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¿La hora del pragmatismo? Los retos del ALBA ante la coyuntura regional de 2012
Roberto Mansilla (Revista Densidades, 05/2012)

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Tras un intenso período de actividad orientada a la ampliación de sus miembros y su consolidación como alternativa de integración regional, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), formalmente creada en 2004, transita en el presente 2012 por un momento clave de consolidación, en gran medida manifestado por la asunción y persistencia de nuevos organismos de integración (UNASUR y CELAC), por los cambios geopolíticos hemisféricos y la coyuntura electoral latinoamericana y, adicionalmente, por las incertidumbres ante los procesos de transición de países miembros (Cuba), la polarización existente en otros (Venezuela, Nicaragua) y, particularmente, por la influencia de factores personales, en especial el estado de salud de su principal impulsor, el presidente venezolano Hugo Chávez Frías.

No obstante, el ALBA sigue transitando con normalidad en cuanto al cumplimiento de sus agendas de trabajo, cumbres y reuniones sectoriales, así como en lo relativo a la viabilidad y concreción de sus mecanismos de integración plenamente autóctonos (Banco del Sur, aplicación del SUCRE como moneda única, ALBA-TCP, PETROCARIBE, TELESUR, Consejo de Movimientos Sociales, ALBA Cultural, etc), focalizando el factor de la integración social y solidaria y la lucha contra la pobreza como elementos clave de definición.

Sin desdeñar su vocación “rupturista” con los mecanismos tradicionales de integración hemisférica y, en particular, con su rechazo a la visión neoliberal emanada del Área de Libre Comercio (ALCA) impulsado por Washington, el ALBA actual parece igualmente persuadido a fomentar una visión de mayor pragmatismo en materia de integración regional, muy probablemente enfocado en vertebrar determinados equilibrios geopolíticos ante el impulso (y el pulso) de actores con indudable peso geopolítico como Brasil y EUA.

Resulta igualmente importante considerar que el ALBA se inserta en la definición de un nuevo momento político para América Latina, donde la asunción de gobiernos progresistas y con diversos matices de izquierda y, particularmente, de movimientos sociales con cada vez mayor influencia política y electoral, se esfuerzan por abrir nuevas alternativas de integración autóctonas que cuestionan e intentan sepultar la preservación del “Consenso de Washington” instaurado a partir de 1990, y su visión neoliberal en materia de privatización económica, disminución del sector público y del papel del Estado y adopción de mecanismos de libre comercio, bien a través del ALCA o de tratados bilaterales.

Bajo esta perspectiva, el ALBA ofrece una nueva alternativa inserida en la pléyade de organismos de integración actualmente existentes en América Latina aunque, de alguna u otra forma, amplía la perspectiva de una “región fraccionada y sin rumbo en temas de integración y concertación política”(1), con un marcado “exceso de opciones subregionales” en materia de integración que igualmente dificultan una visión conjunta sobre la homogeneidad de los procesos de integración latinoamericanos y su viabilidad a mediano y largo plazo.

La crisis de 2009 y el nuevo contexto geopolítico

Tras superar la crisis de 2009 con el golpe militar en Honduras contra el entonces presidente Manuel Zelaya y la posterior salida del país centroamericano del ALBA(2), la coyuntura geopolítica ha sido un factor de atención constante para los países miembros de este organismo de integración, así como para sus socios observadores.  

Con mayor o menor magnitud, esta coyuntura geopolítica acaecida durante el período 2009-2012 se muestra determinada por acontecimientos puntuales en diversos países miembros o, incluso, en otros asociados y cercanos al ALBA, sucesos que de alguna u otra forma influyen en su devenir como proceso de integración regional.

Entre estos acontecimientos podemos destacar:

  • El ya mencionado golpe de Estado en Honduras, el cual constituyó la primera caída de una pieza geopolítica relevante para el ALBA al posteriormente retirarse este país centroamericano del organismo;
  • Aunque consolidada internamente, la revolución social e indigenista de Evo Morales en Bolivia ha vivido desde 2008 situaciones de tensión y polarización interna con implicaciones desde el exterior, en particular en los departamentos orientales fronterizos con Brasil, donde radica la riqueza energética boliviana;
  • La implicación del ALBA como organismo de ayuda humanitaria tras la devastación del terremoto de Haití (enero de 2010), así como motor de vertebración de una eventual y futura admisión haitiana al ALBA;
  • El fin del ciclo presidencial de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) y la asunción de su sucesor Juan Manuel Santos en la presidencia de Colombia, en particular ante las tensiones generadas por el presunto apoyo del gobierno venezolano de Hugo Chávez hacia la guerrilla de las FARC;
  • Las tensiones políticas acaecidas en Ecuador con el intento de desestabilización de septiembre de 2010 contra el presidente Rafael Correa;
  • El repentino ascenso electoral de la oposición venezolana tras las elecciones legislativas de 2010, con miras a las presidenciales de octubre de 2012;
  • La victoria electoral presidencial de Ollanta Humala en Perú (abril de 2011) y en particular su posición geopolítica en torno al ALBA, con énfasis en verificar casos anteriormente polémicos como la activación de las “casas del ALBA” y el presunto financiamiento de Chávez a la campaña electoral de Humala en 2006;
  • La reciente victoria electoral (marzo de 2012) de la derecha en los comicios municipales de El Salvador, un país que si bien no es miembro del ALBA sí está asociado desde 2006 a determinados mecanismos de integración, especialmente de carácter energético, en especial ALBA Petróleos. Este aspecto es relevante por la asistencia energética preferencial de ALBA Petróleos en municipios gobernados por la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), partido actualmente en el poder. Varios de estos municipios serán ahora gobernados por el conservador y derechista partido ARENA, acérrimo detractor del FMLN y del ALBA;
  • La no menos polémica reelección presidencial del mandatario nicaragüense Daniel Ortega en noviembre de 2011, que podría reavivar situaciones de polarización interna, dirigidas a evitar una presunta implicación de Chávez a través del ALBA;
  • La posición de alineamiento del ALBA con países incluidos como miembros observadores del organismo, siendo los casos de Siria e Irán, ambos inmersos en crisis internas y de presiones internacionales. Un escenario igualmente extensivo al rechazo en bloque del ALBA a la intervención internacional en Libia (marzo de 2011).

