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Diario de Tarragona 12 de Maio de 2013 Giné Daví

Bangla Desh, no cerrar los ojos a la explotación laboral

“El precio chino” fue perdiendo sus ventajas debido a la continua alza de los costes laborales. Muchas marcas del sector textil y del calzado han trasladado su producción desde China a otros países vecinos del sudeste asiático como Bangla Desh, Vietnam y Camboya.

Bangla Desh alcanzó la independencia en 1971 tras separarse de Pakistán. Con 165 millones, es el séptimo país más poblado y el sexto con mayor densidad del mundo. Es uno de los países más pobres y políticamente más inestables de Asia del sur. Y muy presionado por el islamismo radical.

Según el Banco Asiático de Desarrollo, la economía creció un 6,7% en 2011 y un 6,2% en 2012. Pero también crecen las desigualdades sociales. Ocupa el 146ª lugar entre 186 países en el Índice de Desarrollo Humano 2013 del Programa de las NNUU para el Desarrollo. Además, está amenazado por los efectos directos e indirectos del cambio climático. Los ciclones y las inundaciones provocan catástrofes con miles de víctimas y golpean duramente la frágil economía del país. Hay centenares de miles de refugiados climáticos que malviven en la conurbación de Dacca, la caótica capital del país situada en el delta del Ganges. El Gobierno intenta afrontar los problemas pero se siente impotente y falto de suficiente apoyo internacional.

Bangla Desh tiene gran potencial de crecimiento económico. Es un país principalmente agrícola muy dependiente de los monzones pero el sector industrial ya contribuye al 30% del PIB. El textil copa el 80% de las exportaciones. Es el segundo exportador mundial de textil, tras China. Para lograrlo se crearon varias zonas económicas especiales que ofrecen unas ventajas  fiscales que, sumadas a los muy bajos costes laborales, atraen a muchas empresas extranjeras que antes producían en China.

El sector textil que representa el 17% del PIB, emplea a 3,2 millones de personas, el 45% de los empleos industriales. Pero la falta de seguridad laboral en los talleres textiles quedó al descubierto tras los continuos accidentes que causan un altísimo número de víctimas entre los trabajadores, incluyendo mujeres y menores de edad.

Las grandes marcas textiles, incluyendo algunas españolas, fabrican y sacan provecho de los bajos costes laborales. Pero es escandaloso que pueda ser a costa de la seguridad de los trabajadores más pobres y vulnerables. No pueden cerrar los ojos y menos excusarse en la corrupción local o en las dificultades de controlar la compleja cadena de aprovisionamientos del sector en países en vías de desarrollo. No se trata de dejar de comprar a Bangla Desh sino de exigir y controlar que se respeten los derechos laborales internacionalmente reconocidos por la OIT.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais