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Caos en Venezuela
Por Roberto Mansilla Blanco (Canal Mundo, 02/03/2004)
 
 

La fuerte represión realizada por la Guardia Nacional y efectivos de la Fuerza Armada contra una manifestación opositora, el pasado viernes 27, ha encendido nuevamente la mecha del enfrentamiento socio-político en Venezuela. Horas antes de que el Consejo Nacional Electoral anunciara al país la decisión preliminar acerca de las 3,4 millones de firmas recolectadas por la oposición para solicitar el referéndum revocatorio contra el presidente Hugo Chávez, las calles de Caracas volvieron a ser escenario de cruentos enfrentamientos, que han arrojado en cuatro días dos muertos y más de 20 heridos. Actualmente, la oposición enrolada en la Coordinadora Democrática, ha instado a la población a una rebelión civil contra el gobierno, ante los continuos retrasos del organismo electoral a la hora de anunciar la decisión.

La manifestación opositora del pasado viernes, calculada en unas 300.000 personas, pretendía llegar hasta el lugar donde al mismo tiempo se celebraba la Cumbre del Grupo de los 15, reunión en la cual el presidente Chávez departía con colegas regionales como el brasileño Lula da Silva y el argentino Néstor Kirchner, con la finalidad de presentarles un documento en el cual instaban a la comunidad internacional a presionar a Chávez en la realización del referéndum. El gobierno ya había anunciado que no permitiría que la manifestación llegara a un kilómetro de distancia del recinto donde se celebraba la reunión, por lo que ocurrió el enfrentamiento que se expandió a ciudades del interior del país como Valencia, Barquisimeto y Maracaibo.

Tras conocerse los sucesos, el presidente Lula da Silva adelantó su salida del país mientras su homólogo argentino Kirchner realizaba una inédita reunión con los dirigentes de la oposición venezolana, entre ellos el gobernador Enrique Mendoza (previsible candidato de la oposición en caso de elecciones post-Referéndum) y el diputado Julio Borges. La marcha de Lula, cuyo país es garante del llamado Grupo de Amigos que busca una solución política para Venezuela, y la iniciativa de Kirchner, dan muestras de ser dos estrategias prudentes desmarcadas del tradicional apoyo que se le atribuía a ambos presidentes con Chávez.

Lo paradójico del enfrentamiento del viernes 27 es que ocurría durante el aniversario del levantamiento popular de 1989 contra el ex presidente Carlos Andrés Pérez, suceso que constantemente ha sido reivindicado por el actual presidente Chávez. Quince años después, el simbolismo de aquellos sucesos han sido utilizados por la oposición también como bandera política en la rebelión contra Chávez.

El CNE decidió el domingo 29 suspender hasta el lunes 1 de marzo su decisión preliminar, aunque anunció que unas 400,000 firmas estaban invalidadas, añadidas a un millón de signaturas que debían pasar por un proceso de revisión formal pautado para el 18 de marzo, por considerarlas defectuosas. Esto dejaría a la oposición con poco más de 2 millones de firmas, insuficientes para la solicitud del referéndum. La OEA y el Centro Carter ya han señalado que no existen evidencias de fraude en la recolección de firmas, lo que ha abierto una fuerte disputa verbal con el gobierno de Chávez.

Desde la Coordinadora Democrática se apresuraron a considerar que esperarían “pacientemente, no pasivamente”, la decisión final del CNE, pero el caos ya ardía en las calles. El domingo 29 se presentaron diversos cortes de calles y barricadas en diferentes zonas del este de la capital, donde se concentra la mayor parte de los partidarios de la oposición, con una nueva represión con gases lacrimógenos y perdigones por parte de las fuerzas de seguridad. Al mismo tiempo, una manifestación de simpatizantes de Chávez, calculada en 100.000 personas, se reunía para escuchar nuevas críticas y ataques del mandatario venezolano contra el presidente estadounidense George W. Bush, al que acusa de financiar a grupos de la oposición y de crear la zozobra en Venezuela con vistas de acabar con su gobierno. Dichos ataques del mandatario venezolano han sido una constante en los últimos días, amenazando incluso con la suspensión de envíos petroleros a EEUU. En las últimas semanas, informaciones reveladoras han demostrado que en Washington apoyaron abiertamente el breve golpe de Estado del 11 de abril de 2002, así como el financiamiento por el valor de $53,000, de agencias norteamericanas a la empresa Súmate, encargada de la recolección de firmas para el referéndum. Tanto representantes del gobierno de Bush como de la oposición venezolana niegan tales acusaciones.

Pero la gravedad de la situación actual revela que Venezuela puede convertirse en el siguiente escenario de enfrentamientos y rebelión civil contra un mandatario, tal y como sucedió en Haití con el ya ex presidente Jean Bertrand Aristide, quien coincidencialmente cayó el domingo 29 de febrero. El gobierno de Chávez ya ha dado señales evidentes de presionar al CNE para el retraso de la decisión final mientras arremete contra un referéndum que considera “fraudulento”. Por su parte, la Coordinadora Democrática ha comenzado a activar un plan de rebelión civil, cuya intención es presionar al CNE para que acepte la convocatoria electoral, escenario que llevará inevitablemente a mayores choques callejeros con grupos simpatizantes del gobierno, así como con fuerzas de seguridad del Estado en los próximos días.

En cuanto a la situación militar, el presidente Chávez parece haber cerrado casi definitivamente un férreo control de la Fuerza Armada nacional, con la designación en enero del General Jorge García Carneiro, uno de sus más leales oficiales, como ministro de la Defensa. García Carneiro ha iniciado un plan de purga de la institución castrense con la intención de crear unas Fuerzas Armadas revolucionarias en un período no mayor de dos años, a fin de evitar cualquier atisbo de rebelión militar contra Chávez. La tarjeta de presentación de los nuevos oficiales “revolucionarios” será su adhesión irrestricta a la Revolución Bolivariana. Paralelo a este proceso, se ha activado un plan de beneficios salariales para la actual oficialidad mientras grupos paramilitares como el Frente Bolivariano de Liberación, recientemente creado en los estados fronterizos con Colombia, tendrían un rol activo clave en la configuración de las nuevas Fuerzas Armadas.

La amenaza del enfrentamiento civil y político en Venezuela se ha agudizado en las últimas horas, mientras la nación permanece en vilo ante la previsible decisión del CNE de no aceptar las firmas para el revocatorio. Mientras en Haití la situación sigue siendo caótica a pesar de la caída de Aristide, Venezuela camina aceleradamente a convertirse en el nuevo escenario de crisis hemisférica.

 
 

Roberto Mansilla Blanco é analista do IGADI.

 
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