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Nestor Carlos Kirchner, la esperanza que llegó del frío
Por Lino Pellitero (Pueblos, febreiro/2004)
 
 

A mediados del 2001, un conocido periodista argentino, Oswaldo Logares, me confesaba, abatido, “Ya no soy capaz de convencer a mis hijos para que se queden a pelear por el futuro de Argentina”. ¡Lucha tu! ¡Nosotros nos vamos!, era su respuesta.

Sus descendientes directos, Preferían labrar su destino en EEUU, donde su alta capacitación profesional podría encontrar la grieta de ilusión que su país les negaba.

Un haz de contrapesos lastraba al país desde mediados de los años 50, en los que el modelo populista de reparto de riqueza que encarnaba el peronismo empezaba a dar síntomas de agotamiento. Aun así, entre 1950 y 1975 el PIB del país creció globalmente en un 127%, pero ya en el último cuarto de siglo los registros solo alcanzaban el 50%. Desde hace 32 años, el poder de compra de los argentinos cayó el 60%, según un estudio oficial de la OIT. Hoy el salario medio es de $ 550. Para alcanzar el mismo poder adquisitivo que en 1970, año de inicio del estudio, debería estar en $ 1.375 pesos.

Frustración tras frustración encadenada, Argentina fue encajando golpes que anularon su voluntad colectiva y la fe en las posibilidades en un país privilegiado en recursos por la naturaleza. Dictadura que escribió economía al dictado de la Escuela de Chicago, que abandonado progresivamente el proteccionismo del capitalismo nacional, sello de identidad de viejo peronismo, y que fracturó en letras de sangre la convivencia interna. Desastre de guerra de las Malvinas que los sumió en la ruina y la frustración. Espiral inflacionista, corrupción institucionalizada.., que fueron minando la autoestima de un pueblo que podía presumir de ser la sociedad latinoamericana con un mejor nivel de vida.

Solo el espejismo de la era Menem eclipsó el ocaso al que parecía abocada la nación andina. Desde la sinuosa negrura del pozo de la crisis, Carlos Menem recuperó tasas de crecimiento superiores al 5%, a mediados de los 90. Fue propuesto como modelo para el continente en asamblea anual del FMI en 1998. Pero el crecimiento que proponía era artificial, tenía pies de barro, sin perspectivas a medio plazo, desmantelaba el tejido productivo con una liberalización sin límites, con desequilibrios estructurales que acabaron por hacer naufragar al país.

El nuevo peronismo se aferraba a su Revolución Productiva, eliminando aportes fiscales de la patronal por un monto equivalente a 1/3 de la deuda pública, con la intención de sacar a la superficie buena parte de la economía sumergida. La realidad no acompaño tan loable propósito y la evasión impositiva anual se situó en torno a los 20.000 millones de dólares. Privatizó, a precio de saldo, sectores vitales da economía argentina que pronto elevarían las tarifas a los usuarios en un 40%. Dos de cada tres grandes empresas acabaron en manos de capital extranjero, pero los 40.000 millones que entraron en la caja del Estado por la venta de empresas públicas se evaporaron sin conseguir hacer menguar la deuda.

Control presupuestario que también se demandaba desde el FMI, y que fue desoído en plena orgía de crecimiento y enriquecimiento rápido en los aledaños del gobierno. Durante su mandato la deuda pública aumentó, desde los 62.000 millones de dólares hasta los 132.000, incrementando el gasto publico en un 42%, según fuentes del Ministerio de Economía.

De la Rúa calificaría esta etapa como la del “Crecimiento inequitativo ”, durante la que la riqueza se enquistó en una selecta elite de privilegiados bolsillos engordados en la periferia de gobierno. Entre 1991 y 1996, período en el que Domingo Cavallo regentó el Ministerio de Economía, el desempleo creció desde el 6 hasta el 18%.

El dirigente radical se encontró con un panorama espeso, en el que nunca acertó a liderar un cambio de rumbo en la economía. Solo se esmeró en promover una austeridad sin límites que se le demandaba desde el FMI, que fue agotando el escaso oxigeno que conservaba la economía hasta entrar en coma irreversible en diciembre de 2001.

