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El gigante brasileño
Roberto Mansilla (Revista ZETA (Venezuela), 10/09/2009)

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La recientemente consolidada “alianza estratégica” entre Brasil y Francia supone una alteración sensible y significativa del escenario geopolítico y militar sudamericano, medido en una proporción similar al pacto militar que están llevando a cabo Washington y Bogotá, sobre la utilización de territorio colombiano para albergar bases militares estadounidenses.

Así, Brasil estaría constituyéndose en la gran potencia militar hemisférica tras EEUU, consolidando un nivel de rearme armamentista incrementado en los últimos años, incluso con perspectivas de carácter nuclear, y presionando en sus demandas para ser incluido en un hipotéticamente ampliado Consejo de Seguridad de la ONU y en otros organismos, como el G-8.

En este sentido, el presidente francés Nicolás Sarkozy aseguró en Brasilia ante su homólogo Lula da Silva, el apoyo de París a estas demandas brasileñas.

El blindaje militar de Brasilia

La nueva estrategia militar brasileña de fortalecer a sus Fuerzas Armadas y concretar pactos de cooperación militar con grandes potencias ha sido oficialmente explicado por razones de “defensa de la soberanía nacional”, especialmente en torno a los recursos naturales amazónicos y los nuevos yacimientos petroleros descubiertos en su costa atlántica.

No obstante, y si bien las intenciones diplomáticas, militares y geopolíticas brasileñas tienen un cariz pacifista, circunscribiéndose a los cánones del “soft power” o “poder blando”, un Brasil rearmado, solidificando una relación militar y estratégica con potencias mundiales como Francia, Brasil, Rusia e India, y ascendiendo en el escenario internacional como un polo emergente en un mundo multipolar, es una posibilidad que juega un factor estratégico en el convulsionado escenario sudamericano, salpicado en los últimos meses por toda serie de alianzas militares y geopolíticas.

Ante ello, el presidente brasileño Lula da Silva aprovechó el carácter simbólico e histórico que significaron los actos conmemorativos de la independencia de su país, el pasado 8 de septiembre, para dar un golpe de efecto de gran envergadura. Con su homólogo francés Sarkozy como invitado estrella, Lula ató con París una serie de acuerdos militares que ponen en guardia al hemisferio americano.

El blindaje militar brasileño con Francia se interpreta en la compra de armamento por valor de 12.300 millones de dólares, que harían de Brasilia el principal comprador de armamento en el hemisferio occidental, con perspectivas de ampliar su poderosa industria militar hasta convertirse en un gran productor a nivel hemisférico y mundial. Del mismo modo, Lula acordó con Sarkozy la compra del primer submarino nuclear en América Latina, así como 50 helicópteros y la posibilidad de adquirir 36 aviones cazas de combate.

Lula busca modernizar las Fuerzas Armadas brasileñas, por lo que el pacto militar con Francia le permite jugar con fuerza en el escenario internacional, especialmente a la hora de alcanzar tecnología militar punta. Pero las repercusiones pueden ser considerables si se miden dentro del concierto sudamericano, donde los movimientos geopolíticos militares están adquiriendo niveles de auténtica carrera armamentista.

Los ejes sudamericanos

Veamos, pues, cómo se configuran los nuevos ejes militares en América del Sur. No hay duda de que el pacto militar entre EEUU y Colombia para albergar siete bases militares estadounidenses en territorio colombiano, oficialmente destinado para la lucha antidrogas, trastoca sensiblemente el equilibrio geopolítico y militar regional.

Del mismo modo, la Venezuela del presidente Hugo Chávez acelera la conformación de un eje alternativo a la hegemonía estadounidense, con Rusia e Irán como principales socios, sin desdeñar a China, país cuya diplomacia a varias bandas evidencia sus intereses globales.

