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Colombia: La geopolítica de los patios traseros
Por Raquel Quinteiro Castromil (Galicia Información, 27/03/2004)
 
 

Si González fue pedigüeño en Europa, Uribe lo está siendo en Estados Unidos. Parece que su gobierno si está obteniendo réditos después del incondicional apoyo que prestara a Bush en la guerra contra Irak. En la visita del jueves a Washington, el actual presidente colombiano viene virtualmente de sellar un pacto con los congresistas de aquel país, por el cual, la presencia del contingente militar estadounidense en Colombia, se duplicará. Uribe, se muestra encantado: “Colombia lo ve bien y sin ninguna preocupación”.

La injerencia militar norteamericana en el Estado latinoamericano responde a la estrategia del Plan Colombia, pactado por los ex presidentes Pastrana y Clinton. El Congreso de Estados Unidos aprobó el plan con la explícita condición de que Colombia recibiría con los brazos abiertos las inversiones del norte, particularmente en lo que corresponde a la explotación petrolera, un apetitoso bocado habida cuenta de la gran cantidad de reservas que se conservan en los yacimientos colombianos. USA aporta al Plan 1.574 millones de dólares de un total de 5.600. Por el momento, el dinero vagamente ha sido invertido en los planes iniciales que motivaran el tratado: salud, educación, desarrollo. La realidad es otra: los fondos previstos refinancian la guerra e impulsan el rearme no sólo del Ejército, sino también de los grupos paramilitares. El presupuesto se dispersa invertido en un sofisticado arsenal y en la compra de megatecnología bélica, los Huey y Black Hawk.

El Plan Colombia se está desenmascarando como una forma de continuación de la injerencia norteamericana en Colombia y en los países del Triángulo Radical. La sempiterna política intervencionista de la Casa Blanca, responde en este caso, no a la lucha antinarcóticos, sino a la aniquilación de la insurgencia representadas en las FARC de Vélez “Tirofijo”. Los militares norteamericanos comparecen en el turbulento y selvático entorno de las acomodaticias guerrillas para extender tentáculos hacia Venezuela y Ecuador, países hostiles. Todo en aras de confinar la insubordinación a la isla cubana y contener la propagación del descontento izquierdista, populista y bolivariano en Perú, Venezuela, Argentina, Bolivia, Colombia y Ecuador.

Entretanto, el gobierno colombiano, solicita la mediación militar norteamericana en una granizada de millones de dólares, armas y glifosatos que carbonizan los campos rociando de muerte todo cultivo, legal e ilegal y precipitando además un deterioro medioambiental que, traspasando fronteras se está dejando ya sentir en Ecuador. Sobre el papel, las estrategias del Plan Colombia se centran en la lucha antinarcóticos, en la reactivación económica del país, en la reforma de la Justicia, en la protección de los Derechos Humanos, en la democratización y en el proceso de negociación para la paz. Pero los resultados obtenidos hasta la fecha, rearme y fumigaciones indiscriminadas, dejan al descubierto otra línea de actuación bien distinta.

Colombia es un país con más de tres millones de desplazados, numerosas masacres y secuestros por año, nueve millones de desempleados, delincuencia desorganizada, clases políticas corrompidas, guerrillas imperecederas, justicia inoperante, impunidad en estado puro, escuadrones de la muerte, deuda externa difícilmente concebible y narcotráfico. Para más inri, intervenido militarmente por Estados Unidos.

Las Autodefensa Unidas de Colombia (AUC), usufructuarias de la violencia por delegación y herederas de los matones de la época de La Violencia que amedrentaban a los campesinos de las tierras de los hacendados, siguen siendo extraoficialmente protegidas por el Estado, incontrovertiblemente vinculadas a las fuerzas armadas, al narcotráfico y a las matanzas de campesinos. Pero Uribe, sin tan siquiera ruborizarse, parece secundar la oferta que las AUC han propuesto al gobierno USA, para participar en las negociaciones de paz abiertas entre las autoridades colombianas y los paramitares. Por su parte, el Departamento de Estado norteamericano, se mantiene firme, o al menos eso aparenta, en su decisión de no cooperar con los terroristas, de uno y otro lado, tanto de las FARC como de las AUC. Entretanto, Kofi Annan, Secretario General de Naciones Unidas, sigue lamentándose por las “graves violaciones” perpetradas contra los Derechos Humanos en Colombia, según comentaba hace escasos días. Pero Uribe, vuelve a sacarse de la manga una coartada: “no se puede solucionar el problema en cuatro años", dice, añadiendo “mi gobierno puede cometer errores. Soy un ser humano, un luchador” y rematándola como sigue: "Colombia está involucrada en una sola lucha, en la lucha antiterrorista”. Por la boca muere el pez… ¿a qué lugar queda postergada, para el gobierno que preside, la lucha contra el narcotráfico? Al mismo que supone combatir a los grupos paramilitares, casualmente, primeros exportadores mundiales de cocaína.

 
 

Raquel Quinteiro Castromil é estudiante en prácticas no IGADI.

 
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ÚLTIMA REVISIÓN: 26/03/2004
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