Acuerdo "histórico" entre Japón y Taiwán

Pescando en aguas revueltas

Taiwán y Japón firmaron el pasado día 10 de abril un acuerdo calificado de “histórico” por ambas partes que permite expandir el área de actividad de los pescadores taiwaneses en el entorno de las disputadas islas Diaoyu/Senkaku. Esto supone que podrán disponer, sin riesgo de interceptación por los guardacostas japoneses, de unas 1.400 millas náuticas más para faenar, si bien excluyendo las 12 millas del perímetro de dichas islas.

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Taiwán y Japón firmaron el pasado día 10 de abril un acuerdo calificado de “histórico” por ambas partes que permite expandir el área de actividad de los pescadores taiwaneses en el entorno de las disputadas islas Diaoyu/Senkaku. Esto supone que podrán disponer, sin riesgo de interceptación por los guardacostas japoneses, de unas 1.400 millas náuticas más para faenar, si bien excluyendo las 12 millas del perímetro de dichas islas.

El acuerdo llegó tras la paralización de las negociaciones en 2009 y después de 17 años de diálogo sobre el asunto pero, sobre todo, cuando aun no se han enfriado del todo las tensiones sino-japonesas a propósito de la soberanía sobre las Diaoyutai.

El memorando, que incluye la creación de una comisión bilateral nipo-taiwanesa para su gestión, supone, en clara medida, el fracaso de la estrategia continental de atraerse a Taiwán a su órbita para sumar fuerzas frente a Japón. Taipéi no solo va por su cuenta sino que exalta el buen estado de las relaciones con Tokio y anuncia un importante impulso a la cooperación bilateral en numerosos campos (desde la gestión hidráulica a la doble imposición). Las relaciones de Taiwán y Japón viven un momento especialmente dulce que contrasta con los nubarrones que se vislumbran desde el continente.

Es evidente, por otra parte, que el esfuerzo de Japón para posibilitar este acuerdo no es ajeno al intento de “aislar” la contundencia de las reclamaciones de China continental, al tiempo que ahonda en la herida abierta en las relaciones bilaterales, tanto en el orden general como en lo que atañe específicamente a Taiwán. China pidió a Japón que respetara sus compromisos sobre el asunto de Taiwán mientras a los diferendos conocidos se sumaban las reservas expresadas en torno a los planes económicos de Shinzo Abe que incluyen una devaluación del yen que deja asomar el horizonte de una guerra de divisas en Asia. China y Japón firmaron en 1997 un acuerdo de pesca y denuncia este gesto de Tokio como una “acción unilateral”.

Para Ma Ying-jeou y el KMT, el acuerdo con Japón supone un fuerte espaldarazo interno. No hace mucho, Ma era acusado de “entreguismo” a la política continental y nulo partidario de fortalecer las relaciones con Japón cuando no de “nipofobia”. Por el contrario, esta realidad viene a ratificar la “ambigüedad estratégica” de sus relaciones exteriores, no solo atendiendo a la mejora del ambiente en relación a Japón sino impulsando también una acentuada normalización de las relaciones con EEUU. La insistencia en integrarse en el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, siglas en inglés), liderado por EEUU y que, por el momento, excluye a China continental, ratifica esa firme apuesta por equilibrar sus principales apuestas y por reforzar su capacidad negociadora ante Beijing.

La reacción continental se explicitó con claridad en el Foro de Boao para Asia. Xi Jinping reclamó a Taiwán elevar el nivel de cooperación y trabajar juntos para alcanzar el “rejuvenecimiento de la nación china”. La orientación taiwanesa podría traducirse a corto plazo en el logro de más ventajas económicas. La aceleración de las negociaciones de los flecos pendientes en el Acuerdo Marco de Cooperación Económica, firmado en 2010,  nos dará la pauta precisa. Pero también advierte de posibles reservas respecto a la actitud continental a propósito de otras reivindicaciones de Taipéi vinculadas con su participación en algunos organismos internacionales. Aun así, aplicarlas sería reconocer la capacidad de Tokio de interferir en la evolución de las relaciones a través del Estrecho, un aserto que Beijing quizás no desee evidenciar.