Con el eje Washington-Bogotá trazado y consolidado desde el 2000 con la puesta en marcha del Plan Colombia, cada vez más ampliado hacia perspectivas andinas, Chávez aprieta el acelerador hacia Moscú y Teherán, plazas básicas que explican su actual gira internacional que le llevó, igualmente, a Libia, Argelia, Siria, Turkmenistán y Bielorrusia.

Así, y con el poder bélico ruso en pleno Mar Caribe y la presencia iraní en América del Sur, básicamente a través de Chávez, Washington acelerará con mayor rapidez el acuerdo militar con Bogotá y sus intenciones de ver al mandatario colombiano Álvaro Uribe Vélez reelecto en el poder para el período 2010-2014. Pero queda Brasil como eje central, concentrado en sus propios intereses y perspectivas.
 
Los intereses brasileños

El pacto militar y nuclear entre Brasil y Francia constituye, igualmente, un elemento exógeno e inédito en el concierto regional. Pero Brasilia no parece limitar únicamente a París como socio militar, debido a que el propio Lula ha trazado planes similares con China y, en menor medida, con Rusia e India.

El pacto con París le permite a la industria militar brasileña revitalizarse con un socio militar internacional de categoría. Sarkozy se comprometió a comprar una decena de aviones militares brasileños KC-390. Con ello, el objetivo brasileño es fortalecer su industria militar ya no como comprador sino como un potente productor y vendedor latinoamericano de armamentos.

En este sentido, Brasilia espera provocar una ruptura en su tradicional dependencia militar de Washington, incluso con la posibilidad de utilizar el territorio vecino de la Guyana francesa como posible plataforma para una industria espacial brasileña, a largo plazo. Desde que Lula llegó al poder en 2002, el presupuesto militar brasileño se incrementó un 50%

La potencialidad militar brasileña se incrementa tomando en cuenta que es, tras EEUU y la Unión Europea, el tercer productor mundial de armamentos y, con casi toda probabilidad, el principal comprador a nivel latinoamericano. Según el informe anual del Instituto para la Investigación sobre la Paz Internacional (SIPRI), Brasil ocupa el puesto 12º en la lista de países con mayor inversión en materia de defensa y el primero en América Latina.

En 2008, el gigante sudamericano desembolsó US$23.000 millones, en gasto militar, equivalentes al 1,5% del Producto Interno Bruto. Con estos acuerdos, el negocio militar brasileño con Francia roza los 10.000 millones de dólares, una cifra superior al comercio militar que actualmente existe entre Venezuela y Rusia y entre EEUU y Colombia.

Elección 2010

De cara al futuro, especialmente ante las elecciones presidenciales previstas para octubre de 2010, resta por observar cómo se medirá este fortalecimiento militar brasileño entre las candidaturas presidenciales. Es una incógnita considerar cuáles serán las perspectivas, en este sentido, para el opositor José Serra, a quien las encuestas dan como posible ganador.

Por su parte, la candidata oficialista Dilma Roussef estaría persuadida a seguir estos proyectos de fortalecimiento militar mientras las candidaturas más a la izquierda, como Marina Silva, podrían mantener una visión más pacifista y ecologista, en especial en lo relativo a los derechos ambientales amazónicos.

Del mismo modo, diversos congresistas brasileños, especialmente de partidos de izquierda y ecologistas, cuestionaron los acuerdos militares de Lula con Sarkozy y el elevado gasto militar brasileño, considerando que suponían movimientos “propios de juegos de guerra”, cuando no parecen existir “amenazas de guerra” en el contexto sudamericano, a pesar del incremento del gasto militar.

Para muchos analistas, Lula resucita los proyectos desarrollistas y de potenciación internacional de Brasil adoptados por la junta militar entre 1964 y 1985, lo cual es visto como una evidencia de que Brasilia quiere construir una fortaleza militar alrededor de su potencial geopolítico. Consolidándose como un “soft power” pero manejando sutilmente el “hard power”, Brasil pide paso en el escenario multipolar internacional.

 

 
 

Roberto Mansilla Blanco,
analista do Igadi.

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ÚLTIMA REVISIÓN: 10/09/2009


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