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¿Una carrera armamentista en Sudamérica? Entre el pacifismo “ingenuo” y las hipótesis de conflicto
Matías Alejandro Magnasco (igadi.gal, 27/10/2009)

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Recientemente se dio a conocer el nuevo acuerdo entre Brasil y Francia según el cual el primero desembolsaría más de 12000 millones de dólares para la adquisición de tecnología militar de última generación. Esto no es noticia en un escenario regional en el que en los últimos años prácticamente todos sus países se están volcando a la compra de material militar de vanguardia. Aunque es importante la magnitud de este acuerdo, histórico para Brasil, lo que más llama la atención es la indiferencia de algunos gobiernos de la región sobre este asunto.

Algunas consideraciones sobre la región a tener en cuenta en este contexto de rearme: las doctrinas de Defensa de los países de la subregión sudamericana se vuelcan hacia la defensa de los recursos naturales, presentes en abundantes cantidades, contra un agresor externo de mayores capacidades. De esta manera, en cuanto al combate terrestre, se adaptan las Fuerzas Armadas para el combate en grandes espacios pero en grupos de despliegue rápido y fuerzas especiales versátiles con capacidad de efectuar “golpes de mano”. Ejemplo de ello son las nuevas unidades de infantería móvil que Brasil se encuentra en proceso de desplegar en el Amazonas, como parte de su doctrina estratégica de Defensa1. Por otro lado, siguiendo con este parámetro del combate en espacios extensos, también se encuentran presentes programas de adquisición de tanques de tecnología de avanzada, tales como los 350 Leopard II alemanes adquiridos por el Ejército de Chile, con capacidad de efectuar soluciones de tiro a una distancia efectiva de 4 Km. con un cañón de 120mm y con munición capaz de perforar el blindaje de su oponente. A todo esto se suman las compras de aeronaves de última generación por parte de Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Brasil y hasta Bolivia, país que ha adquirido cazas a China tras la negativa de Estados Unidos de materializar un acuerdo con República Checa2.

Lo llamativo es que, mientras las doctrinas cambian, y la mayoría de los países se rearman en consonancia con sus doctrinas, existen otros en donde se presentan incoherencias desastrosas. Nos vamos a referir al caso particular de Argentina, que ha adoptado, al igual que Brasil, una doctrina de defensa de los recursos naturales estratégicos, más precisamente, del Acuífero Guaraní y de los Campos de Hielo Patagónicos Meridionales (vulgarmente conocidos como hielos continentales), por el cual ha modificado la distribución de los cuerpos de Ejército. Pero contrariamente al resto de los países sudamericanos, no ha invertido un dólar en modernización del aparato militar, salvo 3 aviones de transporte de pasajeros para la aerolínea estatal LADE. Es cierto que existen necesidades urgentes como obras públicas, salud y educación, pero en un país en el que el gobierno invierte un paupérrimo 0,8 % del PBI3 en Defensa y prefiere gastar mas de 600 millones de pesos anuales (162 millones de dólares aproximadamente) para televisar fútbol gratis en lugar de evitar llegar al punto de no retorno en que se encuentran las Fuerzas Armadas argentinas por la obsolescencia del material, y pensar en la importancia de poseer un aparto de defensa creíblemente disuasivo en un mundo que se inclina cada vez más a las guerras por los recursos (y en el que Sudamérica será, posiblemente, un escenario de conflicto este siglo XXI), es de vital importancia concientizar a la población y, principalmente, a los poderes ejecutivo y legislativo sobre esta problemática.

A su vez, lo antes mencionado demuestra la ingenuidad del gobierno argentino al pensar que ser pacifista significa no invertir en Defensa, si es que éste es el motivo de la desinversión en el sector, ya que no es lo mismo: no se debe confundir el pacifismo ingenuo, al cual nuestro gobierno aparentemente ha llegado4, del pacifismo propiamente dicho, según el cual un Estado será pacifista en la medida en que sus capacidades militares sean lo suficientemente fuertes para sentirse seguro a sí mismo, y hacer sentir seguro a su vecino, lo cual no significa que para que el vecino se sienta más seguro, halla que desarmarse. Por otro lado, no podemos negar que en la región existen hipótesis de conflicto, como ha dicho nuestra ministra de Defensa, Nilda Garré, luego de la cumbre de presidentes de la UNASUR en Bariloche. Existen hipótesis de conflicto entre Chile y Perú por el problema limítrofe en el océano; entre Colombia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua por problemas que van desde los territoriales hasta el poder5; entre Venezuela, Estados Unidos y Guyana, por problemas de poder y de delimitación de territorio, respectivamente; etc. Esto está claramente demostrado. Tampoco hay que negar que existan hipótesis de conflicto secretas, pero eso es otro tema que no puede tratarse por la falta de información.

