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Revolución “pacífica pero armada”

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En diversos medios políticos en Washington y Bogotá se comenta con fuerza que, reforzado tras su triunfo en el referendo revocatorio y las elecciones regionales en el 2004, Chávez consolida su revolución y tantea el escenario internacional en búsqueda de nuevas alternativas de poder. En este aspecto, se comenta que Chávez ha asentado un sólido eje político con Fidel Castro.
 

Las relaciones entre el gobierno de Hugo Chávez y el de George W. Bush están adquiriendo un tono de confrontación altamente preocupante, con implicaciones cada vez mayores en cuanto al desarrollo de la política hemisférica. La discordia se debe, principalmente y ante las presuntas nuevas compras militares por parte del gobierno de Chávez, a la posibilidad de que un reforzamiento militar de la revolución bolivariana implique su eventual expansión regional, así como también propicie un aumento en la carrera armamentista en la región, con el consiguiente reacomodo de alianzas militares y geopolíticas.

Mientras Chávez se reunía en Caracas con el presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, con la finalidad de zanjar, al menos aparentemente, la peor crisis diplomática entre ambos países en casi dos décadas, motivada por la detención del "canciller" de las FARC Rodrigo Granda, desde Washington corrían las quejas y preocupaciones hacia los contactos y movimientos de Chávez. La reanudación en las relaciones colombo-venezolanas estuvo más enfocada en los imperativos de intercambio comercial entre ambos países, debido a la íntima interdependencia del comercio transfronterizo. Pero las preocupaciones en la Casa Blanca se enfocaban nítidamente hacia los asuntos geopolíticos y militares.

Lo que se dice en Washington

En su estreno como secretaria de Estado, Condoleeza Rice afirmó que el líder venezolano "ejerce una influencia desestabilizadora en Latinoamérica". Hace pocos días, esta declaración fue completada por el anuncio del consejero de asuntos políticos Marc Groosman, quien calificó a Chávez como un elemento "negativo y desestabilizador" y afirmó que Washington seguirá de cerca la presunta compra de armas a Rusia, por parte del gobierno venezolano.

El rosario de declaraciones continuaron con las palabras de Roger Noriega, adjunto a la secretaría de Estado, y del portavoz del Departamento de Estado, Adam Ereli, donde manifestaban su preocupación de que las compras de armamento por parte de Chávez "puedan acabar en manos de grupos criminales e irregulares". La referencia era directa: la guerrilla colombiana.

Sin embargo, la declaración más contundente provino del nuevo director de la CIA, Porter Goss, quien señaló que, para este año, Venezuela seguramente integrará la lista de posibles "fuentes de conflictos" para el reelecto gobierno de Bush. La lista la completan Colombia, Haití, Cuba y México. Del mismo modo, Goss analizó la actual situación venezolana explicando que Chávez "consolida su poder con tácticas técnicamente legales y se inmiscuye en los asuntos de otros países, con apoyo de Fidel Castro".

El gobierno venezolano rechazó vehementemente esta riada de declaraciones: el presidente Chávez no dudó en calificar a EEUU como un "Estado terrorista" mientras el vicepresidente José Vicente Rangel acusó al gobierno de Bush de ser la principal fuente de conflictos en el mundo. Para reflejar un elemento que habla por sí solo del carácter de su proceso de cambio, el presidente Chávez ha remarcado constantemente la siguiente frase: "que nadie se llame a cuento. Esta revolución es pacífica, pero está armada". Dicha declaración ha sido objeto de diversas interpretaciones.

Las armas de Chávez

En diversos medios políticos en Washington y Bogotá se comenta con fuerza que, reforzado tras su triunfo en el referendo revocatorio y las elecciones regionales en el 2004, Chávez consolida su revolución y tantea el escenario internacional en búsqueda de nuevas alternativas de poder. En este aspecto, se comenta que Chávez ha asentado un sólido eje político con Fidel Castro.

Mientras el "caso Granda" causaba estragos, las visitas de Chávez a España, Rusia, Irán y China a finales del año pasado, fueron estrechamente monitoreadas desde Washington y Bogotá. El caso español fue significativo, al menos para el gobierno de Uribe Vélez. Apenas llegado al poder, en marzo de 2004, el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero canceló una venta de 40 tanques AMX-30, valorada en $ 6 millones, al gobierno colombiano a pesar de que existía un acuerdo suscrito por el anterior presidente español, José María Aznar, y cuya aparente utilidad sería la lucha antiguerrillera y antinarcóticos.

En aquel entonces, Zapatero argumentó la cancelación de la venta por la posibilidad de que se utilizara en la frontera colombo-venezolana para fines bélicos. De igual modo, Chávez acusó a Colombia de iniciar una carrera armamentística. Pero los ecos de la fallida operación colombiana en España resuenan ahora, ante los movimientos de Chávez por adquirir armamento, oficialmente diseñado dentro de un "plan estratégico de modernización de las FAN" y con la complacencia de Zapatero en ese sentido.

