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Bolivia: En el eje del bien, en el eje del mal

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Idiomas Galego
José Luis Rodríguez Zapatrero y Evo Morales, clic para aumentar
La reprivatización de 1996 abrió el mercado a compañías extranjeras, entre las que destacan la Petrobrás que controla un 45% de los recursos, Repsol-YPF con el 25%, además de la francesa Total. Los bolivianos no quisieron perder la última llamada para ser gestores de sus recursos. Para que la riqueza del subsuelo traspase la línea de tierra e impregne también a los que habitan encima. Madrid y Brasilia se apresuraron a cursar invitación al presidente Evo Morales, incluso antes de su toma de posesión el 22 de enero. (Foto: José Luis Rodríguez Zapatrero "á esquerda" recibe en Madrid a Evo Morales el 4 de enero de 2006).
 

El eje del mal está buscando su tercera pata latinoamericana. Dos ya son fijas: Cuba y Venezuela. La tercera fue substituida sucesivamente en el último lustro. Primero señalaron hacia las Farc colombianas. Durante las elecciones brasileñas, Lula fue generador de miedos revolucionarios. Pero, desde las elecciones del 18-D, la tercera pata ya tiene dueño, Evo Morales. Ha sido designado por la Casa Blanca como un componente fijo de sus dolores de cabeza continentales. Se confirmó la peor pesadilla que podían imaginar, que puede completarse si Ollanta Humala, consigue la presidencia en Perú en el mes de abril.

El precursor que identificó a Evo como miembro del eje del mal, fue Manuel Rocha. En las elecciones de 2002 amenazó con cortar la ayuda económica si ganaba el "narcotraficante" (Evo Morales). Estas palabras del embajador de los EEUU, propulsaron a Evo como jefe de la oposición, hicieron del MAS, su partido, la segunda fuerza política, lo afianzaron como líder del nacionalismo boliviano, harto de injerencias y de la expoliación de sus recursos.

Algo semejante aconteció cuando la embajada de EEUU alertaba sobre eventuales acciones potencialmente violentas. Declaración que ofendió a toda la clase política, especialmente al presidente de la República, Rodríguez Veltze. El embajador, David Greenlee, tuvo que encauzar el malestar, declarando: "Espero una buena relación con el próximo gobierno". Greenlee era el director para la erradicación de coca en 1991 y 1992, como jefe de la oficina local de la CIA. La segunda intervención norteamericana en la campaña electoral boliviana, sirvió para darle a Evo y a su partido, el empujón definitivo hacia su victoria aplastante.

La maldición del gas

Quien lanzó al ruedo de la vida política al sindicalista indígena fue su liderazgo entre los campesinos que se oponían a erradicar el cultivo de coca. En 1997 fue elegido diputado, pero en enero de 2002 fue expulsado del parlamento, bajo cargos de incitador de las protestas ilegales de los cocaleros.

Morales respondió al desafío político lanzándose a la presidencia de Bolivia. Sorpresivamente ocupó el segundo lugar, detrás de Goni (Sanchez de Lozada), aliado del eje del bien, quien debería acabar su mandato en agosto de 2007 si no se viese afectado por la maldición del gas que consume aceleradamente presidentes.

Sánchez de Lozada, que reside actualmente en los EEUU, está reclamado por genocidio, acusado de ser el responsable de la extrema violencia con la que se reprimieron las manifestaciones, ocasionando las 67 víctimas de la guerra del gas, y precipitaron la huída del presidente el 17 octubre de 2003. En menos de dos años, traspasó la frontera del eje del bien, para convertirse en un personaje maldito.

La decisión de adjudicar a la Trasnational Pacific LNG la concesión de la exportación de gas a EEUU y a México a través de Chile, despertó todos los demonios históricos de las expoliaciones de recursos. La maldición del gas también se llevó por delante en junio de 2005 al ilustrado Carlos Mesa, vicepresidente con Lozada, que no fue capaz de apagar la llama encendida del gas, que portaban las masas. Ya no se conformaban con el aumento de regalías a las compañías petrolíferas del 18 al 50%. A esas alturas del conflicto, ya solo era válida la nacionalización de las compañías energéticas.

Gas: ni a Chile, ni por Chile

De las entrañas de la tierra, el país ha sido vaciado de sus recursos más valiosos. De Potosí salía la plata hacia el corazón del imperio español. De la usurpación del salitre se encargaron las compañías británicas Melbourne &Clark, extracción que costaría la Guerra del Pacífico en 1879 de la entente británico-chilena, que arrancó los territorios bolivianos, de Antofagasta y la costa del Pacífico, dejando sin mar a Bolivia. Por está razón, aún hoy los bolivianos no permiten que el gas sea exportado por las costas chilenas que reivindican como suyas.

La era del Caucho acabaría en otra guerra, la del Acre con Brasil que le mutilaría otros 190.000 km2. La del estaño estuvo en manos del magnate Simón Patiño, que manejaba los hilos del país, o los golpes de estado en función de sus intereses, o los de sus socios norteamericanos e ingleses. También esta acabaría en otra guerra: la del Chaco, esta vez con Paraguay, que dejó 60.000 muertos y la pérdida del Chaco Boreal.

