Corea del Norte incrementó en 2009 la tensión militar en la península coreana. El proceso de las negociaciones para su desnuclearización en el marco del Grupo de los 6 continuó estancado. Pyongyang nunca permitió, ni a EEUU ni a la AIEA, llevar a cabo en sus instalaciones nucleares una verificación “directa y fehaciente” de la documentación entregada hasta entonces sobre su programa nuclear. Ni siquiera después que la Administración Bush borrase al Norte de la lista de países de apoyaban el terrorismo internacional.
Pyongyang decidió unilateralmente dar por terminados, el 31 de enero de 2009, los acuerdos firmados con el Sur en 2000 y 2007, lo que afectó negativamente las actividades del complejo industrial de Kaesong. El 5 de abril lanzó un misil balístico internacional que, tras sobrevolar Japón y recorrer unos 3.100 kilómetros, cayó en el Océano Pacífico. Esta acción provocó, el 13 de abril, una resolución condenatoria del Consejo de Seguridad de las NNUU. Pyongyang respondió al día siguiente de forma virulenta anunciando su retirada definitiva de las negociaciones del Grupo de los 6, la expulsión de los inspectores de la IEA y la reactivación inmediata de sus instalaciones nucleares para seguir enriqueciendo material nuclear. Y el 29 de abril amenazó con proceder a un segundo ensayo nuclear y lanzar más misiles si el Consejo de Seguridad no le pedía inmediatamente excusas por haber sancionado a tres empresas norcoreanas. Incluso se negó a recibir al enviado estadounidense Stephen Bosworth durante sus dos giras realizadas en marzo y mayo, para hacer consultas con los países del Grupo de los 6.
Dicho y hecho. El 25 de mayo, Corea del Norte hizo una segunda prueba nuclear y lanzaba el mismo día y al siguiente varios misiles de corto alcance. El Consejo de Seguridad de las NNUU aprobó, el 13 de junio, por unanimidad de sus quince miembros, entre ellos China y Rusia, la resolución 1874 que estableció mas sanciones políticas y financieras al régimen norcoreano. Pero Pyongyang volvió a reaccionar con dureza al día siguiente anunciando que continuaría enriqueciendo uranio para ir aumentando su arsenal nuclear. Y continuó su carrusel de misiles de corto alcance los días 1 y 4 de julio y el 12 de octubre para demostrar como iba mejorando progresivamente de sus capacidades balísticass. También provocó el 10 de noviembre un altercado naval entre buques armados de las dos Coreas.
La actitud norcoreana responde a una estrategia calculada y utilizada sistemáticamente desde hace dos décadas. Provoca tensiones internacionales para exigir y lograr compensaciones políticas y económicas a cambio de paralizar y declarar su programa nuclear, algo que luego no cumple. Mientras tanto Corea del Norte ha ido desarrollando secretamente su programa nuclear hasta lograr enriquecer uranio para uso militar (3). Estamos pues ante un estado “fallido” sin reservas de divisas pero con reservas de plutonio y no ha dudado en utilizar la extorsión nuclear contra Corea del Sur y Japón. Incluso se ha enfrentado con amenazas a las decisiones del Consejo de Seguridad de las NNUU.
¿Qué razones pueden explicar esta estrategia? Pyongyang pretende que se le reconozca un “status” de potencia nuclear para negociar directamente, desde una posición de fuerza, para lograr unos acuerdos más favorables con los EEUU. Pretende situar Corea del Norte en el centro de la agenda internacional de EEUU cuando la crisis económica global y el conflicto de Afganistán y Pakistán constituyen las prioridades de la administración Obama. También hay factores internos. Tras los insistentes rumores sobre el estado de salud de Kim Jong-il, que sufrió un posible infarto en agosto de 2008, el ensayo nuclear del 25 de mayo constituyó una gran acción propagandística dirigida a reforzar su liderazgo ante el pueblo y el ejército. El dictador pretende mantener el régimen político, asegurar la sucesión dinástica a favor de su hijo Kim Jong-su y celebrar con toda la pompa, en 2012, el centenario del nacimiento del “presidente eterno” Kim Il-sung.
Washington y Seúl mantienen abiertas las puertas al diálogo pero no quieren ceder, bajo presión, ante Pyongyang. Sin descartar los contactos bilaterales, quieren situar el conflicto en el marco del Grupo de los 6, donde está la pieza clave que es China. Pero no es previsible que, a corto plazo, Pyongyang asuma la realidad y retorne a las negociaciones multilaterales. Es inviable una intervención militar porque el Norte, a diferencia del régimen iraquí de Sadam Hussein, el norcoreano sí tiene capacidades militares para destruir Seúl y alcanzar a Japón. Y las sanciones internacionales no afectan a la elite política y militar, solo aumentan el sufrimiento de la población civil.
Barack Obama y Lee Myung-bak celebraron el 16 de junio en Washington una cumbre bilateral para analizar la estrategia conjunta a seguir ante el desafío norcoreano. En el documento final de la cumbre “Joint vision for the Alliance of the United Status of America and the Republic of Korea” se manifiesta, por primera vez en un documento público, el compromiso de los EEUU de extender su paraguas nuclear para proteger Corea del Sur. Ambos mandatarios reafirmaron que no reconocerán a Corea del Norte un status de poder nuclear ni este país recibirá compensaciones mientras prosiga con su comportamiento contrario al Derecho Internacional e incumpla las resoluciones de las NNUU. Insistieron en la voluntad expresada por los miembros del Consejo de Seguridad, incluidos China y Rusia, favorable a una pronta reanudación de las negociaciones para lograr la desnuclearización norcoreana.
El mensaje estadounidense y surcoreano a Pyongyang fue doble: a) un rechazo de las ambiciones y amenazas norcoreanas y la aplicación de las sanciones internacionales y b) la disponibilidad a reanudar las negociaciones y normalizar las relaciones. Esta estrategia conjuga elementos de presión y de sanción internacional con una voluntad de restyablecer el diálogo y el compromiso con Pyongyang si muestra signos inequívocos de querer negociar seriamente su completa desnuclearización. La estrategia es clara pero su aplicación práctica plantea muchos interrogantes. Es complicado confiar y negociar con un país que viola sistemáticamente las normas básicas del Derecho Internacional y que es impredecible en sus actuaciones y reacciones. Mientras tanto, se deberá controlar que Pyongyang no siga favoreciendo la proliferación nuclear en terceros países, como parece que hizo con Siria. EEUU sigue con atención algunos recientes intercambios comerciales de Corea del Norte con otros países como Myanmar. Este es un país políticamente inestable pero muy rico en uranio y puede verse tentado a intentar proveerse de la tecnología necesaria para desarrollar un programa nuclear con fines militares.
No parece que Pyongyang vaya a renunciar voluntariamente a su programa nuclear. Ni es previsible que vuelva a corto plazo a la mesa de negociaciones, mientras la cuestión sucesoria de Kim Jong-il no esté plenamente resuelta. Por otro lado, las diversas sanciones impuestas por las NNUU a Corea del Norte no han sido plenamente aplicadas y ni efectivas y no lo serán si no se cuenta con un compromiso político y sin reservas por parte de Pekín. China es el principal socio político y comercial de Corea del Norte y tiene la llave para presionar y conseguir que este país ermitaño se abra al mundo.
Los puentes de comunicación entre Washington y Pyongyang se reabrieron en parte con ocasión del viaje que el ex presidente Bill Clinton hizo al Norte el 4 de agosto para lograr, exitosamente, la liberación de dos periodistas estadounidenses detenidas el 17 de marzo por la policía al intentar cruzar ilegalmente la frontera chino-norcoreana. Este contacto abrió una vía de diálogo con Pyongyang. También se produjo un cierto deshielo entre las dos Coreas. El Norte liberó el 13 de agosto a un ingeniero de Hyundai detenido desde el 30 de marzo. El 17 de agosto anunció la reapertura de la frontera con el sur, efectiva a partir del 1 de septiembre, así como la autorización para continuar los tours al monte Kumsang y la histórica ciudad de Kaesong. La revitalización de estos programas de cooperación gestionados por el grupo Hyundai provocó una controversia sobre si constituían una posible violación de la resolución 1874 del Consejo de Seguridad de NNUU. Pyongyang también envió una delegación oficial al funeral del expresidente Kim Dae-jung, artífice de la “Sunshine Policy”, fallecido el 18 de agosto. Esta delegación fue recibida por Lee Myung-bak en la Casa Azul.
¿Constituían estos gestos unas señales de voluntad de reiniciar el diálogo intercoreano o tal vez simples movimientos tácticos? EEUU y Corea del Sur siguen sin ver cambios reales en el proceder norcoreano. Y Pyongyang se impacienta y sigue presionando para entablar un diálogo directo con los EEUU. El 4 de septiembre anunció haber comunicado por escrito al Consejo de Seguridad que estaba ultimando el proceso de enriquecimiento de uranio para fabricar armas nucleares. Y el 2 de noviembre confirmó que seguía enriqueciendo uranio para reforzar su status nuclear.
Sin embargo, Washington y Seúl mantendrán abiertas las vías de diálogo con Pyongyang. Obama y Lee Myung-bak acordaron una vez más en Seúl, el 18 de noviembre, coordinar sus estrategias frente a Corea del Norte. Stephen Borsworth fue a Pyongyang del 8 al 10 de diciembre e intento, otra vez sin éxito, persuadir a los norcoreanos a retornar pronto a la mesa de negociaciones del Grupo de los 6. La reunión sirvió para reafirmar las posiciones, aún distantes, entre ambas partes. Corea del Norte exige como condición previa un compromiso de EEUU para firmar un tratado definitivo de paz y normalizar las relaciones diplomáticas. Borsworth insistió que Pyongyang debe antes volver a las negociaciones multilaterales para avanzar hacia su plena desnuclearización. Prosigue una larga y compleja partida en que cada parte jugará sus cartas. Pyongyang la carta nuclear. Washington y Seúl la necesidad del régimen norcoreano de que se levanten las sanciones internacionales y poder recibir ayuda urgente para afrontar su grave situación económica y humanitaria. Su última medida de revaluar su moneda norcoreana responde a cuestiones internas y puede complicar aún más la crisis financiera del país.
Tras un año perdido, cabe confiar que las relaciones intercoreanas puedan mejorarse en 2010. En su mensaje de Año Nuevo, Pyongyang hizo un esperanzador llamamiento para reestablecer lazos y dar pasos firmes y definitivos hacia la paz, la reconciliación y el progreso común. Tal vez el mejor clima de diálogo entre Washington y Pekín y las últimas presiones chinas a Pyongyang lograron moderar y convencer a Pyongyang. Lee Myung-bak también confía que se camine en la dirección correcta. Al finalizar 2009 el gobierno surcoreano aprobó nuevos programas de ayuda humanitaria que se desarrollarán a través de las agencias de NNUU y de varias ONGD surcoreanas. También aparecieron informaciones sobre una próxima visita de Kim Jong-il a Pekín e incluso la posibilidad de que en 2010 tuviese lugar una nueva cumbre intercoreana. En 2010 se cumple el 60º aniversario del inicio de la cruenta guerra de Corea. También el 10º aniversario de la 1ª cumbre intercoreana celebrada en 2000 en Seúl.