En Bogotá se disparó la alarma cuando Chávez visitó Moscú, en noviembre pasado, donde formalizó un presunto acuerdo con el gobierno de Vladímir Putin para la adquisición de 100.000 fusiles Kalashnikov AK-103 y 104, 33 helicópteros, cinco radares móviles y 50 aviones MIG-29.

Recientemente, fuentes militares estadounidenses advirtieron a Rusia sobre su disconformidad en esa venta de armas a Venezuela. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, respondió que Washington no debía entrometerse en el asunto. Y Chávez agregó que lo que irritaba a EEUU era que Venezuela "estaba cambiando de socio militar" y que, seguramente, si fueran armas estadounidenses las que se compraran, "Washington no se quejaría".

Antes de la reciente gira sudamericana de Zapatero, a comienzos de febrero, Uribe telefoneó al mandatario español para indagar sobre los posibles contactos de Madrid con el gobierno de Chávez para la venta, mantenimiento y repotenciación de fragatas F-25 y 26 y corbetas militares Tango 61 y 62, así como de dos submarinos. En estos días se conoció que Chávez también ordenó la compra a España de 12 lanchas rápidas. En esa conversación, Uribe le hizo saber a Zapatero su preocupación y la razón de porqué ahora accedía a vender armamento a Venezuela en un momento tan tenso en las relaciones bilaterales, cuando hace un año le negaba esa posibilidad de venta armamentística a Colombia. A última hora, Zapatero canceló una presumible visita a Caracas pautada en la gira.

Lo que no se canceló fue la visita secreta del ministro de Defensa español, José Bono, a la capital venezolana, para ultimar detalles de la presumible operación de las fragatas, que involucra a la empresa estatal española Izar.

En Bogotá argumentan que, a pesar de que el gobierno Zapatero ha querido mantener una posición de neutralidad en la crisis colombo-venezolana, existe una evidente parcialización del mandatario español hacia su homólogo venezolano.

Analistas y consejeros militares colombianos también se preguntan por qué Chávez prefirió la compra a Rusia de los 100.000 fusiles AK 47 calibre 7,62, que en América Latina sólo utilizan las FARC, y no los de calibre 5,56, que cuesta un 75% más barato y cuyo peso permite mejor transporte y precisión.

Las nuevas estrategias hemisféricas

Las reacciones fueron muy encontradas, en ese sentido. La adquisición de MIG-29 bien podrían deberse a la necesidad de Chávez de disminuir, o bien acabar, con la dependencia de la fuerza aérea venezolana hacia los F-16 estadounidenses en momentos en que Washington no facilita repuestos para los mismos. Otra ecuación para analizar las compras de armamentos tiene que ver con las frecuentes acusaciones que Chávez realiza hacia la presumible expansión del Plan Colombia y la desventaja militar venezolana con respecto a su vecino.

Chávez ha declarado últimamente, con cierta insistencia, que sabe de planes del gobierno de Bush para "invadir militarmente" a Venezuela, y ello justificaría su política de adquisión de armas. De ahí se desprende también la promulgación de una nueva "doctrina de seguridad nacional" de la FAN venezolana la cual, según explicó el general Melvin López Hidalgo, está concebida "para acometer la nueva modalidad en la estrategia militar, las llamadas guerras asimétricas, y evitar así las presiones estadounidenses".

En el mismo tono de especulación conspirativa, Fidel Castro "advirtió" a Chávez de un posible "atentado de la CIA en su contra" y responsabilizó a Bush en caso de que este hecho se cometiera. En Caracas, la idea permanente es que Venezuela puede convertirse en un escenario similar al de Panamá en 1989, con la invasión militar estadounidense que depuso al general Manuel Antonio Noriega.

Del mismo modo, Chávez confirmó sus deseos de fortalecimiento armamentístico con la reciente visita a Caracas del presidente brasileño Lula da Silva y la suscripción de un acuerdo de compra de 24 aviones ligeros de combate Super Tucano, por valor de $170 millones. En principio, la adquisición de estos equipos militares brasileños estarían orientados a la lucha antinarcóticos y anticriminalística conjunta, entre Caracas y Brasilia, en el área del Amazonas.

Otro aspecto que resalta en esta crisis entre Washington y Caracas tiene que ver con el asunto energético. Si bien las amenazas de corte de suministro petrolero al mercado estadounidense no han pasado de ser una simple y desafortunada retórica, Chávez ha diseñado un eje alternativo de suministro energético con China, Brasil y Argentina. Esta presencia económica y, eventualmente, política de China en Venezuela, Brasil, Argentina y Cuba, plasmada en la visita de Hu Jintao hace unos meses, no pasa por alto en Washington. Como tampoco los esfuerzos de Chávez en convertirse en un líder hemisférico antiglobalización, plasmados en su intervención en el Foro Social de Porto Alegre y sus presuntos apoyos a movimientos indigenistas e insurgentes en el espacio andino.