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El incierto futuro haitiano
Por Roberto Mansilla Blanco (Galicia Información, 03/03/2004)
 
 

A pesar de que la fuga del ex presidente haitiano Jean Bertrand Aristide arroja una eventual y repentina solución al conflicto del país caribeño, la situación de cara a los próximos meses dista mucho de mejorar. En el tapete está lo que harán los jefes de la rebelión militar, la realidad de un Estado fraccionado, una oposición políticamente débil y los intereses de Washington y París.

La caída del régimen de Jean Bertrand Aristide, posibilitada por el inédito eje Washington-París-Ottawa, abre un nuevo capítulo en la convulsionada isla caribeña que, salvo se logre un clima de seguridad y estabilidad, no arrojará mejoras inmediatas en los próximos meses. Una de las razones principales de este problemático escenario lo constituye el hecho de que la presión externa para la salida de Aristide y la intervención de tropas estadounidenses y francesas como garantes de la transición, no ha sido del completo agrado a nivel regional, especialmente en el seno del CARICOM, tal y como señaló el primer ministro jamaiquino P.J. Patterson.

En círculos diplomáticos y políticos se estima que el respaldo de Washington y París a la caída de Aristide y la asunción del procurador Boniface Alexandre como nuevo jefe de gobierno hasta la realización de nuevas elecciones podría provocar un perjudicial efecto en otras latitudes hemisféricas a la hora de respaldar o no a gobiernos elegidos democráticamente que han venido perdiendo su legitimidad. En este apartado, la labor de la OEA, la ONU y otros organismos regionales, está en tela de juicio, sobretodo tomando en cuenta que una crisis aguda y similar a la de Haití se está escenificando paralelamente en Venezuela con respecto al presidente Hugo Chávez y los legítimos intentos de la oposición por convocar un referéndum revocatorio a su mandato, pugna política que ha provocado en los últimos días graves enfrentamientos directos entre las fuerzas de seguridad y los simpatizantes civiles de la oposición.

Otro de los puntos de preocupación de la crisis haitiana es la naturaleza y los objetivos que los líderes de la rebelión militar contra Aristide podrían tener en la constitución de un nuevo gobierno. El jefe de los militares rebeldes, Guy Philippe, de apenas 36 años y quien debe su ascenso castrense al propio Aristide, no ha dado muestras aún de poseer el mando completo de las bandas militares alzadas contra el ex presidente desde hace días. El Frente de Resistencia Nacional posee otros líderes como Bruno Metayer y Phillipe Ettienne, a quien el propio Guy Phillipe calificó como el verdadero líder de la resistencia. Entre los líderes rebeldes podrían aflorar diferencias políticas sobre el futuro de la nación.

Ninguno de ellos parecen tener conexiones directas con los líderes de la oposición política, incluso estos mismos se han desmarcado abiertamente de los rebeldes. A pesar de que los rebeldes han manifestado repetidamente su rechazo a la intervención extranjera, han mostrado un indirecto apoyo a los 300 marines estadounidenses y franceses que inmediatamente llegaron a Puerto Príncipe horas después de que Aristide saliera del país con rumbo a la República Centroafricana, tras una decisión emanada del Consejo de Seguridad de la ONU horas después del abandono del poder por parte de Aristide. Esto arrojó las sospechas entre los partidarios de Aristide y diplomáticos vecinos, de que Washington apoyaba a los rebeldes.

El estilo autoritario y represivo de Aristide dejará igualmente una impronta negativa en el curso del accionar político de la nación, a raíz del hecho de que Aristide aún conserva una considerable popularidad y grupos armados que podrían provocar enfrentamientos contra los rebeldes y las fuerzas extranjeras. Si bien el clima de enfrentamiento y saqueos a nivel nacional ha menguado en las últimas horas, el camino hacia la estabilización nacional parece aún complicado y es poco probable que Haití vaya a elecciones generales este año. Durante todo este tiempo, la situación evolucionará hacia la legitimación, por parte de la OEA y la ONU, del nuevo gobierno provisional de Alexandre respaldado por las fuerzas estadounidenses y francesas, y en las múltiples negociaciones con los partidos políticos opositores, el oficialista Familia Lavalas y los rebeldes militares, a fin de conformar un nuevo gobierno en los próximos 90 días, tal y como reza la Constitución del país. Otro punto importante será el desarme de las descontroladas bandas armadas en todo el territorio, proceso aún incierto y que correrá en mayor medida por parte de las fuerzas extranjeras legitimadas por la ONU.

