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Haití, matadero del Caribe
Por Roberto Mansilla Blanco (Canal Mundo, 17/02/2004)
 
 

Haití, el país más pobre del hemisferio occidental, camina hacia la anarquía y la guerra civil mientras su presidente, Jean Bertrand Aristide, se aferra cada vez más al poder. La crisis haitiana se está convirtiendo en un nuevo test para la OEA, aleccionada por la delicada situación socio-política venezolana y la fragilidad democrática en algunos países regionales.

La rebelión nacional contra el mandatario haitiano comenzó el pasado jueves 5 en la ciudad de Gonaives, en la región de la Artibonite, al norte del país, cuando cientos de manifestantes asaltaron una estación policial, provocando 14 muertos. La expansión de la rebelión contra Aristide, a quien se le acusa de corrupción y autoritarismo, llegó a la ciudad portuaria de Saint Marc, así como a las ciudades de Trou de Nord, Listere y Grand Goave, donde una turba de personas asaltaron y saquearon estaciones policiales, establecimientos privados y embarcaciones en el puerto.

La feroz rebelión, encabezada por desordenados grupos armados de civiles, ya ha tomado prácticamente el norte de la isla, cortando comunicaciones y caminos entre las regiones y la capital, Puerto Príncipe, a pesar de que a última hora la policía logró recuperar el control del puerto de Saint Marc, lugar donde se vivieron grotescas escenas, con los insurrectos despedazando a machetazos los cuerpos de sus víctimas.

Resulta paradójico el caso haitiano por dos razones. Primero, porque la isla de 8 millones de habitantes está celebrando este año el 200 aniversario de su independencia de la metrópolis Francia (hecho que llevó a Haití a proclamar la primera República negra en el mundo), en medio de la peor situación interna de la última década, que amenaza no sólo con acabar con el poder de Aristide sino con atizar un panorama anárquico con posibilidad de convertirse en conflicto armado. La segunda razón de esta paradoja es que la crisis haitiana está complicando aún más la labor hemisférica de la OEA, ya lo suficientemente ocupada por la situación en Venezuela y la región andina, así como la de otros organismos regionales como el CARICOM.

La fuerte presión de grupos opositores, muchos de ellos constituidos en incontrolables grupos armados, está colocando en jaque la posición política de Aristide. Recientemente, el primer ministro Yvon Neptune declaró que la oposición “está fomentando un golpe de Estado” mientras aseguraba que el gobierno no era el responsable de organizar la violencia.

La inédita insurrección permitió conocer el alcance del grupo opositor Frente de Resistencia de Gonaives, y de la existencia de una variada y desorganizada oposición, lo cual arroja recelos sobre la futura estabilidad del país. La violencia que lleva meses asolando el país, ha provocado hasta ahora cerca de 70 muertos, producto de los enfrentamientos entre la policía, los manifestantes y los simpatizantes del presidente.

El líder del Frente, Buter Metayer, es familiar del que fuera principal opositor a Aristide, Amiot Metayer, asesinado en septiembre pasado. Buter Metayer es un antiguo simpatizante de Aristide que ahora se ha convertido en su principal rival ya que acusa al presidente de estar detrás de la muerte de su pariente. En el aspecto político, el principal partido opositor es Convergencia Democrática, el cual se ha negado a asistir a las sesiones legislativas hasta que Aristide renuncie. En las ciudades controladas por los insurrectos, se han creado comités vecinales para ayudar a los rebeldes a controlar y vigilar las zonas.

En esta incierta y caótica situación, el líder de los insurrectos parece ser Winter Ettienne, líder del Frente de Resistencia anti-Aristide, quien ha ordenado a sus simpatizantes proseguir la rebelión nacional.

Por el lado oficialista, Aristide se ha concentrado en formalizar la existencia de grupos paramilitares que acosan y reprimen a sus opositores. El más conocidos de todos ellos es el “chirere”, pero el más importante lo fue un grupo denominado “Ejército del Caníbal”, cuyos elementos son conocidos líderes de bandas criminales. Este peculiar “ejército” es el que actualmente controla Bruno Metayer y se ha constituido como el Frente de Resistencia de Gonaives. Por otro lado, Aristide aún controla importantes sectores populares, especialmente en los barrios más pobres de la capital.

En toda esta vorágine social y política, se encuentran la OEA y el CARICOM o Comunidad del Caribe. Ambos organismos han activado mecanismos de sanciones contra el gobierno de Aristide, conminándolo a que celebre nuevos comicios presidenciales o a que renuncie definitivamente.

La negativa del presidente haitiano a aceptar las recomendaciones de la OEA lo enfrenta ahora a la posibilidad de un aislamiento hemisférico que complicaría aún más la crítica situación interna. En EEUU y la vecina República Dominicana, donde se concentra la mayor parte de la diáspora haitiana, se presiona políticamente a la OEA y a los gobiernos regionales para que actúen contra Aristide.

De este modo, y visto el panorama actual, Haití reúne todas las condiciones de un país considerado “Estado fallido”, incapaz de gobernar, fragmentado en diversas facciones civiles armadas, la polarización política y la extrema pobreza, y sujeto a la intervención internacional, ya sea a través de la OEA o nuevamente, del Ejército estadounidense.

 
 

Roberto Mansilla Blanco é analista do IGADI.

 
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