
¿Qué novedades y cuáles son los mensajes principales del libro Trump 2.0? ¿Qué diferencias clave encuentras entre el Trump de 2016 y el de 2024?
Cuando Trump se presentó a las elecciones presidenciales de 2016 tenía 70 años y era un novato en política, no pertenecía a ningún partido político ni era congresista, ni senador, ni gobernador ni había ejercido nunca un cargo público. Es una peculiaridad de EEUU; aún con esas características pudo presentarse a las primarias republicanas y para sorpresa de la mayoría derrotó a la veterana demócrata Hillary Clinton, obtuvo 63 millones de votos. Ella tuvo más votos populares pero no electorales, un sistema electoral muy peculiar y nada democrático. Logró capitalizar el voto de la ira, de amplios sectores de la población defraudados tanto con los demócratas como con los republicanos, pero aun presentándose por el Partido Republicano él se reivindicaba como un ‘antisistema’ enemigo de la globalización y del ‘establishment’.
Su inexperiencia política y los recelos que despertaba en muchos cuadros del Partido Republicano y muchos grandes donantes del partido le impidieron llevar adelante algunas de las medidas más agresivas y rupturistas. Sin embargo el Trump de 2025 es un hombre más experimentado, ha apoyado con mucho dinero las campañas de muchos candidatos a las elecciones legislativas de medio mandato, a elecciones locales, ha logrado ir desplazando a adversarios internos. En definitiva, ha ido devorando el partido por dentro y se ha hecho amo del Partido Republicano, pudo batir a todos los otros candidatos republicanos en las primarias con mucha facilidad.
Ahora se siente con las manos libres para llevar a cabo un Gobierno duro, que puede degenerar en una autocracia. Controla las dos Cámaras, el Tribunal Supremo, y ahora cuenta con el apoyo del multimillonario Elon Musk y otros oligarcas tecnológicos que lo hacen sumamente peligroso.
Crees que sus amenazas a socios tradicionales como Europa tienen más de negociación-performance o hay un riesgo real de ruptura de la OTAN tal como la conocíamos?
Las dos cosas. Es un hombre soberbio, autoritario, le gusta que lo vean como un César del siglo XXI, que usa constantemente el chantaje, planteamientos maximalistas, para poder luego negociar desde una poderosa relación de fuerzas. Y sus amenazas de injerencismo en otros países y sus ansias de expansionismo territorial nos pueden retrotraer a muchos años atrás, a las peores épocas del imperialismo estadounidense, a la época de instigar golpes de Estado, a las invasiones y ocupaciones de países que creíamos que eran cosas del pasado.
Su unilateralismo es muy peligroso y parece dispuesto a romper cualquier acuerdo y cualquier alianza, incluso con sus aliados de la OTAN, si no ve beneficios directos y a corto plazo para Estados Unidos.
La polarización en EE.UU. es muy fuerte. Con precedentes como el asalto al Capitolio en enero de 2021, ¿ves riesgos de retroceso democrático en el país?
Sí, sin duda, no ha sido una simple anécdota. Y el hecho de que Trump haya indultado inmediatamente a los más de 1.600 detenidos por ese asalto ha supuesto un aliento a las numerosas milicias supremacistas y negacionistas armadas que hay en EEUU. Durante el asalto al Capitolio se llegó a temer seriamente que fuera el inicio de un golpe de Estado, y el fantasma de una segunda guerra civil sigue muy presente, no es ninguna fantasía. La prepotencia de Trump, su amenaza de movilizar al Ejército contra el ‘enemigo interno’ y contra todo lo ‘woke’ puede romper todas las costuras del orden constitucional.
El trumpismo ha influido en movimientos políticos similares en América Latina y Europa. ¿Ves un «Trump 2.0» fuera de EE.UU.? ¿Dónde están más cerca de alcanzar sus objetivos?
Evidentemente se ha convertido en el principal referente de la llamada ‘alt-right’, de los ‘libertarios’, que en definitiva no son más que ultraliberales autoritarios que quieren desmantelar el Estado, sus instituciones, sus servicios públicos, y que sobreviva el más fuerte. Es la ley de la selva. Es lo que pregona por ejemplo uno de sus discípulos latinoamericanos, Javier Milei, que no casualmente se hace llamar ‘el león’ y no casualmente tampoco tiene como símbolo de su poder una motosierra. Bukele también intenta emular a Trump y Bolsonaro sueña con volver al poder y poder en su segundo mandato hacer una política mucho más dura, como su admirado presidente estadounidense. Y Trump está feliz viendo que en estos años fuera de la Casa Blanca ha ganado grandes amigos en Europa, algunos ya aupados al poder como Orbán o Meloni intentado hacerlo, en Alemania, Francia y otros países. Esto debilita enormemente a la Unión Europea.
¿Ves paralelismos entre Trump y otros líderes históricos? ¿Qué lecciones deberíamos aprender para evitar un «Trumpismo eterno»?
Bueno, se intenta buscar paralelismos con los años ’30 en Alemania, con el triunfo electoral de Hitler y en la deriva que tuvo posteriormente. Hay ciertos puntos comunes, es verdad, pero creo que la historia no se repite nunca exactamente igual; el contexto mundial no es el mismo y los protagonistas tampoco. Prefiero evitar comparaciones simplistas, aunque evidentemente es muy preocupante la deriva que puede tener un país de tanta influencia como EEUU al que todavía muchos siguen considerando ‘el faro de Occidente’.
Lo que suceda allí tiene indudablemente consecuencias muy importantes en todo el mundo. Aunque hoy el mundo es multipolar es indudable también que EEUU sigue siendo por ahora la primera potencia a nivel político, económico, militar, cultural y científico.
Desde tu perspectiva vital, ¿qué alternativas y qué acciones propondrías para reilusionarnos con una gobernanza global que priorice la cooperación sobre el conflicto?
No es fácil ser optimista ante el panorama mundial que tenemos, con unas Naciones Unidas totalmente debilitada, boicoteada por EEUU, atacada directamente, política e incluso militarmente por el régimen ultraderechista israelí, y con una Unión Europea muy muy débil y dividida para enfrentar no solo el genocidio del pueblo palestino o la guerra de Ucrania, sino incluso temas vitales para la humanidad como la hambruna, el drama de los refugiados o el cambio climático.
Confiemos en que esta agresiva ola ‘trumpista’, ultraderechista y anti Estado, anti todo lo público, que se está viviendo no solo en EEUU y que afecta directamente a las mayorías sociales, termine provocando como revulsivo una corriente de signo inverso. Que sirva para tomar conciencia de lo fácil que puede ser perder todos los derechos y todo el progreso que la humanidad fue consiguiendo con mucho esfuerzo, mucha lucha y mucha sangre durante años.

