: los estudiantes de la Universidad Nacional de El Alto, ciudad tan cercana a La Paz que se podría decir que es casi un barrio de la misma y donde han tenido lugar algunos de los enfrentamientos más fuertes que se han visto por televisión, los “rentistas” o jubilados que reclaman pensiones dignas, los maestros, que reclaman condiciones de trabajo dignas, el gremio de carniceros, los transportistas, los trabajadores de la salud, etc...

La actual situación Boliviana podría derivar en revuelta generalizada en cualquier momento pero también podría congelarse nuevamente hasta dentro de varios meses sin que la mayoría de nosotros entendamos por qué motivo sucede esto. La huelga general se convoca y se desconvoca una y otra vez cada semana desde el 19 de septiembre, los líderes opositores no son reconocidos por el gobierno como interlocutores válidos, la capital amanece un día en paz y al otro colapsada por millares de manifestantes y vuelve al día siguiente a amanecer en paz. Al mismo tiempo, se radicalizan algunos cortes de rutas en sectores muy concretos del país; vitales pero escasos y concentrados. La zona de Cochabamba al norte de la capital y algunas provincias del departamento de La Paz como Warisata, donde el 20 de septiembre varios campesinos fueron asesinados por el ejército parecen llevar la voz cantante en el mantenimiento de la protesta pero debemos recordar que el país permanece en calma si se lo observa de manera integral.

Está claro que la cuestión del gas es vital para el país. No es éste un conflicto construido sobre el aire sino uno que trata de mantener los recursos naturales del país bajo control nacional con todo lo que ello supone. La propuesta de la oposición radica en conseguir que el gas no se exporte en bruto al extranjero para ser posteriormente procesado por empresas y países que se apropiarán del valor añadido en la elaboración del producto final. Industrializar el gas en el país es una propuesta que no tendría nada de revolucionario planteada en cualquier otro contexto pero que en Bolivia adquiere tintes épicos y de carácter soberanista cuando se valora que además la venta de este gas en bruto al extranjero viene decidida en función de una “recomendación” del FMI sobre cómo conseguir los fondos suficientes para afrontar la deuda externa. La exportación del gas a través de un puerto chileno hacia Estados Unidos termina de construir la afrenta sobre la que levantarse y comenzar a construir oposición. Recordemos que la salida al mar necesaria para tales menesteres le fue arrebatada por Chile a Bolivia en la guerra que ambos países mantuvieron en 1879.

Pero esta cuestión del gas, al mismo tiempo que aglutinadora de voluntades se ha demostrado como incapaz de conformar por sí misma un plan de gobierno alternativo y al mismo tiempo, las cuestiones sectoriales que la acompañan sirven para sumar manifestantes y elevar el nivel de tensión. La oposición se muestra inflexible, a su vez el gobierno no se sienta a negociar, la población sale a las calles cuando es convocada pero esta dinámica se convierte en un bucle que se retroalimenta a sí mismo sin que se produzca la previsible escalada de tensión, en una dinámica agotadora que no evoluciona y que tarde o temprano terminará por agotarse y desmovilizar las calles de no mediar ningún hecho novedoso (desconvocatoria de las repetidas huelgas o renuncia del gobierno).

Evo Morales, el líder del MAS y la persona hacia la que todos se dirigen cuando se trata de imaginarse el futuro de Bolivia, alcanzó la segunda posición en la elección presidencial del 2002. El 21% de los votos que logró cosechar es una cifra más que seria en lo que se refiere a responsabilidad sobre el modelo de oposición que pretende conformar. El MAS no es un movimiento revolucionario ni rupturista pese a su origen trotskista sino un partido político reformista que aspira a transformar el sistema desde dentro. Los dos sindicatos que lo acompañan en estos momentos, la COB de orientación obrera y el CSUTCB de orientación campesina no son en sí mismo alternativas de gobierno si bien pueden desestabilizar al mismo por lo que el papel de Morales debería ser en momentos de liderazgo y de concertación. De capitalización y concentración en su figura de líder parlamentario y opositor legitimado de los esfuerzos que se llevan a cambio por virar el rumbo del país.

Y Evo Morales está adoptando un perfil bajo que resulta inexplicable en la situación actual. Mientras el gobierno le acusa de visitar Libia donde supuestamente estaría recibiendo apoyos para lanzar una surrealista ofensiva terrorista y Suiza donde buscaría financiamiento para la misma, el líder de la COB, Jaime Solares, habla en público de “guerra civil” y uno se pregunta si un pequeño grupo de campesinos armados con viejos fusiles “mauser” que llevan enterrados en las montañas desde la revolución de 1952, podría llevarla adelante contra un ejército decidido y ante la pasividad de la mayoría de la población. Evo Morales y Jaime Solares aún debaten sobre la pertinencia de celebrar una “cumbre” de opositores en la cual coordinar sus respectivas iniciativas.

Así que seguiremos esperando a que los dos líderes opositores sean capaces de acordar un orden de movilizaciones que no desgaste más aún a los trabajadores y campesinos que llevan tres semanas de movilizaciones intermitentes así como una propuesta concreta de cuál es el siguiente paso a dar en su lucha por derrocar al gobierno de Sánchez de Lozada. Hasta que esto no suceda, un día no y un día sí, los sectores radicalizados de El Alto y los campesinos de los Yungas o Warisata seguirán ofreciéndonos imágenes de lucha y enfrentamiento estéril ya que sus líderes no son capaces de ponerse de acuerdo. Habrá muertos y retirada o bien una sangrienta represión inútil. Pero no habrá modificaciones en la situación actual si no hay una evolución cualitativa en las reclamaciones y una coordinación efectiva entre los actores implicados. Convocatoria de Asamblea Constituyente, elecciones anticipadas o gobierno de concertación nacional, cualquier alternativa es preferible a la situación actual.

¿Podría estar teniendo lugar una suerte de precalentamiento social y político que tenga como objetivo ir abriendo ventanas de oportunidad política sobre las cuales armar una coalición de gobierno que compita en las próximas elecciones se celebren éstas cuando se celebren?

De ser así, y de ser éste un movimiento planeado por líderes opositores, nos veríamos obligados a considerar que nada va a cambiar en Bolivia más que los nombres y el color de piel de los dirigentes. Porque si a estas alturas, el aprendizaje de los líderes opositores se limita a los instrumentos de debilitamiento de gobiernos y cooptación de puestos de responsabilidad y no a la conformación de movimientos y modos diferentes de hacer política, la lucha y el sacrificio del pueblo boliviano habrán sido en vano.

 
 

Alberto Arce é colaborador do IGADI.

 
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ÚLTIMA REVISIÓN: 11/10/2003
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