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Lula y el MST: encuentros y desencuentros
Por Miriam Bader (Canal Mundo, 10/08/2004)
 
 

El primer fin de semana de agosto ocurrió otro incidente sangriento en el estado federal brasileño de Paraná entre unos ocupantes de tierra y la milicia de un latifundista. Un joven militante del MST (Movimento dos Trabalhadores Sem Terra) falleció, siete resultaron heridos, al menos uno de ellos grave. Con esta nueva víctima, el número de campesinos asesinados asciende a más de mil seiscientos desde que hace 20 años el MST inició su política de ocupación de latifundios. Y muestra evidentemente, que una de las reformas más importantes de Brasil, la agraria, promesa estrella del gobierno de Lula, todavía sigue pendiente de realización.

Hace 20 años que el MST se constituyó en el estado de Paraná. En aquel entonces, un total de 80 representantes de diversas organizaciones de todo Brasil se unieron con el objetivo de recuperar el derecho a la explotación de la tierra por parte de los campesinos. Los reunidos constataron la necesidad de organizarse en una gran asociación nacional para reforzar su lucha e impulsar una reforma agraria en Brasil. Desde entonces, el MST se ha convertido en el mayor movimiento social de América Latina y representa en Brasil una fuerza política muy influyente y poderosa.

La distribución de la tierra brasileña es una de las más injustas del mundo. El 2,8% de las empresas agrícolas retiene el control del 56,7% de las tierras fértiles del país, mientras que el 62,2% de los campesinos poseen solamente el 7,9%. Un total de 4,8 millones de familias campesinas no poseen tierra y viven en condiciones de extrema precariedad.

Según dispone el artículo 184 de la Constitución brasileña, la tierra puede ser expropiada cuando no cumpla una “función social”, es decir, cuando no sea objeto de explotación por parte de sus propietarios. En estimaciones del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria de Brasil (INCRA) en esta situación se encuentran aproximadamente 100 millones de hectáreas, que únicamente sirven a sus titulares latifundistas como una inversión inmovilizada.

En los últimos 20 años, el MST ha desarrollado una activa política de ocupación de fincas, con acciones muchas veces espectaculares, orientada a facilitar la explotación de estos terrenos en barbecho, enfrentándose a las milicias pagadas por los latifundistas, derivando en no pocas ocasiones en sangrientos incidentes. Las organizaciones del MST tenían como objetivo “expropiar” las tierras inutilizadas para distribuirlas entre los campesinos sin tierra y alertar al gobierno sobre la necesidad de impulsar una extensa y profunda reforma agraria.

De 1984 a 2004, según fuentes del propio MST, se ha conseguido asentar unas 350.000 familias en terrenos “expropiados”, y unas 160.000 familias más viven en los llamados “acampamentos”, establecidos en las proximidades de los terrenos ocupados, a la espera de que su nueva titularidad sea reconocida y legitimada por el poder público.

Con la abrumadora elección presidencial de Lula en 2002, apoyado por el MST, el movimiento intuyó la posibilidad de dar un gran paso adelante en la realización de la reforma agraria pendiente, ya que en la campaña electoral tanto esta como el fomento de la agricultura familiar fueron presentados como los desafíos y compromisos más importantes del gobierno Lula, quien en su etapa anterior, al frente de la oposición, había apoyado sin reservas las reivindicaciones de este movimiento.

Simbólicamente, Miguel Rosseto, figura muy identificada con el MST, fue nombrado ministro de Desarrollo Agrario, ejerciendo asimismo la dirección del proceso de reforma en el campo auspiciado por el INCRA. Su objetivo, impulsar la promesa de materialización de la reforma agraria, ahora llamada PNRAII. El programa del PNRAII contempla el asentamiento y la creación de una infraestructura adecuada para instalar a 450.000 familias durante el mandato de Lula, que finaliza en 2006.