De algún u otro modo, estos acontecimientos han generado un grado de interés y de implicación no sólo para los miembros del ALBA sino para el resto de países del contorno andino, sudamericano, caribeño y centroamericano que circundan en el radio de actuación de este organismo. Con ello, la atención se enfoca en observar su grado real de cohesión y consolidación interna y los riesgos y retos que se abren para el ALBA en el nuevo contexto geopolítico regional.

El peso del ALBA: de Alternativa a Alianza

Sin cumplir aún un decenio de existencia, una visión sucinta del ALBA expresa un notable y significativo avance a nivel hemisférico, con una particular visión de integración obviamente no exenta de dificultades, polarizaciones y presiones exteriores. Su continuidad parece dar cuenta de una marcada fluidez en sus frecuentes cumbres y reuniones, celebrándose hasta ahora once cumbres del ALBA.

De manera no formal, el ALBA comenzó a ser concebido durante la celebración de la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe, celebrada en la Isla de Margarita (Venezuela), en diciembre de 2001. Allí, el presidente anfitrión Hugo Chávez Frías esgrimió su visión de integración continental, basada en la necesidad de superar los mecanismos tradicionales de integración y, particularmente, la visión neoliberal emanada del ALCA.

Basándose en principios “bolivarianos” y de otros emancipadores latinoamericanos, el ALBA comenzó a diseñar  sui generis unas bases de definición concentradas en la “autodeterminación y la soberanía de los pueblos, cuyos principios observan y buscan una alternativa de integración para contrarrestar las medidas de políticas económicas propuestas e implementadas a finales del siglo pasado, durante las décadas de los ochenta y noventa, por algunos organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional”(3).

No fue hasta diciembre de 2004 cuando los gobiernos de Venezuela y Cuba firmaron el “Acuerdo entre el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y el Presidente del Consejo de Estado de Cuba para la aplicación de la Alternativa Bolivariana para las Américas”, documento fundacional del ALBA. Desde entonces, este organismo se ha ampliado a seis miembros más, siendo estos Bolivia (ingresó en 2006), Nicaragua (2007), Dominica (2008), Ecuador, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda (2009). Todo ello sin olvidar que Honduras bajo la presidencia de Manuel Zelaya ingresó al ALBA en 2008 para separarse del mismo en enero de 2010, tras un proceso determinado por el golpe de Estado contra Zelaya (junio de 2009) y el posterior proceso de transición política y electoral que llevó a la presidencia a Porfirio Lobo (noviembre de 2009).

El nacimiento del ALBA supuso la creación de una alternativa de integración regional que resultó interesante para algunos países latinoamericanos, en especial en un contexto geopolítico determinado por “la inviabilidad del ALCA, por un lado, el discurso político contra la hegemonía de los Estados Unidos en la región, el tema de las asimetrías, la diplomacia del petróleo, el crédito y la cooperación usados por el presidente Chávez”(4). Con ello, el ALBA nace con una clara vocación política y no menos ideológica, con miras a promocionarse ante los organismos internacionales como baluarte de un nuevo modelo de integración consolidado en sus principios rectores: Solidaridad, Cooperación, Complementariedad y Reciprocidad(5).

Estos principios básicos se fundamentaron en los posteriores documentos oficiales emanados de sus sucesivas cumbres y agendas de trabajo, con especial atención a la oposición a las reformas del libre mercado, la no limitación de la acción reguladora del Estado en beneficio de la liberalización económica, la armonización de la relación Estado-Mercado, la lucha contra la pobreza y la exclusión social o el fortalecimiento del Estado con base en la participación del ciudadano en los asuntos públicos(6), este último un principio que emana de la concepción de la Democracia Participativa esgrimida en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de diciembre de 1999.

