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El PUnt Avui (Barcelona) 10 de Xaneiro de 2015 Giné Daví

Chipre, un país dividido e intervenido

Panorámica da capital chipriota Nicosia, coa bandeira da República Turca do Norte de Chipre ao fondo

En 1974 las tropas turcas ocuparon el norte de Chipre. 40 años después, la isla sigue partida en dos Estados que tienen su capital en Nicosia, una ciudad dividida, al igual que todo el país, por la llamada “línea verde” vigilada por los cascos azules de las NNUU. La República de Chipre, que agrupa a una población mayoritaria grecochipriota de religión ortodoxa, es un país miembro de la UE desde 2004. La República Turca del Norte de Chipre, de población turcochipriota de religión musulmana, solo está reconocida internacionalmente por Turquía.

Las profundas heridas provocadas por la partición no han cicatrizado. Para entender lo ocurrido en 1974 es obligado visitar la histórica ciudad de Famagusta, situada en el noreste de la parte turca de la isla. El barrio de Verosha, que fue uno de los más glamorosos centros turísticos del Mediterráneo, sigue cerrado y abandonado tal como quedó tras la ocupación turca. Hoy es pasto de la maleza y las alimañas.

La tensión política se redujo tras abrirse algunos pasos fronterizos en abril de 2003. Cruzar la línea verde que atraviesa el centro histórico de Nicosia es una experiencia interesante que permite captar unas diferencias políticas y culturales que se han agudizado desde la división. Sin embargo, los ciudadanos de ambas zonas cruzan sin problemas el “checkpoint” para hacer compras o simplemente dar un paseo a la otra zona. Unos pasos hacia una reconciliación que es imprescindible para alcanzar una solución política del conflicto.

La entrada de Chipre en la UE impulsó el rápido desarrollo económico de la mitad sur, donde vive el 80% del total de la población de la isla. La renta per cápita alcanzaba los US$ 25.000 cuando el 16 de marzo de 2013, la economía colapsó por la quiebra del sector financiero y fue intervenida por la UE. ¿Cómo se llegó a esta caótica situación? El modelo de crecimiento se basó principalmente en el sector turístico pero también en unos servicios financieros que atrajeron con generosas ventajas fiscales a los capitales extranjeros, muchos de procedencia rusa. Chipre, además de sus atractivos turísticos, era un paraíso fiscal.

El Gobierno invirtió los fondos recibidos en la construcción de todo tipo de  excelentes infraestructuras, destacando las viarias, que reforzaron el sector turístico e inmobiliario. Pero, cuando llegó la crisis de la zona euro, el sector financiero altamente endeudado no pudo hacer frente a los créditos internacionales. Chipre fue rescatado y puesto bajo la supervisión de la “troika” (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo). Las condiciones impuestas por el rescate resultaron traumáticas para los chipriotas. El PIB que ya había caído un 2,4% en 2012, cayó otro 5,4% en 2013 y aún en torno al 4% en 2014. Y el paro se disparó en dos años hasta el 18%. El 40% de los menores de 25 años siguen sin trabajo.

Parece que lo peor ya pasó. El programa económico de asistencia financiera de 10.000 millones de euros, a cambio de aplicar duros ajustes presupuestarios y profundas reformas estructurales, avanza por buen camino. La economía podría dejar atrás la recesión y volver a crecer en 2015. El turismo europeo, sobre todo ruso, volvió a llenar los hoteles de la costa sur. Y los bancos, si bien están aún en una débil situación, se recapitalizan. Retornan los capitales extranjeros. Algunos proceden de Líbano, el otrora “hub” financiero del este del mediterráneo, un país golpeado por el envenenado conflicto de Siria e Irak y demasiado cerca del brutal Estado Islámico.

El estricto control de capitales impuesto en 2013 se va a flexibilizando. El 28 de marzo se suprimieron las restricciones a la retirada de fondos (300 euros diarios) impuestos en su día para evitar la retirada de los fondos de los Bancos. La sociedad chipriota va superando del estado de “shock” de aquel “corralito” y confía que la salida de la crisis llegue pronto. Además, la recuperación económica podría verse favorecida por la emergencia de un estratégico sector energético, tras el hallazgo de unas enormes reservas de gas situadas en la plataforma marítima grecochipriota en el sureste del mediterráneo. Un “maná” que ayudaría a reequilibrar la economía.

Sin embargo, el descubrimiento de las reservas de gas provocó nuevas disputas territoriales con Ankara. Y ha afectado a las negociaciones bilaterales reiniciadas en febrero para alcanzar un acuerdo político para una futura reunificación. Chipre anunció el 7 de octubre su retirada de las negociaciones como protesta por la presencia de un buque sísmico turco en la zona económica exclusiva grecochipriota. Ankara quiere su parte del pastel energético. Una pretensión inaceptable para Chipre. Las negociaciones están estancadas.

 

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