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Argentina: razones para la desilusión y la esperanza
Por Daniel Pereyra (Canal Mundo, 20/05/2003)
 
 

El proceso electoral urdido por el presidente Duhalde como respuesta al grito multitudinario ¡Que se vayan todos! culminó con la llegada al gobierno de Néstor Kirchner con apenas el 22 % de los votos. Desde que De la Rúa renunciara ante la presión popular en diciembre de 2001, los sectores gobernantes han realizado múltiples intentos para canalizar y desactivar las protestas populares. Uno de esos intentos fue la convocatoria de unas elecciones a todas luces engañosas, ya que sólo implicaban los cargos de presidente y vicepresidente, dejando vigentes todas los demás autoridades públicas.

Al mismo tiempo se llevó a cabo una política de hostigamiento contra los movimientos sociales, desalojando empresas y edificios recuperados por los trabajadores y las asambleas populares y reprimiendo con medios policiales o parapoliciales, llegando incluso al asesinato de jóvenes piqueteros.Por su parte estos movimientos, sumamente jóvenes e inexpertos, no lograron soldar un sólido frente que les permitiera enfrentar con éxito los ataques del gobierno, que también dedicó esfuerzos a cooptar a sectores del movimiento.

Todos estos elementos llevaron a un relativa descenso de las luchas populares, afectadas por el cansancio y por la falta de victorias significativas ante el paro y la miseria.

Con este telón de fondo se realizaron las elecciones. En ellas se reflejó la realidad mas profunda del país: una crisis social, política, económica y moral. Como parte de ello se constató la crisis del sistema de representación y de los partidos políticos. Así lo evidencia que se hayan presentado tres candidatos en nombre del peronismo y otros tres en nombre del radicalismo. Ambos partidos no lograron unificar sus candidaturas. Por otra parte, los movimientos sociales y los partidos de izquierda tampoco consiguieron tener una política conjunta ante las elecciones. Todo el vasto movimiento se dividió entre concurrir a las elecciones o abstenerse. Así hubo piqueteros, asambleístas y militantes de izquierda en cada una de esas posiciones, y también en apoyo de Kirchner o Elisa Carrió, o votando a alguna de las cinco listas de izquierda. Y así se impuso la salida de la opción, votando cada uno al candidato que consideraba menos malo o con mas posibilidades.

Esta dispersión del voto popular arrojó un resultado lógico: 1 % para los votos en blanco o nulos, 5 % para todas las listas de izquierda (mucho menos que en los comicios de 2001) y una dispersión entre las otras listas, con un 24 % para Menem y el resto entre otras cuatro candidaturas. Es decir, que ningún candidato logró la mayoría ni separarse de los otros aspirantes.

En esa situación se marchó a la segunda vuelta entre Menem y Kirchner, pero las encuestas mostraron que la inmensa mayoría tenía algo claro: no se quería a Menem, considerado el mayor responsable de la miseria y la entrega del país al Fondo Monetario. Ante esa evidencia, Menem optó por no presentarse y evitarse el bochorno de una derrota aplastante.
Así es como Kirchner, que en la primera vuelta obtuvo un magro caudal de votos, es el nuevo presidente de los argentinos. Gobierno débil desde el inicio, sin otro patrimonio político que el apoyo de Duhalde y un débil discurso populista, que no puede ocultar su respaldo a la política económica del actual gobierno y sus deseos de seguir la línea dictada por el Fondo Monetario. Así lo indica la continuidad del actual ministro de Economía y de su política.
El futuro cercano preanuncia enfrentamientos entre las amplias capas populares y el nuevo gobierno, en la lucha por resolver los acuciantes problemas del paro y la miseria que ahogan a las grandes mayorías.

El mayor problema planteado es el de la necesaria unidad en la acción de los nuevos movimientos sociales de parados y asambleas populares, con los trabajadores industriales, hasta ahora mayoritariamente ausentes de las luchas. Los dirigentes de estos movimientos y las organizaciones de izquierda tendrán que reflexionar sobre los pobres resultados obtenidos en estas elecciones y sobre la necesidad de deponer intereses partidarios o sectoriales en beneficio del avance del movimiento popular. Y eso tendría que comenzar a demostrarse en los comicios legislativos que se realizarán este año y en las luchas contra el paro y los salarios de miseria que ya se preanuncian.

 
 

Daniel Pereyra es analista argentino y colaborador del Igadi.

 
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