El devenir del ALBA tras su creación anuncia futuras y nuevas admisiones. Durante la realización de la XI Cumbre del ALBA celebrada en Caracas en febrero de 2012, se acordó convocar a Haití como invitado permanente, siendo este país antillano miembro observador desde 2007. Al mismo tiempo, se agilizaron las negociaciones para un futuro ingreso de la isla caribeña de Santa Lucía, la cual ya manifestó a través de su primer ministro Kenny Anthony, su intención de ingresar en dos etapas: primero a través de PETROCARIBE y luego ya dentro del esquema global del ALBA(7). Paralelamente, países fuera del contexto latinoamericano como Siria e Irán tienen estatus de observadores del ALBA.

Con ocho países miembros, el ALBA reúne una considerable superficie de dos millones y medio de km2 y más de 75 millones de habitantes, manifestando al mismo tiempo un perfil atlántico, pacífico y caribeño(8), diseminados territorialmente entre América Central, el Caribe y América del Sur, a través de las regiones andina y amazónica. No menos importante son sus fortalezas económicas, manifestadas en poseer entre las mayores reservas mundiales de petróleo (Venezuela), de litio y gas natural (Bolivia y Venezuela), grandes reservas minerales de hierro, oro, coltán, níquel, aluminio, acero y cobre, así como grandes extensiones de tierra cultivable y biodiversidad (región amazónica) y productos agrícolas, como café, quinua, banano, cacao, soja o caña de azúcar(9), todo ello reunido en una diversidad de pueblos y etnias con una milenaria riqueza cultural.

A diferencia de otros organismos y mecanismos de integración no sólo atinoamericanos sino también de otras latitudes, como por ejemplo la Unión Europea o la ASEAN, el ALBA enfatiza en la soberanía de los pueblos, el respeto por la diversidad étnica y lingüística y la integración social y cultural por encima de la preponderancia económica y financiera. Puede, por tanto, constituir un ejemplo pionero en esta materia, aunque con no menos implicaciones de carácter político, económico y geopolítico, y que corresponde con una coyuntura particular en el contexto latinoamericano de “posguerra fría”.

Si observamos de forma genérica los ejes de integración sobre los que se basa el ALBA(10), podemos definir una variedad de temáticas y escenarios que dividiremos a continuación, con un grado de amplitud que no se limita únicamente a los países miembros sino que incluye y beneficia a un amplio radio de países regionales:

  • La integración energética:

Probablemente, este apartado constituye el pilar básico de potenciación del ALBA, con especial énfasis en PETROCARIBE, creado a partir de 2005, y que incluye a Venezuela, Cuba, República Dominicana, Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Dominica, Grenada, Guyana,  Honduras, Jamaica, Surinam, Santa Lucía, Guatemala, San Cristóbal y Nieves, Costa Rica y San Vicente e as Granadinas.
También existen PETROSUR (2005), conformado por Venezuela, Brasil, Argentina y Uruguay; y PETROAMÉRICA (2004), propuesta de integración continental energética impulsada por Venezuela hacia tres vertientes: PETROSUR, PETROCARIBE y PETROANDINA.

  • La integración de la telecomunicación:

TELESUR (Nueva Televisora del Sur): creada en Caracas en junio de 2005 como alternativa de información contra los grandes medios de comunicación (CNN, NBC, BBC, etc), actualmente está integrada por Venezuela, Cuba, Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Uruguay.

  • La integración económica y social:

Tratado Comercial de los Pueblos (TCP), concebido en abril de 2006 por el presidente boliviano Evo Morales como alternativa a los tratados de libre comercio impulsados por Washington. Actualmente agrupa a Bolivia, Venezuela y Cuba.

  • La integración financiera:

El sistema de pagos dentro del ALBA, concebido en 2008 durante la III Cumbre  Extraordinaria del ALBA, propone una moneda común, el “SUCRE” (Sistema Único de Compensación Regional), así como diversos mecanismos que finalicen con la preponderancia del dólar estadounidense.
Creación del Banco del ALBA (2007) y del Banco del Sur. En agosto de 2011, el ALBA propuso en Santiago de Chile una nueva arquitectura financiera que, según la ecuatoriana Verónica Legarda, presidenta del Consejo Monetario del ALBA, “incluye no sólo la gobernanza económica sino también la soberanía de las naciones”, basada en tres pilares: el Banco del Sur, mecanismos de pago basados en un esquema monetario común, y un Fondo Común de Reservas para el financiamiento Sur-Sur.
Como medio de pagos se utilizaría el Sistema Unitario de Compensación Regional (SUCRE), bajo el cual el comercio entre Bolivia, Cuba, Ecuador y Venezuela alcanzó los 144 millones de dólares en los primeros seis meses de 2011, según datos del Banco
Central de Venezuela(11). Para febrero de 2012, y según fuentes oficiales venezolanas, el 50% del comercio entre Ecuador y Venezuela ya se transaba en SUCRE(12).

Otras entidades creadas son el Banco Latinoamericano para el Modelo Endógeno y la Integración (BALMEI), la Compañía de Seguro del Sur, el Banco Cooperativo del Sur y el Fondo de Comercio Latinoamericano y Caribeño.

