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OPCh 14 de Abril de 2014 Ríos

Chuck Hagel en China: formas y contenidos

Cuentan en Beijing que el jefe del Pentágono Chuck Hagel llegó diez minutos tarde al encuentro con el presidente Xi Jinping y que le hicieron esperar otro tanto para poder reunirse con el presidente chino. La anécdota, a tono con la consabida norma de reciprocidad que marca la pauta diplomática, se completa con una atmosfera complicada. China mostró abiertamente su descontento con las declaraciones de Hagel en encuentros previos mantenidos en Japón (calificando de unilateral y provocadora la Zona de Identificación de Defensa Aérea de China) y con los ministros de defensa de los países de ASEAN a propósito de las diferencias marítimas. El vicepresidente de la Comisión Militar Central, Fan Changlong, calificó sus palabras de “duras y sesgadas”, poniendo en cuestión su supuesta imparcialidad ante las controversias que enfrentan a China y varios países de la región. Por otra parte, en plena gira se hacía pública la intención de Washington de vender a Taiwan cuatro fragatas clase Perry y el despliegue de dos buques adicionales de defensa contra misiles balísticos Aegis en Japón.

En el transcurso de las conversaciones oficiales se registraron pequeños avances en materias básicas como la notificación mutua de actividades militares, normas de conducta en seguridad marítima y aérea y, sobre todo, la creación de un mecanismo de diálogo entre las dos fuerzas de tierra. Otros temas abordados incluyen la seguridad cibernética, mostrando Hagel su solicitud a China de mayor transparencia y retrucando esta con la exigencia de explicaciones acerca de los recientes episodios divulgados en relación al espionaje de Huawei y del gobierno chino por parte de EEUU….

Las relaciones en el plano militar siguen aquejadas de la desconfianza y la rivalidad con un escenario cada vez más alargado, incluyendo especialmente las tensiones en la periferia marítima o la península coreana. El respaldo y fortalecimiento de los vínculos de seguridad con Japón o Filipinas, entre otros, así como la nueva venta de armas a Taiwan tendrá respuesta por parte de Beijing quien asume que la política de contención a través de sus aliados en la zona gana enteros en la Administración Obama.

Hagel visitó el portaaviones Liaoning, un hecho que las autoridades chinas se apresuraron a mostrar como símbolo de una actitud más transparente y también de su buena fe. Pero si para algo ha servido el encuentro es, una vez más, para escenificar las diferencias, con una exposición más franca de las quejas, especialmente por parte de China. No obstante, su señalamiento de las “líneas rojas” (los intereses centrales) no parece tener otra utilidad por el momento que indicar certeramente a EEUU donde aplicar su energía ofensiva.

La inusual dureza del tono chino en esta visita difícilmente podrá hacer variar la política estadounidense al respecto. Ambos seguirán haciendo hincapié en que es más lo que les une que cuanto les separa, pero las posiciones de ambas partes parecen inamovibles. El ministro de defensa chino, Chang Wanquan, dejó claro ante su interlocutor que “China no transigirá en asuntos relacionados con el territorio o la soberanía”.

Esta fue la primera visita de Chuck Hagel a China y revestía un alto valor simbólico. La conclusión principal es que persiste la desconfianza estratégica, lo que, a día de hoy, favorece las dinámicas conducentes a recrear un nuevo episodio de una nueva guerra fría que formalmente todos parecen no desear pero que avanza inexorable sin que nadie logre evitarlo. La insistencia en conformar un “nuevo modelo de relaciones” entre grandes potencias requerirá iniciativas audaces para romper tan malévola fatalidad.

En la edición 2014 del Foro Boao, celebrado en la isla de Hainan, Li Keqiang propuso el establecimiento de un mecanismo de cooperación de seguridad regional en Asia. Nunca es tarde cuando la dicha es buena.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais