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Economía Exterior 29 de Xuño de 2015 Ríos

Concordias y discordias en el triángulo China-India-Asean

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China, India y la Asean disponen de capacidades reciprocas para alentar un salto significativo en su progreso económico y social, siempre y cuando sean capaces de conducir con autonomía, realismo y compromiso unas diferencias que afectan a cuestiones relacionadas con la soberanía.

La evocación de un estrechamiento de las relaciones entre China e India forma parte de las tendencias principales de la posguerra fría. Ambos países concuerdan en la necesidad de avanzar hacia un orden global más favorable a las naciones emergentes, situando los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) del que los dos países forman parte desde el principio, como un referente clave de dicho impulso. No obstante, se requiere alternativamente una intensificación bilateral de los intercambios a todos los niveles y una reducción significativa de la desconfianza que está lejos aún de verificarse. Los atractivos que suponen sus respectivos mercados y la mera suma de sus notables magnitudes, especialmente en el orden demográfico –más de 2.500 millones de personas entre los dos-, chocan con la rivalidad geopolítica.

Desde que asumió funciones en mayo de 2014, el primer ministro indio, Narendra Modi, ha incluido China en su agenda de prioridades. No podía ser de otra forma, a sabiendas del significado estratégico y el impacto global de estos vínculos, lo cual aporta renovadas esperanzas de un salto cualitativo en su relación. Aun así, Modi visitó China en mayo de 2015, un año después de tomar posesión y también después de visitar otros países como Estados Unidos, Japón, Vietnam, Francia, Alemania o Canadá, entre otros. Pese a ello, podría decirse que ambos países procuran centrarse cada vez más en los aspectos positivos de la relación sin perder de vista la cautela.

En lo económico, China es el mayor socio comercial de India. Su comercio bilateral (65.000 millones de dólares en 2013, que ascendieron a 100.000 millones en 2014) crece a un ritmo sostenido, aunque sigue a la espera de ese salto que capitalice la madurez que ambos países han querido mostrar en los últimos años en sus intercambios. En el último lustro, el crecimiento medio fue del 11 por cien. El déficit comercial para India ronda los 40.000 millones de dólares (hace 15 años era de tan solo 1.000 millones).

Desde la perspectiva de Pekín, el impulso de las relaciones sino-indias es inseparable de la promoción de los corredores económicos con Pakistán, de una parte, y con Bangladesh y Myanmar, de otra, es decir, con la revitalización del cinturón terrestre y la Ruta Marítima de la Seda. India, aunque pone objeciones al entendimiento estratégico de China con su rival pakistaní, asume que es un pilar clave de la estrategia china de desarrollo regional en el subcontinente asiático…

(Texto completo accesible en Economía Exterior nº 73). 

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais