“Genocidio armenio”: el precedente histórico de la colisión de Civilizaciones (la génesis, la evolución, el fin)

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"Armenia es la vanguardia de Europa en Asia", esta fórmula
 propuesta hace mucho tiempo, determina correctamente la
posición del pueblo armenio en nuestro mundo. La misión
histórica del pueblo armenio dictada por todo el curso de su
desarrollo es buscar y hallar la síntesis del Este y Oeste.

Valery BRIUSOV

En nuestros días está de moda hablar del Diálogo de Civilizaciones. Sin embargo, es preciso no olvidar el hecho de que la incompatibilidad de las culturas y las civilizaciones a menudo conlleva la generación de conflictos, con trágicas consecuencias. El denominado “genocidio armenio” se explica, entre otras muchas causas, por el factor cultural.

En realidad, el “genocidio armenio” fue la consecuencia del prolongado conflicto étnico desde los Balcanes hasta la región de Anatolia y el Cáucaso, un conflicto focalizado entre los armenios-cristianos y los turcos-sunnitas. Siendo incapaz de absorber una cultura ajena a ella, y con el paso del tiempo, la élite nacionalista turca tomó el curso estratégico para la destrucción y erradicación del pueblo armenio.

La génesis del genocidio armenio

De este modo, y a raíz de una decisión del gobierno otomano y de parte de la población turca, el 24 de abril de 1915 se desarrollaron una serie de acontecimientos en la Armenia Occidental, la Cilicia armenia y otras regiones orientales pertenecientes al entonces Imperio Otomano,  dirigidos a la solución definitiva de la denominada “Cuestión Armenia”, es decir la destrucción total de un pueblo desarmado e indefenso. Este acontecimiento fue posteriormente caracterizado en la Declaración de los gobiernos de las potencias aliadas (Rusia, Gran Bretaña y Francia), ocurrida el 24 de mayo 1915, como un crimen “de lesa humanidad y civilización”.

Las acciones de los turcos otomanos fueron de antemano bien pensadas y detalladamente planificadas, con el claro objetivo de “exterminar a todo un pueblo”, así como sepultar para siempre el nombre de “Armenia” y borrar de la faz de la tierra su cultura y civilización. De este modo, la estrategia otomana era transformar la Armenia Occidental en la “Anatolia Oriental”, apropiándose de su cultura(1). Del mismo modo, y mediante el pillaje y la violencia, el objetivo turco era apoderarse de las enormes riquezas pecuniarias de los armenios del Imperio(2).

El régimen turco otomano maduró esta estrategia durante varias décadas, comenzando  con el cambio intencionado del topónimo del país y la desfiguración de su demografía. En 1862 fue realizada la reorganización radical de las provincias del Imperio otomano. Como resultado, la provincia antigua de “Ermenistan eyalet” se sometió a una fractura territorial en las de Erzerum, Bitlis y Van, a las cuales se les modificó su estructura demográfica al serles incorporadas regiones con población islámica y fronteras “curvas, artificialmente trazadas”.

Posteriormente, en 1878, dos años después del Congreso de Berlín que significó el gran reparto territorial de Oriente por parte de las potencias europeas, y a fin de reducir aún más el peso específico de la población autóctona armenia, en la Armenia Occidental fueron llevadas a cabo nuevas divisiones administrativo-territoriales. En los años 1880 se prohibió el uso de la palabra “Hayastan” (Armenia). Durante un tiempo, estas acciones tenían como objetivo disolver a los armenios que vivían en su tierra a través de un ambiente ajeno, principalmente repoblado por diferentes tribus musulmanas.

La sólida posición económica y los fuertes cimientos culturales armenios, muy notables a mediados del siglo XIX, fueron razones para que el gobierno turco otomano realizara una radical “corrección” política, cultural y étnica. El sacerdote inglés Bertrand Bareilles denotó que la aprobación en 1860 de la Constitución Nacional de los armenios occidentales manifestaba “de por sí la revolución en las costumbres y los hábitos del Este”. Por eso “pasado poco tiempo, los armenios se convirtieron en un elemento sospechoso tanto para Turquía como para Rusia, con lo cual desde ese día no tuvieron más vida tranquila”(3).

Es posible considerar que diversos sectores de la población turca se sintieron persuadidos a exterminar al colectivo armenio por factores tan primitivos como la envidia, preparando así el terreno etnopsicológico para el genocidio armenio(4) Pero “el argumento principal” era, sin embargo, el deseo incontenible de los turcos de “apropiarse” de la patria de los armenios. Por lo tanto, el exterminio general de la poblacion armenia claramente ha demostrado que en Turquía podían cambiar los sultanes y los gobernadores, su coloración política, sexo, creencia y nacionalidad, pero no su objetivo principal, el cual estaba contenido en el exterminio de Armenia como nación, etnia e identidad.

Un aspecto principal a considerar fue la cooperación a partir de 1921 entre el líder soviético Lenin y el comandante turco Mustafá Kemal Atatürk, creador de la República turca tras la desintegración del Imperio otomano a partir de 1918, bajo la perspectiva del exterminio definitivo de Armenia y los armenios. Ahmet Multar, ministro de Asuntos Exteriores de la Turquía republicana “kemalista”, explicó a Kazim Karabekir, comandante del frente oriental (Armenia Oriental): “Armenia se encuentra en los territorios extensos musulmanes (¿se imaginan?), y por eso es necesario destruirla tanto política como físicamente. Es necesario tener en cuenta que la situación política general y nuestra fuerza favorecen la realización de este plan” (5).

Notemos que el plan de extermino de Armenia lo había formulado y puesto en práctica el sultán otomano Abdul Hamid II (1876-1909). Pero es necesario resaltar que tanto las fuerzas otomanas como el gobierno del Comité Central de Unión y Progreso (mejor conocido como los “Jóvenes Turcos”, gobernante entre 1909 y 1918 tras la caída de Abdul Hamid hasta el final del Imperio otomano), así como las propias fuerzas kemalistas lideradas por Atatürk, continuaron con este plan de exterminio.

El proceso de estabilización y unificación del Imperio, que se resquebrajaba por los cuatro costados bajo la presión de las potencias europeas (en el marco de la política de las grandes potencias, las guerras de liberación nacional, etc.), fue “dirigido” hacia el Este por el sultán Abdul Hamid. Su objetivo era la salida a la “Arabia Occidental”, los santuarios musulmanes y Armenia(6). Las guerras balcánicas (1912-1913) solamente reforzaron esta intención. “Yo no lamentaré la pérdida de los países balcánicos que chupan todas nuestras fuerzas” decía Abdul Hamid. “Nosotros queremos quedarnos en Anatolia y debemos vivir por separado” proclamó el conocido como “Sultán Rojo” o “Sultán sangriento”(7).

La idea-planteamiento “hamidiana” (producto del sultán Abdul Hamid) encontró su comprensión en Europa. En este plano es muy elocuente observar, en vísperas de la I Guerra Mundial en 1914, el recurso del barón prusiano Hans vön Vangenheim al Comité Central de Unión y Progreso (Ittihad ve Terakkí Jemiyettí): “Para vosotros es ventajosa la unión con Bulgaria. Es necesario salir a la línea Berlín-Constantinopla. Habiendo armado los estrechos, privar a Rusia de la ayuda de afuera y con esfuerzos comunes, aplastarla. Dándoles el Cáucaso, queremos abriros la vía hacia Turán. Debéis destruir el elemento que obstaculiza la unión de Turquía (los armenios – L.Sh.), y luego invadir asimismo la Persia…”(8).

Así, en 1914 el embajador del Imperio alemán decía lo que dos años antes había previsto el gran poeta armenio Hovhanés Tumanian: “…La Cuestión Armenia es uno de los dolores principales de cabeza de Turquía, y con el tiempo se acrecentará, mientras que los turcos serán obligados a retroceder en estas tierras”. Con ello y de común acuerdo, las potencias europeas hacían abandonar el Viejo Mundo a las intenciones del sultán otomano, un elemento civilizadamente ajeno a ellas. Lo dirigían hacia el Este. En esta vía estaba Armenia. Y por eso, la ayuda de la Europa cristiana al país bíblico, Armenia (“la cuna de la civilización” según David Lang), era moderada.

La evolución del exterminio

Mientras tanto, el régimen turco otomano tomó la táctica correspondiente al exterminio, realizándola en tres etapas:

1. De 1876 a 1915: local, pero con tendencia a la ampliación y el desarrollo de la política de deportación de los armenios, su islamización forzosa y posterior masacre;
2. De 1915 a 1918: el proceso universal de la solución definitiva de la Cuestión Armenia. Los turcos no lo lograron en parte por la resistencia de los armenios que lograron sobrevivir, en particular soldados y oficiales de regimientos de voluntarios con experiencia en muchas batallas. De este modo, los combates de casi de ocho meses de las unidades militares armenias desde Erznca (Erzindjan) hasta Sardarapat y Bakú; la rotura del frente sirio-palestino por parte de “la Legión Armenia” el 19 de septiembre de 1918; y, en parte, a virtud de la situación internacional, abortaron la política total de exterminio;
3- De 1919 a 1923: por un lado, la política kemalista de exterminio hacia la población griega; la continuación del “armenocidio” inacabado  en la Armenia Oriental y Transcaucasia; y la conquista de nuevas tierras por parte del naciente Estado turco kemalista, el cual finalmente negó la culpa y responsabilidad de las autoridades turcas (tanto otomanas como republicanas)  con el exterminio armenio.

