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América Latina: Democracia atascada
Por Roberto Mansilla Blanco (Canal Mundo, 27/04/2004)
 
 

El reciente trabajo global de investigación realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, con financiamiento de la Unión Europea, titulado “La Democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos”, si bien viene a completar exitosamente una serie de trabajos de investigación sobre la consolidación de los sistemas democráticos en Latinoamérica, ha dejado serios interrogantes sobre el futuro socio-político en la región.

El extenso informe realizado a partir de 2002, con entrevistas a 20.000 personas en 18 países y análisis realizados por un selecto grupo de economistas, politólogos, sociólogos, estadísticos, políticos y líderes sindicales y sociales, deja en el aire un reto ineludible: la necesidad de profundizar la democracia en América Latina y pasar de una “democracia electiva” a una “democracia ciudadana”, donde el compromiso ciudadano en cuanto a la participación política y social aumente de manera considerable.

Es indudable que la región ha experimentado avances significativos en materia democrática en la última década: todos los países latinoamericanos gozan hoy de sistemas de democracia electiva, con niveles paritarios de legitimidad democrática, un escenario muy diferente al que existía en la región hace 20-30 años, donde sólo Colombia, Costa Rica y Venezuela gozaban de sistemas democráticos, ya que la mayor parte de los países latinoamericanos, especialmente en América del Sur, estaban regidos por gobiernos militares ampliamente represivos.

A mediados de los ochenta y, especialmente, en la década de los noventa, vinieron los cambios, fomentados principalmente desde EEUU a través del denominado “consenso de Washington”, un programa de reforma estructural en los países latinoamericanos hacia la democracia y la economía liberal tutelado por EEUU. Salvo escasas excepciones, la época de los golpes de Estado y gobiernos populistas y autoritarios parecía quedar atrás, mas no así sus secuelas. A pesar de la consolidación democrática, la inestabilidad política sigue siendo un problema: cuatro presidentes (Bucaram y Mahuad en Ecuador, Fujimori en Perú y De la Rúa en Argentina) han caído en los últimos años producto de rebeliones sociales, mientras viejos problemas como la insurgencia armada, la criminalidad y el narcotráfico amenazan la naturaleza del sistema democrático. Y la legitimidad del “consenso” impuesto desde Washington ha quedado en entredicho.

Del mismo modo, y a pesar del ligero aumento del crecimiento económico producto de la liberalización económica, los profundos desajustes socio-económicos continúan manifestándose en altos niveles de pobreza, desigualdad y exclusión social. Hoy día, de acuerdo al informe, unos 225 millones de personas viven bajo el nivel de pobreza en Latinoamérica.

Algunas de las conclusiones del informe arrojan señales aún más preocupantes. Para un 43% de los encuestados, la democracia es considerado el mejor sistema de gobierno, mientras un 30,5% mantiene actitudes ambivalentes y un 26,5% actitudes no democráticas. Esto revela que, a pesar del carácter democrático de la mayoría de los latinoamericanos, existe un profundo descontento con la calidad de democracia existente. De allí que el informe arroje el preocupante dato de que un 54,7 % de los encuestados preferiría un “régimen autoritario” a uno democrático, si le “resolviera” sus problemas económicos, una especie de reivindicación del “modelo Pinochet” en Chile.

Al mismo tiempo, el informe revela una profunda desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales: un 59% de los encuestados señalan que los partidos “no están cumpliendo adecuadamente su papel”. Siendo los partidos políticos un elemento imprescindible en las democracias modernas, su caída en desgracia en América Latina es un mal síntoma que, al mismo tiempo, podría demostrar un repentino avance de la sociedad civil hacia la conformación de nuevos movimientos políticos con amplia legitimidad social.

En la dinámica histórica en la que se encuentra América Latina en estos momentos, visiblemente relegada como región de interés geopolítico, la necesidad de repensar la democracia y profundizar en sus valores es la principal conclusión del informe del PNUD. A nivel global, una generación de latinoamericanos ha vivido bajo sistemas democráticos, con experiencias diversas y profundos desajustes socio-económicos, pero aún muy incipiente en cuanto a la naturaleza cívica de la democracia.

 
 

Roberto Mansilla Blanco é analista do IGADI.

 
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