  • La defensa militar:

La Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS), concebida por el presidente venezolano Hugo Chávez en 2007 como sustituto del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), así como un desafío al predominio de la OTAN, en particular ante diferendos territoriales como el de las islas Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña. En este apartado, también se propuso la creación del Tratado Latinoamericano y Caribeño de Asistencia Recíproca.
En junio de 2011, el ALBA inauguró en Bolivia la Escuela de Defensa y Soberanía, días después de que la UNASUR inaugurara en Buenos Aires el Centro de Estudios Estratégicos para laDefensa (CEED). El instituto militar del ALBA tiene como finalidad “construir una doctrina latinoamericanista e independentista (...) y definir un nuevo rol de las Fuerzas Armadas” que, según declaró la ministra boliviana de Defensa, María Cecilia Chacón, en esta institución podrán cursar estudios oficiales y militares de los países miembros del bloque pero también habrá espacios de enseñanza para civiles y educación no formal para incorporar a campesinos e indígenas. Su sede está ubicada en la localidad de Santa Rosita del Paquió, a 22 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, la cual fue cubierta con fondos de Petróleos de Venezuela(13).

  • Los Movimientos Sociales:

Viabilizando la integración regional a través de los movimientos sociales, el ALBA viene trabajando desde 2007 en la concreción de diversas reuniones y declaraciones sobre la integración de los movimientos populares, indígenas y ecológicos, y que tuvo su momento de mayor concreción con la realización de la I Cumbre de Consejos de Movimientos Sociales del ALBA-TCP en Cochabamba (Bolivia), en octubre de 2009. Uno de los objetivos principales del Documento de Cochabamba se orientó en “estimular las luchas sociales para el re-ascenso del movimiento de masas”(14).

  • Comunicación y Transporte:

Propuestas de creación de una Red Ferroviaria Latinoamericana (RFL), de la Red de Carreteras para la Integración y el Desarrollo (RCID), de la Línea Aérea Latinoamericana (LALC), de la Flota Fluvial Latinoamericana (FFL), y de la Flota Mercante Latinoamericana Caribeña (FMLC)(15).

  • Educación y Salud:

Propuesta de creación de las Campañas Latinoamericanas de Alfabetización y de creación de un Instituto Latinoamericano y Caribeño de Educación que garantice el acceso universal educativo. Es relevante observar que, a través de los Fondos ALBA y de la asistencia sanitaria y educativa de Cuba a Venezuela desde 2000, estas mismas misiones sociales se han expandido hacia otros países miembros del ALBA como Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

            Si tomamos en cuenta la amplitud y variedad de sus ejes de integración, se puede observar cómo del ALBA se emanan diversos aspectos de relevancia estratégica y geopolítica. El ALBA nace en una coyuntura clave definida por el ascenso de diversos partidos de izquierda y movimientos sociales en América Latina, particularmente en América del Sur. De allí se intuyen diversas líneas de definición ideológica y escenarios geopolíticos clave que planean frecuentemente sobre la consolidación de este organismo.

Destacamos aquí, igualmente de forma genérica, la potenciación de estos escenarios geopolíticos, algunos de los cuales dejan diversas interrogantes abiertas(16):

- El modelo del Socialismo del Siglo XXI como referencia para América Latina, a través de la aceptación de bases teóricas y capacidades de adaptación de un nuevo modelo económico y social alternativo pero que, al mismo tiempo, provoca asimetrías y divergencias con diversos países latinoamericanos así como diversos desafíos, fortalezas y debilidades medidas dentro del contexto geopolítico hemisférico.
El epicentro, obviamente, se focaliza en la Venezuela de Hugo Chávez y las posibilidades de fortalecimiento del “socialismo bolivariano”, a través de la adhesión de nuevos socios y de una política exterior cada vez más global, acercando al contexto latinoamericano a actores externos como China, Irán, Rusia, África y el mundo árabe. El dilema aquí planteado es si, a través del ALBA, el socialismo bolivariano de Chávez se convertirá en un modelo hemisférico emergente o bien esta perspectiva se desvanecerá a través de las contradicciones y la polarización del proceso revolucionario venezolano.

- Bolivia y Ecuador: dos actores fundamentales dentro del ALBA, simpatizantes y aliados estratégicos del Socialismo del Siglo XXI, con particular relevancia por el peso del indigenismo y de los movimientos sociales.

- Colombia: constante fricción con el ALBA, particularmente con Venezuela y Ecuador, a través de su alianza estratégica con EUA (Plan Colombia) y la presencia de la guerrilla de las FARC.

- Brasil e Argentina: dos actores de peso dentro del contexto hemisférico, particularmente en el caso brasileño, con los cuales el ALBA se esfuerza (hasta ahora infructuosamente) por procrear mecanismos de integración.

