Edición especial dunha Cunca coa sinatura de Plácido Castro, para a romaría Vikinga de Catoira

Asombrosa Galicia XV: Vinos de Galicia

La serie "Asombrosa Galicia", a través de los ojos de Isabel Stanganelli, ofrece un recorrido único por espacios, historias y otros elementos que, sin duda, causarán asombro. Explora las fascinantes conexiones entre Galicia y el resto del mundo, revelando vínculos insospechados que trascienden fronteras y épocas.
Liñas de investigación Paradiplomacia
Apartados xeográficos Acción exterior de Galicia
Palabras chave Galicia viño

El vino ha estado ligado a la liturgia católica a través del cáliz de la Eucaristía. De esta manera la dispersión de cepas adaptadas a los diferentes climas, suelos, tradiciones de cultivo, resultó más intensa que la de otras especies vegetales y animales. Y el resultado es de lo más variado. Del dulce y espeso Commandaria chipriota al más suave Malvasía de las islas Strómboli, del que fuera el más austral del planeta en la isla Sur de Nueva Zelanda, hasta lograr la producción patagónica del “Vino del fin del mundo” sin olvidar los californianos, la vid no ha dejado de expandir su cultivo ni la diversidad de sus cepas. Es suficiente con observar los países y bodegas que compiten anualmente por el primer puesto de los diversos varietales.

En Galicia la tradición vinícola se habría iniciado en la época romana y enriquecido con la incorporación de variedades ya reconocidas a nivel mundial. En los primeros cinco siglos de nuestra era ya existían evidencias arqueológicas de lagares y ánforas en la Ribeira Sacra. Durante el siguiente milenio fueron los monasterios –principalmente en esa región- los que dieron impulso a la producción del vino: los benedictinos y cistercienses introdujeron nuevas técnicas de viticultura, gestionaban grandes viñedos en zonas como Ribeira Sacra y Ribeiro tanto para el consumo litúrgico como para la economía regional: los monasterios eran grandes propietarios de tierras y la producción vinícola era una de sus principales fuentes de ingresos. Muchos viñedos actuales aún se asientan en antiguas parcelas monacales1. La calidad del vino producido en monasterios lo convirtió en el preferido para las misas y celebraciones religiosas. También se exportaba a Inglaterra y Países Bajos compitiendo con los vinos portugueses.

Con el inicio del comercio con América y el auge de otros vinos españoles, el protagonismo del vino gallego decayó. Esto se agravó en toda Europa entre 1868 y 1920 debido a una peste de los viñedos proveniente de América: la filoxera. En nuestro caso la enfermedad entró por Oporto, avanzó por la cuenca del río Duero y destruyó la totalidad de los cultivos gallegos destinándose esas tierras a otros cultivos. La peste solo pudo superarse mediante injertos de vides americanas a mediados del siglo XX. En los 80s aparecieron las Denominaciones de Origen (DO) que garantizaron la calidad y autenticidad de las diferentes producciones –queso azul, cava, etc.- incluyendo a los vinos gallegos con varias DO que desde entonces adquirieron reconocimiento internacional: las Rías Baixas cuentan con el Albariño, Ribeiro produce el Treixadura, Valdeorras el Godello. Menos conocida, en Monterrei también se produce Godello, Treixadura y el tinto Mencía que también se produce en terrazas a orillas de los ríos Miño y Sil y en monasterios históricos como el de Santo Estevo en Ribeira Sacra.

A día de hoy, independientemente del uso litúrgico, existen rutas turísticas que combinan vino y patrimonio religioso. Disfrutar de la belleza de esos parajes saboreando un Mencía…

¿Copas para el vino? ¡Las cuncas!

Las copas de vino gallegas merecen una mención aparte. Se trata de las cuncas, pequeños cuencos de barro o cerámica -tiene buenas propiedades para mantener las bebidas frescas- más pequeñas (hasta 250ml) más anchas que las copas modernas y con una base generalmente plana, lo que les da un toque rústico y tradicional. Se usan especialmente en momentos de camaradería o celebraciones como el “pulpo á feira”, en festines típicos o fiestas gastronómicas tradicionales, romerías, festividades locales como la Fiesta del Vino de la Ribeira Sacra o la Fiesta del Albariño en Cambados entre otras. También pueden encontrarse en las tabernas y bodegas rurales… reflejan la profunda conexión con el entorno rural gallego.

Aunque el uso de cuncas ha disminuido en la vida cotidiana con la llegada de copas modernas, siguen siendo una pieza muy valorada dentro de la artesanía gallega. En mi caso las conocí como peregrina a mi paso por Melide. Considerada la “capital del pulpo” era reunión obligada para la cena y con él llegó el vino en cuncas.

Presentes en muchas tabernas de Santiago de Compostela a principios del siglo XX, en muy pocos lugares logré recibir mi vino en ellas, debo pedirlas y no todos los establecimientos las tienen. Hay muchas iniciativas que buscan devolverle protagonismo. Una de ellas, desde A Coruña, es la “Comitiva de Santa Cunca”. Espero que lo logren.

1 Incluso hoy, en algunas iglesias gallegas, se mantiene la tradición de usar vinos locales en la liturgia.

Nota de la autora: «No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios mencionados, y mi opinión es independiente.»