Los sucesivos y breves mandatos de los presidentes Rodríguez de Saa y Duhalde rompieron muchos moldes preconcebidos y dieron un giro inesperado hacia las viejas posiciones populistas del viejo peronismo, rompiendo amarras con las directrices del FMI.

Pero sería la presidencia de Nestor Carlos Kirchner la que daría el golpe de timón definitivo. Llegado de la sureña provincia de Santa Cruz, en la que ejerció como gobernador durante tres mandatos sucesivos, abrió las espitas de la heterodoxia para censurar abiertamente el Consenso de Washington. Desde el peronismo multipolar, hundió el barco en el que viajaba el ortodoxo modelo económico argentino, para solidificar heterodoxas fórmulas llegadas desde el frío que emana el Perito Moreno, glaciar simbólico al sur de la Pampa.

Se encontró con un país en el que en los últimos 10 anos la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre se había abierto en un 57%. El 10% más rico poseía el 38% de los ingresos y el 10% más pobre, apenas, el 1,4%. La línea estadística de la pobreza se situaba por encima de la cabeza del 60% de los argentinos y el paro o subempleo ya abrazaba con su inquietante asfixia al 40% de la población.

Una carambola interna del justicialismo lo convirtió en candidato a la presidencia. Duhalde lo escogió como la más firme baza para enfrentarse a Carlos Menem en la partida electoral. Kirchner, renuncio a la tentación de convertirse en un candidato independiente del centro izquierda, cuando recibió el apoyo de la apisonadora del aparato mediático y organizativo duhalista en la megalópolis de Gran Buenos Aires.

Fueron muchos los argentinos que festejaron la fuga en pleno proceso electoral de un Menem vapuleado en las encuestas, pero pocos los que extendían un cheque en blanco a la otra face del justicialismo, representada en el Gobernador de Santa Cruz.

Hombre criado, forjado en las intrigas de palacio del Justicialismo, despertaba no pocos recelos. Lupo, así conocido por amigos y enemigos, en recuerdo de aquel lejano Lupín con el que lo habían rebautizado sus compañeros de militancia en las combativas Juventudes Peronistas, era un hombre que en Santa Cruz había marcado un estilo enormemente personalista. Más partidario de concentrar decisiones que de delegar responsabilidades, deambuló por el filo de la legalidad para conseguir algunos de los objetivos de su programa de gobierno.

“Las casas también se construyen con bosta”, dijo en una ocasión para justificar el tufo que desprendían las cloacas en las que alcanzaba los pactos políticos. “muchas veces uno tiene que abrazar a políticos a los que, con mucho gusto, les patearía el trasero”, concluyó subrayando su vocación de hombre de poder.

Nadie le puede negar, sin embargo, su trayectoria de hombre comprometido con la democracia. La llegada de los militares significó su paso por la sombra de la cárcel, a pesar de autoconsiderarse a salvo de las fauces de los golpistas.

Descendiente de alemanes y suizos por línea paterna y de conservadores croatas por parte materna, este santacruceño de tercera generación llegó a la gobernaduría en el año 1991. En sus inicios recortó el salario de los empleados públicos, pero al año siguiente cuando ya las arcas estaban saneadas, devolvió los importes descontados con intereses. Como gobernante se ganó la fama de tacaño. Sus convecinos bromeaban diciendo que Kirchner era igual que el Glaciar Perito Moreno, solo tenía un desprendimiento cada cinco años.

Desconcertante gestión heterodoxa, en la que preparó un cóctel de fuerte y caliente inversión pública en infraestructuras, vivienda, educación y salud, con el duro y frío rigor presupuestario.

No menos desconcertante fué, cuando colocó 527 millones de dólares en un Banco del Gran Ducado de Luxemburgo, correspondientes a las riquezas petroleras de la provincia y a la venta de acciones de YPF, en espera de que se tranquilizasen las aguas de las turbulencias monetarias y previendo una profunda devaluación del peso.