- El contexto andino y sudamericano: aquí se inserta la posibilidad de conformación de varios bloques geopolíticos: el “eje del ALBA” (Venezuela, Bolivia, Ecuador); con posibles nuevos miembros (Paraguay, Perú); y el “eje más pro-estadounidense” (Colombia) confluyendo con actores “moderadores” (Brasil, Chile, Argentina y Uruguay);

- América Central: el ALBA como respuesta a los tratados bilaterales de libre comercio de los países centroamericanos con EUA. No obstante, el golpe de 2009 en Honduras supuso una advertencia sobre los presuntos “riesgos” de ampliación regional del ALBA. Nicaragua como aliado irrestricto y baluarte de ALBA en el contexto centroamericano. El Salvador bajo el gobierno del FMLN y sus contactos con el ALBA, con riesgos políticos y electorales ante el reciente ascenso de la derecha del ARENA (2012) en los comicios legislativos y municipales. Igualmente, es relevante especular si el ALBA tiene algún tipo de repercusión en países como Panamá, Costa Rica, Guatemala e incluso México.

- El futuro de Cuba: actor fundamental y creador del ALBA junto con Venezuela, atraviesa un incierto proceso de transición que paralelamente refuerza sus tradicionales estructuras de poder. El futuro cubano estará igualmente determinado por la evolución de sus relaciones con EUA, escenario donde el ALBA no parece tener un peso considerable.

- El Caribe y Centroamérica: ¿patio trasero” de Washington o más bien del ALBA, a través de PETROCARIBE? ¿Sustituirá el ALBA al CARICOM como referencia de integración? Asimetría y dualidad en países como Nicaragua, que mantiene vínculos y acuerdos estratégicos con el ALBA así como con EUA y Europa.

- El ALBA y EUA: ¿Rupturas, fricciones o intento de pragmatismo? ¿Pierde influencia Washington en el hemisferio latinoamericano? ¿Tiene el ALBA un peso estratégico suficiente para vertebrar un modelo global de contestación a la hegemonía estadounidense?

- El ALBA ante la crisis económica mundial: ¿Un modelo de referencia de integración social con repercusión en otras latitudes?

- ALBA, UNASUR y la OEA: el pulso hemisférico entre nuevas y viejas estructuras de integración, algunas de ellas (OEA) anquilosadas en parámetros propios del mundo de la “guerra fría”. La creación de la CELAC en Caracas en diciembre de 2011 supone un paso decisivo para superar la preeminencia de la OEA. Incluso, se intuye como interrogante el considerar si es posible un pulso geopolítico entre un ALBA “hegemonizado” por Venezuela y una UNASUR con Brasil como epicentro hegemónico.

Durante la realización de la VI Cumbre Extraordinaria del ALBA celebrada en Maracay (Venezuela) en junio de 2009, los Jefes de Estado y de Gobierno de sus países miembros acordaron renombrar este organismo de Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América a Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, matriz nominal que identifica al ALBA actual, dotándose de Consejo Económico, Político y Social que nutriera de carácter institucional a la nueva alianza(17).

Constituida desde entonces como Alianza, el ALBA intenta fomentar una unidad política e, incluso, ideológica que trascienda los mecanismos de cooperación económica y social hasta ahora vigentes. Puede intuirse en esta nueva etapa la intención del ALBA de “internacionalizar” su acción y modelo, a través de la inclusión como miembros observadores a países como Siria e Irán, en gran medida bajo la perspectiva del presidente venezolano Chávez de expandir los “bloques rupturistas” en el sistema internacional contra la hegemonía de EUA(18).

En este sentido, Chávez ha fomentado en los últimos años estrechos vínculos políticos, económicos y energéticos con Damasco y Teherán, a los cuales también se han sumado los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, en los cuales las diversas cumbres del ALBA suponen foros de apoyo hacia estos países, en especial ante las presiones internacionales existentes en la actualidad contra el régimen sirio de Bashar al Asad y con el programa nuclear iraní.

La transformación del ALBA hacia un eje “revolucionario”

Hasta ahora, hemos intentado establecer de manera sui generis una perspectiva global sobre el peso del ALBA y sus repercusiones estratégicas y geopolíticas en el área suramericana, centroamericana, caribeña y hemisférica.

Tras casi ocho años de andadura, es relevante destacar su viabilidad y entusiasmo, trazado en la concreción de una amalgama de estructuras de integración sumamente amplia y plural, con especial énfasis en lo social, en la defensa de lo autóctono, en la visión antiimperialista y anti-hegemónica y en la recuperación del orgullo latinoamericano a través de una reivindicación e interpretación alternativa de su historia y cultura.

De hecho, la creación en Caracas en diciembre de 2011 de la Comunidad de Estados de América Latina y del Caribe (CELAC), bajo el impulso político del presidente Chávez, evidencia esa perspectiva de integración autóctona, independiente de la tradicional preponderancia de Washington, un factor que identifica la labor del ALBA desde sus comienzos.

Sin embargo, las complejidades políticas evidencian diversos retos y desafíos para su definitiva consolidación temporal. Un aspecto clave tiene que ver con el marco ideológico de definición del ALBA y su peso a nivel regional. Como establece ALTMANN BORBÓN, Josette, cabe entonces preguntarse “si el ALBA produce mayor o menor gobernabilidad en la dinámica de la integración” y si, paradójicamente, su objetivo “busca fortalecer la integración, más al mismo tiempo la fuerte impronta ideológica de su discurso termina por ideologizar las reuniones y cumbres presidenciales, creando una mayor fragmentación en la región”(19).