Para paliar las dificultades económicas de la nación más pobre del hemisferio occidental, el gobierno de George W. Bush se verá en la obligación de liberar paquetes de ayuda económica, valorados en $500 millones, y que habían sido suspendidos luego que se comprobara el fraude realizado por Aristide en las elecciones presidenciales de 2000. La ayuda económica busca también evitar un nuevo éxodo de haitianos a las costas de Florida.

En cuanto al futuro de Aristide, poco se puede conjeturar. El ex mandatario haitiano, quien desde que llegó a la República Centroafricana declaró haber sido “secuestrado” por EEUU, espera obtener el asilo político por parte del gobierno de Suráfrica. Otros destinos que se manejaron como eventuales refugios del ex mandatario haitiano han sido Panamá y Costa Rica, así como Ecuador, país que acogió durante un tiempo al líder rebelde Guy Phillipe como enviado de Aristide para preparación militar, siendo descartada la posibilidad de que la vecina República Dominicana lo recibiera. Otra opción podría ser Taiwán, tras el anuncio no oficial de su gobierno de que estaría dispuesto a recibir a Aristide.

El problema para Aristide ahora es obtener cuanto antes un lugar de refugio porque en los próximos meses, y todo depende de cómo evolucione el nuevo gobierno, las denuncias contra el ex mandatario sobre violaciones de los derechos humanos podrían incrementarse, con la posibilidad aún lejana de repatriación y enjuiciamiento. Resulta claro que Aristide no podrá viajar a EEUU, lugar que le dio refugio cuando fue objeto de un golpe de Estado en 1991, y que permitió la restauración de su gobierno tras la invasión militar estadounidense de 1994. La esposa y los hijos de Aristide son nacionalizados estadounidenses, pero ya en Washington ha avisado que no concederán asilo a ningún miembro de su familia.

En cuanto a los posibles sucesores de Aristide, existen múltiples opciones de cara a las elecciones presidenciales, o a las negociaciones de las fuerzas políticas y militares. Se espera la conformación de un grupo tripartito con representantes de la comunidad internacional, la sociedad civil y figuras moderadas del partido de gobierno Familia Lavalas de Aristide, que nombre un Consejo de Personas Eminentes que dirija la transición. Este grupo recomendaría el nombramiento de un nuevo primer ministro al presidente en activo, en la actualidad Boniface Alexandre, para que prepare las nuevas elecciones.

Los nombres más sonados para el cargo de primer ministro son Herard Abraham, un respetado antiguo comandante del ejército haitiano y viejo conocido de Aristide que vive ahora en el sur del condado Miami-Dade, y Smarck Michel, un destacado hombre de negocios antiguo primer ministro bajo Aristide cuando éste retornó a su cargo después de la invasión armada de Estados Unidos en 1994. Michel posee negocios cerca del aeropuerto de Puerto Príncipe, los cuales fueron objeto de la ira de los partidarios de Aristide durante los saqueos previos a la partida del ex presidente.

Junto a la constitución de un nuevo gobierno legal y legítimo, el otro gran reto para los próximos días será la conformación de un clima de seguridad en un país azotado por la anarquía. Sin Ejército desde 1994 y con una fuerza policial desmantelada entre los simpatizantes y los opositores de Aristide, las tareas de seguridad corresponderán a la fuerza multinacional de la ONU, principalmente conformada por los 1,000 efectivos estadounidenses, franceses y británicos que llegarán al país en las próximas horas. Esto hace de Haití un objetivo para la política exterior de Washington de reconstrucción nacional, similar a los que actualmente ocurren en Afganistán e Irak.

 
 

Roberto Mansilla Blanco é analista do IGADI.

 
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