En el siglo X Galicia se debatía políticamente entre el reino Astur, la independencia con el rey García y en los siglos sucesivos con la corona castellano-leonesa. Los ataques normandos, las campañas de Almanzor y la existencia de monarquías débiles ante los nobles –característica de toda Europa en la etapa de las Cruzadas- colaboraban con la inseguridad. Fueron la religión -principalmente el culto al apóstol Santiago- y el renacimiento monástico los que lograron la paz y estabilidad regional.
San Rosendo de Dumio (907-977) fue el personaje más importante del alto medioevo gallego. Monje benedictino hijo de nobles, ya como obispo puso en marcha proyectos renovadores entre los que se encontraba el monasterio de San Salvador en Celanova, cuya construcción hizo posible económicamente su hermano Froila.
En ese tiempo llegaron procedentes del sur a Celanova cristianos que habían vivido sometidos políticamente al Islam y huían de esa situación. No sabemos si estaban retornando a sus orígenes o si se trataba de una diáspora de pueblos meridionales en busca de estabilidad. Pero el hecho es que trajeron con ellos un particular estilo constructivo: el mozárabe. Y la pequeña capilla San Miguel de Celanova, construida en el huerto del monasterio San Salvador con una gran variedad de lenguajes estéticos (hispanovisigodos, asturianos, islámicos), es testigo de la riqueza arquitectónica como ningún otro monumento del siglo X en España.1
El monasterio de San Salvador fue desacralizado en el siglo XIX y actualmente es sede del Ayuntamiento en el centro en la villa y capital del municipio de su mismo nombre y de la comarca de Terra de Celanova, al nordeste de la provincia de Ourense, San Miguel de Celanova perdura. Es el único monumento del alto medioevo español que no ha sufrido ninguna modificación desde que se construyó, entre 941 y 977 d.C. Y resulta asombroso porque esta minúscula construcción mozárabe2 es una prueba evidente y perdurable de la influencia que tuvo Al-Andalus en el norte de España.
El templo impresiona por la armonía de sus formas: el vestíbulo, el cuerpo central y el ábside, separados entre sí por arcos de herradura de tradición plenamente califal. Sorprendentemente uno de los modillones del costado norte lleva una figura humana, único caso de este tipo en el arte mozárabe e incompatible con las normas del Islam que utiliza vegetales en sus ornamentaciones y reserva al Creador la representación de formas superiores de vida.
Según un documento de principios del siglo XI, este pequeño oratorio habría sido edificado por San Rosendo en agradecida memoria a su hermano Froila. Sobre la puerta se observa una inscripción en latín, interpretada por algunos autores como un epitafio, en cuyo caso el oratorio sería también un monumento fúnebre. También se especula que pudo alojar a monjes ajenos al monasterio y que se encontraran de paso en este lugar.
En su entorno se puede apreciar un cementerio, probablemente de monjes que habitaron el propio monasterio, e incluso en algunos escritos se mencionan enterramientos dentro de la propia capilla.
San Miguel nos demuestra que sus fieles, habiendo vivido en tierras musulmanas, no cambiaron su fe pero hicieron propio su arte y lo trasladaron a tierras gallegas. Que haya perdurado más de un milenio también nos da la pauta del respeto otorgado durante todos esos siglos por las sucesivas generaciones. Esta edificación fue declarada Monumento Nacional en 1923.
La capilla nos obsequia además con una nota curiosa: así como durante los equinoccios el sol proyecta sombras sobre la pirámide de Kukulkan -Chichen Itzá, México- creando la ilusión de una serpiente bajando por sus escalones, en San Miguel de Celanova durante el amanecer de los días de los equinoccios, los rayos de sol se cuelan por las pequeñas ventanas de la capilla, formando una perfecta estrella. Es habitual en esas fechas observar mayor afluencia de habitantes y turistas dispuestos a presenciar este fenómeno.
1 Abundan en Internet detalles sobre la arquitectura de San Miguel.
2 Mide 8,5 metros de longitud, 3.85 de anchura (22 metros cuadrados de superficie) y 6 de altura.
Nota de la autora: «No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios mencionados, y mi opinión es independiente.»