Este aspecto es particularmente relevante en los documentos de las diversas cumbres del ALBA con respecto a las decisiones tomadas por EUA. Resulta obvio el rechazo en bloque del ALBA hacia las posiciones “imperialistas” identificadas estas hacia Washington, sin embargo hasta los momentos, y a pesar de diversos roces diplomáticos y periódicas escaladas de crisis en las relaciones bilaterales, ningún país miembro del ALBA ha roto formalmente relaciones con EUA(20). Todo ello explica que la pretendida visión “rupturista” del ALBA logra amortiguarse hacia posiciones más pragmáticas.

El enfrentamiento ALBA-EUA no deja de ser verbal, polémico y discursivo. Incluso países como Venezuela, fuerza motriz del ALBA y de la posición antiestadounidense del bloque, siguen manteniendo relaciones convencionales y normales con Washington en materia de comercio y suministro energético. Otro caso relevante es Nicaragua, miembro del ALBA y cuyo presidente Daniel Ortega es un estrecho simpatizante del modelo bolivariano y socialista defendido por Chávez, pero que mantiene un estratégico Tratado de Libre Comercio con EUA y otro con la Unión Europea.

Otro aspecto importante, el cual no empaña la obvia influencia y peso del ALBA como mecanismo efectivo de integración regional a través de PETROCARIBE, Banco del Sur o las Empresas Grannacionales, tiene que ver con su capacidad real de operatividad y viabilidad y la imagen que ofrece hacia otros países. Son notables las asimetrías entre Venezuela y los demás países miembros del ALBA, especialmente en materia energética, lo cual le confiere a Caracas un peso estratégico indudable como impulsor de este mecanismo.

Otros aspectos relevantes tienen que ver con ciertas “ambigüedades y contradicciones entre el discurso y el efectivo cambio de normas”; o bien “la falta de información disponible sobre los financiamientos y cooperaciones que realiza el ALBA con sus países miembros”(21), elementos que pueden provocar recelos, desconfianzas y suspicacias hacia otros países latinoamericanos no miembros del ALBA pero próximos geográfica y geopolíticamente hacia ellos (como pueden ser los casos de Colombia, Brasil, Perú) e, incluso, una sensación de “hegemonización” por parte del presidente Chávez y su modelo como marcos de definición y operatividad política e ideológica del organismo.

En este sentido, resulta relevante considerar, en palabras del investigador BRICEÑO RUÍZ, José, la acelerada transformación del ALBA como un ente político e ideológico de actuación. Según este autor, “a pesar de su corta existencia, esta iniciativa ha sufrido un veloz proceso de transformación de una alternativa al ALCA a un modelo de integración antiimperialista y anticapitalista promovida por lo que en la teoría de las relaciones internacionales se conoce como Estados revolucionarios. El sólo cambio de significado de sus siglas (de Alternativa a Alianza, n.d.a) evidencia este proceso”(22).

Esta conceptualización del ALBA como ente político e ideológico antiimperialista y anticapitalista comenzó a cobrar forma a partir de agosto de 2004, una vez el presidente Chávez ganara el referendo revocatorio(23) convocado por la oposición (con obvio apoyo de Washington). La radicalización del discurso de Chávez hacia EUA y la concreción de un nuevo modelo, el Socialismo del Siglo XXI, fueron elementos que planearon con relativa fuerza en el marco de creación y activación del ALBA desde su fundación en diciembre de 2004.

Las complejas realidades del 2012

Observada esta consolidación y transformación del ALBA, el contexto político y electoral de 2012 obliga a este organismo a verificar una nueva etapa, donde la inevitabilidad del pragmatismo, sin desdeñar los postulados básicos del organismo como iniciativa inédita de integración, puede constituir una nueva seña de identidad.

Sin embargo, este escenario estará obviamente signado por el acontecer electoral. En primer lugar, Venezuela, que celebrará elecciones presidenciales en octubre próximo, donde el presidente Chávez busca una nueva reelección hasta el 2019, aquejado ahora por problemas de salud tras diagnosticársele un cáncer a mediados de 2011.

El contexto electoral y político venezolano luce imprescindible para el ALBA, ya que en el mismo se medirá nuevamente el grado de fortalecimiento de la revolución bolivariana y la posibilidad de un desgaste social y político que puede ser aprovechado por las fuerzas opositoras para eventualmente volver al poder. Todo ello radica en la potencialidad de la salud de Chávez y su capacidad para seguir liderando el proceso revolucionario.

Caso contrario, la eventual potenciación de una transición política post-Chávez sumamente incierta, así como las posibles luchas de poder intestinas en el seno del “chavismo”, ejercerán un papel considerable no sólo en el curso del proceso revolucionario sino dentro de un eventual ALBA post-Chávez que deberá, inevitablemente, buscar nuevos liderazgos y referencias. Un escenario hipotético que, eventualmente, podría de algún modo fortalecer un nuevo liderazgo dentro del ALBA, como puede ser el caso del presidente boliviano Evo Morales, aunque con no menos incertidumbre.