La cuestión radica en desmitificar el sesgo belicista de la idea de “hipótesis de conflicto” entre la población y los gobernantes. Esta idea, o la adaptación de una hipótesis de conflicto, no significa llamar “enemigo” al Estado o grupo con el cual se considera una hipótesis de este tipo6, sino simplemente significa “estar preparado para, en caso de…”, tener la estrategia y los medios disponibles para ser desplegados inmediatamente en caso de ser necesario. No se puede negar en un país como Argentina, con la extensión geográfica y los cuantiosos recursos naturales, una (o más) hipótesis de conflicto. Por ejemplo, el Pentágono ha ordenado a sus investigadores hacer un estudio de todos los acuíferos del mundo, y el Guaraní es el tercero más grande del planeta. Esta información está al alcance de cualquier persona. Le agregamos las siete bases colombianas que militares norteamericanos utilizarán para la “lucha contra el narcotráfico y el terrorismo” con el uso, incluso, de aviones AWACS, cuyo radar intercepta aeronaves en un radio de casi 500 Km., cubriendo una superficie de 312.000 km2, algo muy molesto para Brasil tener esas aeronaves operando en su frontera, junto con las denuncias de Estados Unidos de la Triple Frontera como punto de financiamiento del terrorismo internacional, y la base Mariscal Estigarribia en Paraguay, donde podrían alojarse militares norteamericanos, y ya tendríamos la primer hipótesis de conflicto de Argentina, la de la Cuenca del Plata. Por otro lado, la cuestión Malvinas y el Atlántico Sur es el segundo escenario que el gobierno debería trabajar con intensidad. La presencia militar británica presente en las islas es igual a la cantidad de población civil presente. A esto le sumamos la capacidad de proyección británica desde las islas a la Antártida y la ampliación de las capacidades militares en las islas. Asimismo, este año los europeos manifestaron su intención de instalar una base militar europea en las Malvinas, con el visto bueno de los británicos, pero ningún presidente de la UNASUR convocó a una reunión para condenar esa decisión, como sí lo hicieron con las bases colombianas. Esto se debe a la falta de una Política Exterior seria y de Defensa de un gobierno de turno que se desvive por buscar un enemigo interno con el cual espiar con aviones UAV de última generación, los cuales cuestan mas de 12 millones de dólares cada uno y estarían dispuestos a comprar cantidades importantes a Israel, y que podrían usarse para la lucha contra el narcotráfico en el norte del país, que crece día a día. Ya tenemos una segunda hipótesis de conflicto, la del Atlántico Sur7.

Para finalizar, en mi opinión, no existe una carrera armamentista en el sentido clásico. Es cierto que un Estado compra armas debido a que su vecino también lo hace. Es la lógica del equilibrio de poder que mantiene la estabilidad regional (y también mundial, dependiendo el caso). Pero en mi opinión lo que se está dando en Sudamérica es un recambio de material bélico extremadamente obsoleto, sumado a la importancia que dan los presidentes al futuro escenario global, entendiendo, como bien lo hacen en Itamaraty, que un pensamiento estratégico, a largo plazo, es la única forma para que el Estado y su pueblo progresen, y no con medidas de corto plazo. No por nada el presidente francés Nicolas Sarkozy mencionara que “Brasil se ha convertido en un país insoslayable, un gigante del que el mundo no puede prescindir a la hora de enfrentar los desafíos que nos esperan”. Los verdaderos estadistas, artífices del progreso del Estado, son aquellos que poseen un pensamiento estratégico en el que visualizan el escenario internacional  25 ó 50 años a futuro. Juan D. Perón, ya en los años ´50, hablaba del escenario internacional para el año 2000, en el cual visualizaba las guerras por los recursos que sobrevendrían y las medidas que deberían tomarse en Argentina y la región, en ese momento, para no ser sobrepasados por estos conflictos al entrar en el siglo XXI. No estaba equivocado.

Fuentes

www.infodefensa.com

www.horaciocalderon.com

La Nación electrónico

Clarín electrónico

Observatorio Cono Sur Defensa y Fuerzas Armadas

1. Que consta de tres escenarios estratégicos a defender: el Amazonas, con la mayor biodiversidad del planeta; la cuenca del Plata, con el Acuífero Guaraní; y el escenario del Atlántico, con los 50.000 millones de barriles de petróleo que se estiman en el PRESAL.
2. No vamos a explayarnos sobre datos específicos sobre el armamento en adquisición debido a que no es la naturaleza de este trabajo.
3. En el cual prácticamente el 80% del mismo se destina a salarios. Hay que recordar que un complejo militar industrial, bien manejado, crea fuentes de trabajo y, si tiene posibilidad de exportar, generaría un ingreso de divisas importante. Esta es la idea que tienen en Brasil al firmar los acuerdos con Francia, la transferencia de tecnología para producir en su país y crear independencia productiva.
4. Aunque es necesario aclarar que la desinversión en el área de Defensa data de hace 30 años aproximadamente.
5. Conflicto Barometer. Heidelberg Institute.
6. Me refiero a grupo ya que muchos Estados tienen hipótesis de conflicto con entidades que no son precisamente Estados.
7. Respecto de los futuros conflictos que Argentina podría llegar a enfrentar, cabe destacar que hay varios anallistas que tratan la cuestión de los “mapuches” como un conflicto en ciernes. La cuestión radica, tal como lo mencionan determinados autores, en evitar que este conflicto crezca en el futuro para ser un problema mayor que dé derecho a ciertas potencias a intervenir de alguna manera. Le he dedicado este párrafo al pie ya que el tema del artículo se centra en la “carrera de armamentos” en la región.
 
 
Matías Alejandro Magnasco
Cursante de Maestría en Relaciones Internacionales por la Universidad Internacional Tres Fronteras y el Círculo de Legisladores de la Nación. Miembro del Observatorio de Colombia del CAEI y del Centro Aeronáutico de Estudios Estratégicos..
 
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