Pero después de 19 meses de gobierno poco de lo prometido se ha cumplido. La ortodoxia de la política económica del gobierno del PT (Partido dos Trabalhadores), ha derivado en la habilitación de un presupuesto muy reducido, insistiendo en satisfacer prioritariamente el pago de la deuda externa y el cumplimiento de los compromisos contraídos con el FMI. Ello ha dificultado el financiamiento de las medidas urgentemente requeridas en el ámbito social e interno. En 2003 la asignación del ministerio de Desarrollo Agrario se limitó a unos 462 millones de reales, justo lo suficiente para el asentamiento de 22.000 familias, apenas la tercera parte de las 60.000 prometidas por Lula. Según el ministro Miguel Rossetto, para atender ese compromiso se necesitarían, como mínimo, mil millones de reales.

En el año 2004, el gobierno ha destinado para este fin 1,4 mil millones de reales, cantidad suficiente para el asentamiento de unas 115.000 familias, pero hasta el momento sólo ha conseguido instalar a unas 17.000, revelando su incapacidad para gestionar adecuadamente el volumen de recursos destinado a la reforma agraria y provocando el inevitable descontento entre los campesinos.

Pero no sólo las dificultades en la gestión complican la situación. Lula debe evitar además que esta política abra un enfrentamiento con los grupos conservadores que apoyan su gobierno y que intentan frenar la influencia de estos movimientos sociales. El ministro de agricultura, Roberto Rodríguez, presidente también de la Asociación Brasileña de Agribusiness, que apoya la orientación de la agricultura a la exportación y las multinacionales del sector que exigen la implantación de los monocultivos para favorecer la producción en masa, solamente practicables en latifundios, es contrario a esta política. Así mismo la administración de justicia ha mostrado en numerosas ocasiones una clara tendencia a favorecer las tesis de los latifundistas. Todo ello acrecienta la amenaza de parálisis de la reforma.

Para impedirlo y presionar al gobierno brasileño, en los últimos tiempos el MST ha aumentado las ocupaciones. Según sus propias fuentes, en 2003, el número de familias que viven en acampamientos se ha elevado a 116.382, frente a las 75.730 de 2001.

Solo valorando que las familias viven debajo de lonas de plástico, en condiciones muy precarias, con frecuencia en regiones sin una elemental infraestructura social, amenazadas por las milicias de los terratenientes, con riesgo de perder su propia vida, soportando esta situación incluso durante años, se puede imaginar como es de grande la desesperación y la pobreza que comparten, y también cuanta esperanza han depositado en esa aspiración de contar con un trozo de terreno propio que le permita mejorar sus condiciones de vida.

En los veinte años transcurridos, el MST ha logrado agrandarse, multiplicar su influencia y ha visto también sucederse a numerosos gobiernos, pero la situación de las familias campesinas sin tierra no experimentó una mejora sustancial, porque ninguno de estos gobiernos fue capaz o tuvo la voluntad real de aplicar una reforma agraria. Con Lula la reforma también está pendiente.

¿Seguirá todo igual? Con Lula algo significativo ha cambiado: en vez de impedir y reprimir las ocupaciones del MST, el gobierno se ha implicado más en el control y eliminación de la violencia intimidatoria de las milicias de los terratenientes. Lula demuestra así que se siente próximo a este movimiento y sus reivindicaciones, una compensación que no le ha impedido dejar entrever que ha fijado sus prioridades en otras áreas, concediendo más importancia a la estabilidad de la economía que a la solución de los problemas sociales, muchos de ellos crónicos, de su país.

Esa nueva percepción gubernamental de los movimientos sociales es un elemento positivo que el MST debe aprovechar en beneficio propio para que sus justas reivindicaciones puedan abrirse camino, transformando las viejas esperanzas en una realidad al alcance de los campesinos brasileños en demanda de una distribución justa de la tierra. De ello depende que en el futuro se pueda hablar en Brasil y con orgullo del tiempo de Lula.

 
 

Miriam Bader é estudiante da Universidade de Paderborn-Alemania en prácticas no IGADI.

 
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