El otro escenario es Cuba, miembro fundador del ALBA y cuyo lento pero institucionalizado proceso de transición corre paralelo con la situación que se genere en la Venezuela de Chávez, a raíz de la relación estratégica entre ambos países. Las reformas adoptadas por Raúl Castro en el Congreso del Partido Comunista de Cuba de abril de 2011 marcarán una agenda política no exenta de presiones externas, principalmente desde EUA y la diáspora cubana.

El momento cubano estará, inevitablemente, conectado con lo que suceda en EUA y Venezuela, ambos países con citas electorales en 2012. En el caso estadounidense, está por ver si los comicios presidenciales de noviembre próximo permitirán la reelección de Barack Obama y la posibilidad de un nuevo enfoque, relativamente aperturista, hacia Cuba. Caso contrario, una posible victoria del Partido Republicano afincaría la radicalización de las relaciones hacia Cuba y Venezuela, un aspecto que medirá la consistencia de la relación estratégica entre La Habana y Caracas y su radio de expansión dentro del ALBA.

Si las citas electorales en Venezuela y EUA y el momento de reformas en Cuba serán factores clave de atención para el eje ALBA, otros aspectos también ocuparán su atención. Aunque consolidados internamente, los gobiernos de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua, pueden ser objeto de fuertes presiones e intentos de desestabilización, como ya anteriormente ocurrieran con los casos boliviano y ecuatoriano.

Observando que el área caribeña de países miembros del ALBA no parece suponer un escenario de volatilización e inestabilidad política para el bloque, habrá que observar cuál será el peso geopolítico de Brasil y su relación con países miembros del ALBA, como Venezuela y Bolivia, en especial a la hora de manifestar cuotas de influencia dentro de la UNASUR. Este factor cobra importancia a la hora de observar el peso de la UNASUR en la concreción de marcos de integración con mayor calado y aceptación que el ALBA, principalmente en el área sudamericana, o incluso de un eventual pulso entre Caracas y Brasilia dentro de nuevos foros de integración, como la recién creada CELAC.

En la reciente VI Cumbre de las Américas celebrada en Cartagena de Indias (Colombia) en abril de 2012, el bloque del ALBA, principalmente impulsado por Venezuela, Bolivia,  Nicaragua y Ecuador (aunque su presidente Rafael Correa no acudió a esta cumbre) presionaron fuertemente con no asistir a las próximas cumbres ni a las reuniones de la OEA si finalmente no se aceptaba la inclusión de Cuba en los marcos de integración hemisféricos. Como ya resulta tradicional, la oposición estadounidense a la reinserción cubana generó fricciones en esta cumbre, aunque la casi totalidad de los países latinoamericanos y caribeños mostraron su aceptación y predisposición a reinsertar a La Habana.

Este aspecto ejemplifica, de alguna forma, el radio de actuación y de influencia del ALBA a nivel regional. Puede que, como señala ALTMANN BORBÓN, el ALBA incida más de lo que realmente influye en los asuntos hemisféricos(24), pero no deja de ser innegable que su aparición en el contexto latinoamericano le ha conferido un peso de notable (aunque también relativa) relevancia en los acontecimientos políticos regionales en la última década.

Consolidada como alianza con un cariz político e ideológico cada vez marcado, el ALBA no escapa a las vicisitudes propias de la evolución política de sus respectivos miembros y, como en el caso de Chávez, de la situación personal de sus liderazgos impulsores. Por ello, y para proseguir con su consolidación, puede que las complejidades del panorama latinoamericano actual obliguen al eje del ALBA a adoptar una posición de pragmatismo que, eventualmente, le permita no sólo ampliar su radio de actuación sino de reimpulsar en otros contextos sus alternativos, autóctonos y en algunos casos pioneros mecanismos de integración.

 

 


1 Dossier ALBA: Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe. Cuadernos de Integración en América Latina, FLACSO, 2007. Consultar en: www.flacso.org

2 La crisis hondureña de 2009 supuso un considerable golpe de magnitud geopolítica para el ALBA que, según el sociólogo y procreador de la idea del Socialismo del Siglo XXI, Heinz Dieterich Steffan, evidenció un serio error de cálculo estratégico para los países miembros del ALBA al no saber (y por tanto no poder) anticiparse a acontecimientos de carácter reaccionario en países entonces miembros de este organismo. En este apartado se recomienda leer el artículo de Dieterich: “Honduras: segundo golpe militar contra Chávez”, del 24 de julio de 2009, y que se puede consultar a través del enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=89112.  Las críticas de Dieterich ante la inexistencia de un centro de inteligencia en el área ALBA capacitado, entre otros aspectos, para anticiparse a estas crisis han sido muy comunes en sus recientes artículos, lo cual igualmente evidencia su distanciamiento político (más no ideológico) con el presidente venezolano Hugo Chávez, de quien fue asesor. Un análisis que, al mismo tiempo, identifica el propio Dieterich como el final de la expansión del regional del modelo socialista y bolivariano, en clara fase de regresión ante lo que señala como la “reacción imperialista” impulsada desde Washington. Resaltamos aquí otro artículo de Dieterich: “Colapso estratégico-operativo del gobierno venezolano”, del 30 de mayo de 2011, que puede ser consultado en: http://old.kaosenlared.net/noticia/colapso-estrategico-operativo-gobierno-venezolano

