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IGADI 14 de Abril de 2014 Toro Hardy

Asia y no Ucrania

            No es en Ucrania sino en Asia donde habría que temer una guerra. Para comenzar está Corea del Norte quien desde finales de 2012 ha llevado a cabo diversos ensayos con mísiles balísticos, detonó su tercera bomba atómica, anuló el armisticio firmado con Corea del Sur y Estados Unidos al finalizar la guerra con éstos, llegó a cortar las líneas de comunicación con Seúl para casos de emergencia pre bélica, declaró un “estado de guerra” con su vecino del Sur, manifestó su disposición a atacar nuclearmente bases militares y territorio estadounidenses y amenazó con una “nueva forma” de prueba nuclear. Más allá de la retórica inflamada está la posibilidad de errores de cálculo o accidentes que desencadenen un conflicto efectivo.

            Luego están las tensas controversias sobre los islotes Senkaku/Diaoyu y Takeshima/Dokdo que enfrentan a Japón con China y Corea del Sur, respectivamente. El sentimiento nacionalista de las poblaciones y la presión de los sectores extremos hacen de éstos puntos neurálgicos. Las tensiones entre Japón y China resultan particularmente álgidas con la posibilidad, nuevamente, de que algún accidente o error de cálculo degeneren en conflicto armado. Ello se traduciría en una confrontación directa entre China y Estados Unidos en virtud del Tratado de Defensa Recíproca que este último mantiene con Japón.

            De seguida están las controversias del Mar del Sur de China que enfrentan a este país con Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunei. De ellas, las dos primeras adquieren particular relevancia. Vietnam, quien mantiene una enemistad histórica con China, posee un ejército numeroso e importantes bases navales. Filipinas ha manifestado su disposición a invocar el Tratado de Defensa Recíproca que mantiene con Estados Unidos en caso de guerra con China y se ha acercado militarmente a Japón y a Vietnam.

            China e India mantienen diferendos territoriales en las regiones de Aksai Chin y Arunachal Pradesh que conllevan altas tensiones periódicas y que en 1962 condujeron a una guerra limitada. Como mecanismo preventivo India se ha acercado militarmente a Estados Unidos y políticamente a Japón. De su lado India y Pakistán, quienes han sostenido tres guerras desde 1947, mantienen controversias territoriales en diversos puntos fronterizos, amén de la acusación de participación de los servicios de inteligencia pakistaníes en actos de terrorismo en India. Pakistán y China, quienes rodean a este último, mantienen estrechos vínculos militares y políticos entre sí. Finalmente, y nada menos, encontramos a Afganistán y al Oriente Medio con sus inmensas tensiones, conflictividad y potencialidad destructiva.

            Tres consideraciones básicas surgen de lo anterior. Primero, el inmenso potencial de destrucción presente en un continente en el cual varios estados poseen armamento nuclear y otros están considerando obtenerlo. Segundo, la posibilidad de reacciones en cadena al estilo Primera Guerra Mundial, que hagan que un conflicto puntual degenere en guerra generalizada. Tercero, el riesgo de que aquello que los historiadores denominan la trampa de Tucídides se haga realidad. Es decir, la guerra entre una potencia dominante que declina y otra que emerge.

 

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