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Invertir/desinvertir en Latinoamérica
Por Lino Pellitero (AEGV de Venezuela, outubro/2003)
 
 

Si bien es cierto que la economía de EEUU multiplica por 15 el PIB de España, sin embargo en la última década España ha invertido en América Latina un volumen de capital semejante al del coloso que mora al norte del Río Grande. Durante la década de 1992 a 2001, España transfirío 80.400 millones de euros, frente a los 97.000 de los norteamericanos. Gracias a este impulso, por el que España se convirtió en el octavo inversor exterior mundial, ha modificado su tradicional papel de importador de capital y captador de recursos monetarios por el de inversionista neto, conformando uno de los cambio substanciales más importantes de la reciente historia de la economía española, aportando la mitad justa de los 161.700 millones que la vieja Europa canalizo durante está década al otro lado del Atlántico, con raíz latina.

Lejos quedan las décadas de los 60 o los 70 en los que la modesta cifra de inversiones extranjeras situaban a España aportando entre el 0,1 y el 0,3 del total mundial.

Si bien entre e1986 y 1993, ya se advirtió un cambio de tendencia con las primeras incursiones importantes de Telefónica en Argentina y Chile (1991), no será hasta el quinquenio 1994-99 en el que el caudal de capital se incremente considerablemente hasta llegar a los 9.700 millones de dólares de media. Hacia Argentina y Brasil se dirige en este período el 64,1% del total, de los 58.524 millones de dólares que ven en América su gran oportunidad inversionista. A Venezuela le correspondió una exigua parte de pastel de esta gran orgía, con 1.489 millones de dólares que a penas representaban el 2,5% del total continental.

Este proceso ha sufrido su primer revés importante durante la crisis argentina de 2001, país que había sido la niña bonita del continente durante el espejismo milagroso de la épona Carlos Menem que desembocó en un precipicio insalvable.

Hoy en día, el papel de ciertas multinacionales españolas es muy relevante. Es el caso de Telefónica que se ha situado como el primer grupo de comunicaciones en los países de habla latina; el de Repsol-YPF que se ha convertido en el primer productor del sector privado de la región, o el de Endesa que tambien se sitúa a la cabeza de las empresas eléctricas privadas. Otro tanto ocurre con en el terreno de las infraestructuras para transportes con Dragados. Lo mismo podríamos decir de los dos grandes grupos financieros SCH y BBVA, que dan cobijo al 23% de los depósitos bancarios o al 40% de los fondos de pensiones.

En la fiebre de fujos de capital españoles hacia América Latina, nadie puede negar la importancia que tuvo la proximidad cultural e idiomática del Continente, pero sin duda se ha visto favorecida por otras circunstancias cuyunturales que soplaron a favor de la vela de las grandes multinacionales españolas. La cadena de privatizaciones de los sectores públicos emprendida por la década más neoliberal, los recibió con los brazos abiertos. Hoy las reticencias provocadas en la mayoría de los habitantes del continente por la década fracasada de los 90 a la que dió paso la década pérdida de los 80, harían muy dificil repetir el proceso vivido.

América es vista desde hace tiempo como la gran esperanza que nunca se llega a confirmar. Los ciclos económicos más cortos, la tortuosa administración local, las regulaciones legislativas nacionales... etc, son piedras en el zapato inversionista español. A los que hay que sumar la torpe prepotencia, con la que algunos jóvenes ejecutivos de estos grandes grupos multinacionales llegaron a América, llenos de prejuicios e ignorantes de la tracidional indiosincracia de cada país.

Pasado el momento de las multinacionales, se aproxima la hora de las pequeñas y medianas empresas, con menos recursos humanos y escasas de equipos técnicos, pero más arraigadas en los países. Más modestas, pero sabedoras de que las autarquías ya no son viables desde el punto de vista económico.

Rematado el período de las grandes inversiones llegó la hora de las desinversiones. Acabada la época de los fujos unidireccionales, es el momento de las colaboraciones bilaterales.

Profesionales gallego-venezolanos de la empresa, que consiguieron salir airosos de las impresionantes tormentas que sobrecogen a los atemorizados europeos, tienen abiertas las puertas para avanzar seguros, pero sin miedos. Prudentes pero sin complejos. Nadie puede ya considerarse ajeno a la internacionalización en un mundo que avanza imparable hacia el comercio global.

 
 

Lino Pellitero é analista do IGADI.

 
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ÚLTIMA REVISIÓN: 23/10/2003
Fernando Pol