3 CORREA FLORES, Rafael (Comp.), Construyendo el ALBA. “Nuestro Norte es el Sur”. Gráficas Lauki, C.A. Caracas, 2005. Cap. III, pp. 85-110. Tomado de “Dossier ALBA…”, op.cit

4 Dossier ALBA, op.cit

5 MÁRQUEZ, Gustavo, “El ALBA comienza a iluminar la América Latina y el Caribe”, en: CORREA FLORES, Rafael (Comp.), Construyendo el ALBA, op.cit. Fragmento tomado de Dossier ALBA, op.cit

6 Dossier ALBA, op.cit

7 “Aprobada resolución de miembros especiales y permanentes del ALBA”, Prensa Latina (Cuba), 5 de febrero de 2012. Ver en: http://www.alba-tcp.org/contenido/aprobada-resoluci%C3%B3n-de-miembros-especiales-y-permanentes-del-alba-05-de-febrero-de-2012

8 Información suministrada a través de la página web del ALBA:  http://www.alianzabolivariana.org/modules.php?name=Content&pa=showpage&pid=2105  

9 Ibid

10 Desde 2009, el Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional, IGADI (www.igadi.gal) se esfuerza por llevar a cabo un Programa de Investigación, denominado “Seguridad, Conflictos y Alternativas en el Sistema Internacional”, que tiene como temática central la actualidad y monitoreo del ALBA. Varios de los ejes programáticos, estratégicos y geopolíticos que son utilizados en el presente artículo sobre el peso y amplitud del ALBA provienen de las ideas esgrimidas en este programa de investigación.

11 “Apuntes de Integración en América Latina”, Nº 4, septiembre de 2011. Revista Nueva Sociedad (Venezuela). Ver en: http://www.nuso.org/userView/notas/N4%20-%20septiembre%202011.pdf

12 “Al menos 50% del intercambio comercial Ecuador-Venezuela se transa en Sucre”, Eastside Magazine (Venezuela), 6 de febrero de 2012. Ver en: http://www.eastwebside.com/al-menos-50-del-intercambio-comercial-ecuador-venezuela-se-transa-en-sucre.html

13 “Apuntes de Integración en América Latina” Nº 3, Junio de 2011. Revista Nueva Sociedad (Venezuela). Ver en: http://www.nuso.org/userView/notas/N3%20-%20junio%202011.pdf

14 MANIFIESTO GENERAL DE LA PRIMERA CUMBRE DE CONSEJOS DE MOVIMIENTOS SOCIALES DEL ALBA-TCP, Cochabamba, 15 al 17 de Octubre de 2009. Ver en: http://alianzabolivariana.org/modules.php?name=Content&pa=showpage&pid=2071

15 Dossier ALBA, op.cit

16 Estas ideas y escenarios están básicamente esgrimidos en el programa de investigación sobre el ALBA iniciado por el IGADI desde 2009 y que puede ser consultado a través de la página web: www.igadi.gal

17ALBA, de “alternativa” a “alianza”, 25 de junio de 2009 en el portal Kaosenlared. Ver en: http://old.kaosenlared.net/noticia/alba-de-alternativa-a-alianza

18 Es necesario considerar en este aspecto hasta qué punto la visión de los “bloques rupturistas” en el sistema internacional, fundamentados por el fallecido sociólogo argentino Norberto Ceresole (1943-2003), ex asesor de Chávez, ha llegado a constituir una especie pilar básico en la visión internacionalista del ALBA. Entre 1994 y 1999, Ceresole fue asesor y acérrimo simpatizante del modelo bolivariano de Chávez, identificándolo como el necesario elemento rupturista contra la que denominada “hegemonía de EUA e Israel”. Sus posturas radicales, que incluso le llegaron a proferir acusaciones de antisemitismo, fueron razones de peso para que Ceresole fuera expulsado en dos ocasiones de Venezuela, la última ya con Chávez en la presidencia. No obstante el marcado distanciamiento desde entonces, sus postulados parecen tener una influencia oficialmente no reconocida pero no menos relevante en la doctrina internacional y de seguridad nacional del presidente Chávez y de la revolución bolivariana y socialista.

19 ALTMANN BORBÓN, Josette (editora), América Latina y el Caribe: ALBA: ¿una nueva forma de integración regional?, FLACSO, Observatorio de Integración Regional Latinoamericana (OIRLA), Editorial TESEO, Buenos Aires, 2011.

20 Ibid

21 Ibid

22 BRICEÑO RUÍZ, José, “El ALBA como propuesta de integración regional”, en ALTMANN BORBÓN, Josette (editora), América Latina y el Caribe: ALBA: ¿una nueva forma de integración regional?, op.cit

23 Ibid

24 ALTMANN BORBÓN, Josette (editora), América Latina y el Caribe: ALBA: ¿una nueva forma de integración regional?, op.cit


 

Roberto Mansilla Blanco,
analista do Igadi.

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