Desconcertante el Kirchner que sucumbió a las presiones del aparato menemista, como cuando dobló la rodilla en la privatización del banco de Santa Cruz ( si bien es cierto que la provincia se reservó una participación). También tuvo la intención de mantener una fuerte presencia del sector público en la actividad económica garantizándose una nutrida red clientelar de empleados públicos.

Tuvo el viento a favor durante su etapa de gobernador con los altos ingresos petroleros, mineros y turísticos. Logró mantener una fuerte presencia del sector público e indicadores sociales opuestos a los nacionales. Su provincia presumía de tener la mejor distribución de la riqueza. Mientras la media de diferencia de ingresos en el país era de 30 veces (entre los más ricos y los más pobres), en Santa Cruz solo se multiplicaba por once, la misma cifra que se registraba para Argentina a la muerte de Perón.

Antes de iniciar su mandato, anunció que su prioridad sería, en una primera etapa, la de terminar toda la obra pública pendiente en el país. Concluír muchas de las viviendas y obras de infraestructura abandonadas, lanzando un conjunto de planes en todas las provincias sobre infraestructura básica que tendiese a generar empleo, mejorando la calidad de vida de la gente.

Pero quizá fuese el párrafo dedicado a las grandes corporaciones multinacionales, en el umbral de su poma de posesión como Presidente, advirtiendo “los intereses de grupos y sectores del poder económico que se beneficiaron con privilegios inadmisibles durante la década pasada, al amparo de un modelo de especulación financiera y subordinación política” el puso, en guardia a Washington, definitivamente.

Según el diario local La Nacion, en las previsiones del Council of Americas, entidad que congrega a cuantos tienen peso político empresarial en los Estados Unidos en los temas continentales, desde Colin Powell a David Rockefeller”. La victoria de Kirchner, le habría dado un gobierno transitorio de un año a la nación Argentina.

Gestos iniciales como los de no recibir al embajador de EEUU, o a los representantes de las empresas multinacionales asentadas en Argentina con las que mantenía profundas diferencias de criterio, le significaron el primer toque de atención del Stablichment. Pero la estirada figura de Santa Cruz, replicó con firmeza: “Mi mayor preocupación es que me acompañen los argentinos, por eso no empiezo por los empresarios, ni por embajador de ningún otro país. En la Argentina, a partir del año 1976, los grupos económicos, financieros, y las corporaciones que tienen que ver con ellos han tenido éxito. Han logrado que gobiernos avalados por la voluntad de la gente terminen siendo absolutamente funcionales a sus intereses. Esto no los hace, ni más buenos, ni más malos, pero la responsabilidad última es de quienes tienen que dirigir un proyecto de país. Tienen que entender que se debe construir un país en el que los intereses del conjunto estén por encima de cualquier interés individuales. Los grupos económicos no van a elecciones. Están acostumbrados a que los dirigentes políticos dejemos nuestras convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno y, en nombre del pragmatismo, profundicemos en políticas absolutamente lamentables, cosa que no estoy dispuesto a hacer”.

Tal como hiciera en Santa Cruz, el presidente argentino, Néstor Kirchner, mostró en su primera semana de gobierno un estilo directo y ejecutivo, que quedó reflejado en una serie de medidas, entre las que incluyó, la renovación de los jefes de las Fuerzas Armadas y la resolución de un conflicto gremial de docentes que impedía el inicio de las clases. El que fuera jefe del Ejército, el general Ricardo Brinzoni, no se mordió la lengua al despedirse del cargo, dijo que tras la decisión de Kirchner "parece regresar la intriga política sobre los cuarteles". Al día siguiente, obtuvo respuesta del Presidente "no es función de los militares analizar las conductas del poder político. No hay ni habrá ningún pacto a espaldas de la sociedad y de la gente, con ninguna corporación, ni institución, ni Corte. No vamos a hacer ningún pacto que garantice la impunidad en la Argentina”.

Dio prioridad a la acción política y a la recuperación de la autoestima colectiva. Actuó como si la reestructuración de la deuda pública no fuese uno de los principales desafíos de un gobierno en el que el endeudamiento llegaba a 155.442 millones de dólares y representaba el 150 por ciento del PBI, el servicio de la deuda suponía un 23,4 por ciento del gasto público en 2001. Tuvo, y tiene, la espada encima de su cabeza, pero prefiere mirar para otro lado.