La historia de los hidrocarburos comenzó con el mismo guión. La Standar Oil encontró su primer pozo petrolero en 1924, y durante seis años estuvo exportando crudo a Argentina, sin que el gobierno boliviano tuviese información del hecho. En 1937, el gobierno expulsa la Standar Oil, y nacionaliza el petróleo, creando YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos). El primer pozo de gas lo encuentra la Gulf Oil en 1967, dos años antes de la segunda nacionalización del gobierno de Osvaldo Candia.

La reprivatización de 1996 abrió el mercado a compañías extranjeras, entre las que destacan la Petrobrás que controla un 45% de los recursos, Repsol-YPF con el 25%, además de la francesa Total. Los bolivianos no quisieron perder la última llamada para ser gestores de sus recursos. Para que la riqueza del subsuelo traspase la línea de tierra e impregne también a los que habitan encima.

Madrid y Brasilia se apresuraron a cursar invitación al presidente Evo Morales, incluso antes de su toma de posesión el 22 de enero.

Grito rebelde

Hay cifras que hacen innecesarias las explicaciones: estar en el puesto 114 de 177 del ranking mundial del progreso, con un ingreso per cápita de 949 dólares… pertenecer a un país en el que el 10% reúne el 45% de la riqueza nacional… tener una expectativa de vida de solo 61 años… comprobar que la tasa de analfabetismo entre los mayores de 15 años es aún del 13%… saber que la pobreza atrapa al 53% de la población blanca y al 74% de la población indígena, población que hasta el año 1952 ni tenía derecho a voto… repasar que en los últimos 50 años el país apenas ha crecido un 1% de media… que mientras dos millones de personas trabajan 5 millones de hectáreas, solo 100 familias son dueñas de 25 millones de hectáreas… explican por sí solas que nada de lo que aconteció el 18-D fue un error. Bolivia alzó un grito rebelde confiando su suerte en Evo Morales.

Eje del bien

Evo Morales afirma que ha llegado un nuevo tiempo para los pueblos, que se está fraguando la segunda liberación de Latinoamérica, pero que no aspira a conformar un eje del mal, sino a consolidar un eje del bien, basado en relaciones de respeto y no de imposición. Con un lenguaje contundente se ha colocado en las antípodas de la órbita norteamericana: "Este milenio será para los pueblos, no para el imperio, es hora de acabar con la discriminación, con la injusticia derivada de la explotación de los recursos naturales… Enterraremos el imperialismo yanqui".

Ciertamente existe preocupación internacional por la seguridad jurídica de las inversiones extranjeras, que se han paralizado últimamente. Desconfían de un presidente que hasta ahora ha demostrado su tremenda habilidad para bloquear el país organizando los cortes de las arterias de comunicación. Quizás por eso mismo, a su vicepresidente Álvaro García Linera, un ex-guerrillero ilustrado, brillante sociólogo y analista, le toque presentar la cara negociadora y moderadora. Linera cree que en Bolivia no están dadas las condiciones para el salto al socialismo: "En los próximos 100 años será capitalista. Eso sí, un capitalismo andino que propicie la creación de un estado fuerte para articular equilibradamente las tres plataformas económico-productivas: la comunitaria, la familiar y la moderna industrial".

A pesar de catalogarse como de centro izquierda no niegan su aspiración de convertir al Estado en el eje de la economía, pero aseguran que no se confiscarán bienes, que respetará la iniciativa privada, siempre y cuando los empresarios respeten la ley, que se garantizarán las propiedades agrícolas que cumplan la función social.

Para que Evo Morales, no pase a la historia como el quinto presidente transitorio de la democracia quinceañera, deberá saber que el mayor enemigo estará en su propia casa, en la dificultad para cerrar las tremendas fracturas territoriales o sociales, las territoriales en los dos proyectos de país, el de los departamentos ricos, blancos, industriales, de la denominada Media Luna Oriental; o el de los occidentales, indígenas y pobres. Las sociales están en cada rincón de su geografía.

Es verdad que los abultados resultados han sacado al país de lo que se denominó empate catastrófico: Evo controlaba la calle, el gobierno, las instituciones, que se acabó la ingobernabilidad… pero queda por delante una agenda programática urgente muy complicada: Asamblea constituyente y referéndum departamental; TLC con EEUU; integración en el MERCOSUR; negociación para establecer empresas mixtas público-privadas del gas; negociaciones con los vecinos sobre el precio del gas, sobre la salida al mar; conjugar el narcotráfico cero con la legalización del cultivo de la coca… etc.

Cuando acusaban al candidato conservador Tuto Quiroga, líder de Podemos, de ser un peón de las economías liberales, este lo negaba taxativamente: "En Bolivia hay demasiada pobreza como para ser de derechas"¡No se equivocaba!