De ahora en adelante, según la idea del Estado turco, “el problema consistía en conseguir la reconciliación de los armenios con la situación real. Habia que forzar a los armenios mismos a cambio del reconocimiento de su Estado enano (se trata de la República de 1918 – L.Sh.) a renunciar a sus territorios a favor de Turquía. Casi pleno sometimiento y anexión podían presentarse así como cesión, concesión voluntaria de los territorios, y el genocidio de la población armenia de estos territorios como acontecimiento del pasado digno de lástimas”(9).

La responsabilidad turca

Con todo eso, el genocidio armenio ha engendrado la cuestión sobre la responsabilidad de Turquía y de la población turca:

a) El castigo penal de las personas físicas que han ideado y realizado un crimen que ha conmovido al mundo. Han sufrido el castigo sólo en parte (la operación “Némesis”, el denominado “Nüremberg armenio”, era realizada en condiciones de la resistencia activa del gobierno soviético);
b) La responsabilidad política del Estado turco y la creación de Armenia conforme a la decisión arbitral del entonces presidente estadounidense Woodrow Wilson (1913-1921) en sus famosos “Catorce Puntos” esgrimidos ante el Congreso de EEUU en 1918, previo a las negociaciones del Tratado de Versalles (1919);
c) La responsabilidad pecuniaria, como la restitución o reconstitución de los derechos de los armenios, devolucion de los bienes quitados por la fuerza, etc (10)

Está claro que la lucha ulterior de los armenios será determinada en gran medida por los  puntos b y c anteriormente expuestos. Esto llevará a la liquidación de las consecuencias del primer genocidio en el mundo, el armenio(11)  y prevendrá una vez y para siempre la repetición de semejantes crímenes.

Son así significativas las palabras Woodrow  Wilson que suenan como un precepto: “Armenia debe recibir aquello a lo que tiene derecho histórico. Ella tiene más derechos a la vida que Turquía… Tarde o temprano, Turquía aparecerá ante el tribunal  y rendirá cuentas, y entonces le exigirán la devolución de lo saqueado al dueño verdadero”(12).

 

 

(1) El crítico de arte alemán Ernst Dietz considera que el arte de los turcos selyúcidas es la continuación del armenio. Ver: DIETZ, Ernst, El arte selyúcida (en alemán), Estambul, 1948.

(2) El coste total de los bienes de los armenios saqueados por los turcos en los años del genocidio se calcula en aproximadamente US$ 5.000 millones en oro. Una parte de estas riquezas la escamotearon los mismos saqueadores y la élite imperial, y la parte leonina fue usada para las necesidades del movimiento kemalista, en particular para la guerra desatada por los turcos contra la Armenia Oriental.

(3) Ver MAGAKIA, Ormanian, La iglesia armenia, Estambul, 1911, pp. 15-16

(4) Por primera vez este término lo introdujo científicamente el historiador sirio Moussa  Prince en 1967.

(5) Ver SARKISIAN, E., “Entre bastidores: como nacía el Acuerdo de Moscú de 1921”, La Armenia Literaria, 1991, N1, pp. 76-77.

(6) Ver El reparto de la Turquía Asiática por los documentos secretos del antiguo Ministerio de Asuntos Exteriores.  Bajo la redacción de Е. A. Adamov, Мoscú., 1924, p. 29.

(7) Ver YAZICHIAN, G., El sultán sangriento Abdul Hamid II, Beirut, 1980, pp. 812, 827.

(8) RIFAT MEVLÁN ZADE, Las páginas oscuras de la revolución otomana y los programas del Ittihad de exterminio de los armenios, Ereván, 1990, p. 18.

(9) BARSEGOV, Yuri, El genocidio armenio: la responsabilidad de Turquía y las obligaciones de la comunidad mundial, Los documentos y el comentario. II Tomos, Moscú, 2005, t. 2., parte 2,. p. 215.

(10) Más detallado ver BARSEGOV, Yuri G., El Genocidio armenio: un crimen del Derecho Internacional, Мoscú, 2000.

(11) Es remarcable que tras verificarse “huellas frescas” de la masacre armenia, el mundo civilizado comenzó a hablar del genocidio de los armenios y caracterizó estos acontecimientos como “quema en vivo” (holocoust). Ver  HOCKING, Joseph, The path of glory, Londres, Nueva York, Toronto, 1918, p. 216, 240.

(12) Ver CHALJUSHIAN, G, El libro rojo. Rostov-del-Don, 2008, pp. 186-187