La apuesta euroasiática de Putín

Wladimir Putin vuelve a presidir Rusia con ambiciones renovadas. Ansía recuperar el status de potencia política y militar perdido tras desintegrarse la URSS en 1991. Pero en dos décadas el mundo es otro.

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Wladimir Putin vuelve a presidir Rusia con ambiciones renovadas. Ansía recuperar el status de potencia política y militar perdido tras desintegrarse la URSS en 1991. Pero en dos décadas el mundo es otro.

Wladimir Putin vuelve a presidir Rusia con ambiciones renovadas. Ansía recuperar el status de potencia política y militar perdido tras desintegrarse la URSS en 1991. Pero en dos décadas el mundo es otro. La gran batalla es básicamente financiera y económica. En este contexto cambiante, Putin hará una triple apuesta: a) ratificará con la entrada Rusia en la OMC, su apuesta por la Globalización, como hizo China diez años antes con unos resultados espectaculares; b) reestablecerá una “Unión Euroasiática” liderada por Moscú; y c) tenderá puentes de diálogo y cooperación económica con China.

Rusia girará hacia Asia-Pacífico dando las espaldas a una UE estancada política y económicamente. Es la apuesta personal de Vladimir Putín. Pero China se adelantó y posicionó en Asia aprovechando el vacío dejado por Moscú. Rusia y China son vecinos en el norte y compiten en Asia central. Crecen las inversiones chinas y la influencia de su diáspora a lo largo de los 4.000 kilómetros de la frontera de Siberia y el extremo oriente ruso donde los oleoductos rusos pretenden saciar la sed energética del coloso chino. Se necesitan mutuamente: Moscú es el primer productor mundial de petróleo y el segundo de gas natural, Pekín es el primer consumidor energético tras superar a EEUU en 2010. Pero se mantienen recelos mutuos. Pekín aprovechó las inercias rusas en Asia central para invertir y diversificar sus aprovisionamientos energéticos en países que le ofrecen hoy una alternativa al petróleo y gas ruso, a precios más competitivos. Se canalizan a través de los gasoductos que ya conectan los pozos de Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajistán con China.

Putín intentará resucitar la hegemonía rusa en Asia central. Quiere reestablecer una vasta área de libre comercio liderada por Moscú que incluya las repúblicas centroeuropeas y asiáticas que en su día formaron parte de la URSS. Su primer intento, la Comunidad de Estados Independientes, constituida en 1994, no se consolida. Ahora, lanza otro ambicioso proyecto: “La Unión Euroasiática”, apoyada por Bielorrusia y Kazajistán. Los tres países establecieron una Unión aduanera en julio de 2010. Por Bielorrusia transita el gas ruso hacia la UE. Moscú mantendrá este país en la órbita rusa y lo subvenciona vendiéndole el gas que precisa a la mitad del precio de mercado. También maniobra por atraer Ucraina utilizando el gas como arma de presión política y económica cuando Kiev negocia, sin avances, un acuerdo de asociación a la UE.

Rusia, Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguizistán, Moldavia, Tayikistán y Ucraina acordaron, el 19 de octubre de 2011, en San Petersburgo la creación de una zona de libre comercio. El objetivo último de Putín es lograr que aquellos y también Azerbaiyán, Uzbekistán y Turkeministán se integren en la “Unión Euroasiática”. Pero algunos países con una gran presencia de ciudadanos rusos, recelan ante una restauración de “la Gran Rusia”.

Rusia produce más petróleo que Arabia Saudita y cuenta con las mayores reservas de gas mudiales. Las exportaciones energéticas nutren el 40% de sus fondos estatales. Gazprom  que quería bombear todo el petróleo y gas posible a China a través de sus nuevos oleoductos y gasoductos siberianos, choca con un astuto Pekín que ya se aseguró el acceso a los recursos de Asia central. Gazprom no logró atar al mercado chino pero sí tiene maniatado al europeo. La industria alemana depende las fuentes energéticas rusas. Algunos países productores centroasiáticos como Turkmenistán, están dispuestos a construir una red de oleoductos y gasoductos hacia la UE. Los proyectos Trans-Caspio y Tabuco, auspiciados por Bruselas, son claves para asegurar el abastecimiento de la UE. Pero Moscú los bloquea para no perder su capacidad de presión sobre la UE. Tampoco China se muestra interesada en compartir con Europa la explotación de los yacimientos de Asia central.

La apuesta de Wladimir Putín es ambiciosa. Propulsa una integración euroasiática liderada por Moscú que también permita la regionalización de la moneda rusa, el rublo, como divisa imperante. ¿Reaccionará la UE ante el envite ruso?  No tiene capacidades mientras siga políticamente desunida. Solo Alemania parece tener poder económico para posicionarse en Asia central.