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Guadalajara: La Cumbre de los desencuentros
Por Raquel Quinteiro Castromil (Canal Mundo, 01/06/2004)
 
 

Cumbres como la de Guadalajara, ya que no para otra cosa, sirven al menos para evidenciar las incoherencias crecientes de la globalización capitalista. La contrariedad se manifiesta en que, si bien muchos de los problemas derivados son globales, especialmente la degradación medioambiental y el agotamiento de los recursos, la desigualdad, en este caso entre la Unión Europea y el continente Latinoamericano, ha aumentado al punto de dificultar cada vez más una solución cooperativa entre iguales.

En este contexto no cabe más que una cooperación internacional asimétrica que por otra parte va a estar condicionada política y económicamente según beneficie más o menos, no al receptor como debiera ser, sino al donante.

La excusa de la cumbre, el multilateralismo, no ha sido más que eso, una excusa. Los europeos han ido a oficiosamente a Guadalajara a exigir que el Área de Libre Comercio de las Américas abra generosamente sus puertas a las inversiones y bienes de consumo europeos. Oficialmente, los jefes de gobierno de los Estados reunidos en la ciudad mexicana departieron sobre solidaridad internacional, lucha contra el terrorismo, subdesarrollo, pobreza y sobre cómo combatir tantas penas y miserias.

Fue, como estaba previsto, una cumbre cargada de solidarias intenciones y palmaditas en la espalda, alborotada por los aspavientos del lugarteniente de Castro que erre que erre, insistió en que el documento final de la conferencia hiciese mención expresa a la condena contra EEUU a propósito de las torturas de Abu Gharib y al embargo que sufre la isla cubana. No se salió con la suya como cabía esperar. Cuba comparece en este tipo de cumbres desde los últimos tiempos para aporrear la mesa de negociaciones y arrojar improperios contra la aberrante Helms Burton. No sin razón. La delegación cubana, sin Fidel a la cabeza, fue acusada de ser poco constructiva, de buscar el enfrentamiento y de alborotar el gallinero. Por su parte, el presidente cubano, seguramente el único que puede decir a estas alturas lo que le viene en gana, manifestó que la de Guadalajara sería una cumbre de "carácter puramente ceremonial, en la que la Unión Europea no se compromete absolutamente en nada, ni siquiera al respeto más elemental del principio de no intervención". Castro no dejó de aprovechar la ocasión para denunciar “la complicidad de la Unión Europea con los crímenes y agresiones de Estados Unidos contra Cuba" al no condenar de una buena vez el bloqueo que sufren la isla. Acusó a algunos gobiernos de Estados latinoamericanos de servir a USA traicionando los lazos de fraternidad con Cuba y recalcó que Guadalajara, además de ser una farsa, estaría concebida "de forma que no pueda haber ningún verdadero debate libre".

Las ausencias fueron notables. Del lado americano ni Alejandro Toledo, ni Kirchner. Del lado europeo, ni Blair ni Berlusconi. Fue, eso sí, el estreno de Zapatero en su primer acontecimiento de relevancia internacional fuera de Europa. Lula da Silva aprovechó la ocasión para acercar posturas con el presidente del nuevo ejecutivo proponiendo España como sede permanente de la Secretaría para las futuras cumbres entre la Unión Europea, Latinoamérica y el Caribe.

Además de multilateralismo, Guadalajara fue sede de manidos discursos dadivosos en los que se habló de procurar la reforma institucional de Naciones Unidas y aún más lejos, de las estructuras financieras internacionales.

La III Cumbre de la Unión Europea, América Latina y el Caribe arrastró consigo su par lógico: una vez más el heterogéneo batallón antiglobalización estuvo donde tenía que estar, en las calles. Las fuerzas de seguridad sitiaron la ciudad. Más fácil hubiese sido atrincherarse frente al McDonalds, ya se sabe, el estilo Jose Bove dejó huella y desde entonces la multinacional americana de comida basura es, claramente el blanco de las frustraciones de los que violentamente plantan cara a la globalización neoliberal. Entretanto Fox pronunciaba su discurso de clausura, en la calle se desataba una batalla campal cuyo balance de heridos y detenidos, probablemente no conozcamos.

Seguramente estas líneas podrían guardarse y replicarse para la próxima cumbre o encuentro internacional pues, sea cual sea su razón de ser, multilateralismo, comercio o medioambiente, vista una, vistas todas.

 
 

Raquel Quinteiro Castromil realiza prácticas no IGADI.

 
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