En julio pasado, Juan Pablo Cafiero, Ministro Provincial, relevó de su cargo al jefe de la " corrupta policía bonaerense", Alberto Sobrado, quien no pudo justificar un depósito de más de 330 mil dólares en una cuenta en Bahamas. Su sucesor ministerial de Cafiero , Juan José Álvarez, separó de sus cargos a otros 16 comisarios de la institución por presunto enriquecimiento ilícito. De acuerdo con La Nación, producto de las sucesivas purgas e investigaciones judiciales que han afectado a la "bonaerense", desde fines de 1997, 1.373 efectivos policiales han sido expulsados de la institución. Decisiones que abrieron recelos en su gran mentor Duhalde, para quien eran “los mejores jefes de la mejor policía del mundo".

En política internacional, dejaron a un lado: las denominadas relaciones carnales con los Estados Unidos, el interés en las negociaciones para la conformación del ALCA o el intercambio exclusivamente comercial con Brasil; que habían dejado como saldo la desarticulación de la estructura fabril, una tendencia hacia la primarización de la economía local y la depreciación del salario. Néstor Kirchner reivindicó una nueva estrategia local regional, procurando la consolidación de Argentina en el Mercosur, para abordar desde una posición de mayor fortaleza, la negociación de la zona de Libre Comercio Hemisférica (ALCA) o las de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En el pasado mes de Octubre, los líderes regionales de Brasil y Argentina, los Presidentes Lula y Kirchner firmaron el Consenso de Buenos Aires que podría considerarse como la antítesis del Consenso de Washington, documento programático del modelo neoliberal. El nuevo consenso, hecho público en la Capital del Río de la Plata, sería "una asociación de carácter estratégico en la que asumimos el combate contra la pobreza y la desigualdad, el desempleo y el analfabetismo, elementos que configuran, sin duda, la pérdida de la libertad y la independencia de nuestros pueblos y hace irreversible la ingobernabilidad en el área”.

Consta de 22 puntos y constituye la base de un programa que aspira a ser no solo regional, si no también continental. Enumera la responsabilidad de los estados en no pagar su enorme deuda externa a precio de hambre o de exclusión social. En no aceptar aquellos programas de ajustes en los que caiga sobre sus ciudadanos el peso de tantos quebrantos económicos.

En ese sentido se apunta la necesidad del fortalecimiento del papel estratégico del Estado a la hora de impulsar políticas públicas que apuntalen el crecimiento sostenido y la distribución equitativa, propiciando ordenamientos tributarios y fiscales más justos.

Buena parte del Consenso de Buenos Aires, promueve un avance en la consecución de una posición estratégica común, que los haga más fuertes en las complicadas y excluyentes relaciones internacionales.

La alargada figura de Kirchner se abre camino en el océano de tanta agitación. El país ya alcanza velocidad de crucero. Este año la economía creció un 7,6%, y la mayoría de entidades de análisis socioeconómico, pronostican que durante 2004 la economía crecerá 6 a 7%. Hace a apenas un mes, las estimaciones no llegaban al 5%.

La heterodoxia de Néstor tiene desconcertado hasta el FMI. Su número dos, Anne Krueger, admitió al diario francés La Tribune haberse sorprendido de que la Argentina lograra crecer sin haber caído en la hiperinflación. De nuevo el FMI admite otro error en las previsiones económicas para Argentina.

Si su mayor objetivo de gobierno era que los argentinos lo acompañasen, sin duda lo está consiguiendo. Junto con Álvaro Uribe, posee el índice de aceptación presidencial más alto de Latinoamérica, que ronda el 80%.

Hasta los incrédulos prevén un buen año para el 2004, ya sitúan sus dudas en la política económica de Kirchner para el 2005.

 
 

Lino Pellitero é analista do IGADI.

 
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ÚLTIMA REVISIÓN: 19/01/2004
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