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IGADI 17 de Xuño de 2014 Toro Hardy

Caos en Irak

            Rememorando el colapso en 1975 de las tropas de Vietnam Sur, equipadas y entrenadas por Estados Unidos, los soldados iraquíes entregan sus armas y huyen frente a la ofensiva de las milicias sunitas radicales de ISIS. El Estado iraquí comienza a venirse abajo, amenazando con desmembrarse. La derecha estadounidense culpa de ello a Obama por haber retirado a sus tropas de ese país en 2011. Ello a pesar de que estas sufrieron casi cinco mil bajas y alrededor de 32 mil heridos y que, de acuerdo a Edward Luce del Financial Times, el experimento Irak le representó a Estados Unidos más de un millón de millones de dólares en gastos directos desde 2003. De ellos 25 mil millones fueron destinados a entrenar y a equipar al ejército ahora en desbandada. La retirada de sus fuerzas ha sido lo único inteligente que ha hecho Washington desde la torpeza inconmensurable de su invasión en 2003. La responsabilidad de lo que ahora acontece, así como de las 174 mil muertes ocurridas en Irak desde esta última fecha, corresponde principalmente a George Bush y a la camada de derecha ahora al acecho. Entre los numerosos errores en los que incurrieron podrían citarse algunos.

            El principal fue responder a Al Qaeda por vía de Irak. El terrorismo no fue enfrentado en sus propios términos, como expresión de un enemigo móvil y escurridizo, sino en función de su capacidad para emparentarse con el orden estatal convencional. Es decir el terrorismo como simple extensión de estados con capacidad efectiva o potencial para apoyarlo. Bajo el supuesto no comprobado de que Irak buscaba dotarse de armamento nuclear y en función de la hipótesis de que ello colocaría el mismo a disposición de Al Qaeda, se introdujo a este país en una ecuación en la que no tenía cabida. Más fácil era apalear militarmente a Irak que asumir un enfrentamiento lento y sistemático contra un enemigo que se movía en la oscuridad.  Esto implicó pasar por alto la histórica enemistad entre el islamismo y el partido Baath en el poder.

            A lo gratuito de la invasión a Irak vino a sumarse una cadena adicional de errores.  El primero fue haber visualizado la misma bajo la óptica de la comunidad iraquí en el exilio. La desvinculación de ésta con el país real y sus profundos intereses creados, proyectaron un mundo de fantasías sobre la actuación de Washington. El segundo fue asumir una aventura de tal magnitud en medio de un desconocimiento flagrante de las complejidades que se enfrentaban. Ello significó lanzar un poderoso detonante sobre la falla tectónica entre los mundos chiita y sunita con absoluta ignorancia sobre sus implicaciones. El tercero fue acabar con el ejército iraquí. Esto lanzó a la calle a millares de militares cuyo entrenamiento y resentimiento sirvió para alimentar a la insurgencia. El cuarto fue enfatizar la democracia de los votos en un país en el cual ello inevitable reafirmaba las diferencias étnicas y religiosas. Sobre esta base se convirtió a los sunitas en una minoría sedienta de revancha. El sexto fue visualizar el experimento democrático iraquí como primer eslabón de un proceso sinérgico que se proyectaría sobre todo el Medio Oriente, sin darse cuenta que por su propia fracturación étnica y religiosa ello sólo podía proyectar una onda expansiva de caos.

 

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