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El Faro digital 11 de Agosto de 2013 Alvarado Roales

Del escándalo Galván a la consolidación democrática de Marruecos

La amnistía acordada a Daniel Galván Fina, un pedófilo español de origen iraquí, se sitúa en el origen de una de las más incómodas crisis que Mohamed VI ha tenido que gestionar en sus casi tres lustros de reinado. Un grave equívoco cometido en nombre del jefe del Estado que ha suscitado una inusitada ola de indignación que, alimentada por la prensa en línea y las redes sociales, obligó al rey, en último término, a reconocer el error. La concentración convocada el 2 de agosto ante el Parlamento de Rabat para denunciar lo injustificable de la gracia y la subsiguiente represión de las fuerzas del orden, cuyas impactantes y dramáticas imágenes fueron difundidas en tiempo real, recogidas por los más influyentes medios internacionales, terminaron por persuadir a Palacio de la necesidad de reaccionar ante su yerro. Una situación a todas luces inédita en un país donde hasta hace poco la Constitución consagraba la sacralidad del primero de los marroquíes, al margen de toda crítica y cálculo político.

Un primer comunicado del gabinete real asume el "error" y reconoce lo legítimo del descontento de la opinión pública. Eso sí, el texto, difundido a través de la agencia oficial de prensa, la MAP, excluye al soberano de cualquier tipo de culpa. "El rey nunca fue informado, en modo alguno y en ningún momento (...) ya que nunca habría consentido a Daniel Galván Fina dejar de purgar su pena", reza el comunicado. El documento hace especial hincapié en la vertiente humana de Mohamed VI. "Su Majestad, como primer protector de los derechos de las víctimas, sobre todo los niños y sus familias, no ahorrara esfuerzos para rodearlas de su solicitud", se puede leer. Tras la asunción de culpas, un segundo comunicado anuncia la retirada de la amnistía y señala que una investigación se encuentra en curso para dirimir eventuales responsabilidades. A los anuncios reales se suceden de resultados concretos y el 5 de agosto las imágenes del arresto de Galván en España calman en cierto modo a la opinión pública.

Un tercer comunicado designa y sanciona al presunto responsable del yerro en la concesión de la amnistía. El director general de la administración penitenciaria, Hafid Benhachem, otrora puntal del aparato de seguridad del Majzén, estrecho colaborador del aciago Driss Basri, llamado de su retiro dorado para sofocar la más reciente rebelión salafista en las prisiones del reino, reconoce el descuido. "Mis servicios han transmitido informaciones erróneas sobre el dossier de este criminal y, en consecuencia, asumo plenamente mi falta", declara Benhachem al diario Al Khabar de Rachid Niny. Benhachem es la cabeza de turco en un asunto complejo, con múltiples actores implicados, habiendo jugado el entorno del soberano un rol de primer orden en esta particular ocasión. Designado un culpable Mohamed VI recibe a las familias de las víctimas del pedófilo. Un encuentro del que se difunde un vídeo de apenas dos minutos, en el que vemos a un soberano compasivo, sobreentendiéndose que recibe el perdón de los damnificados de Galván.

Reforzar al hombre

Comunicación de crisis mediante, la monarquía no ha salido indemne de este episodio. Por vez primera ha tenido que reconocer un "error", retractarse de una decisión, designar a un responsable y comunicar como nunca antes lo había hecho. Mohamed VI se ha humanizado. Es un jefe de estado capaz de cometer errores, asumir responsabilidades y reparar sus faltas. Aunque forzada por las circunstancias, asistimos a un momento importante del proceso de transición política en Marruecos, un gran paso hacia la efectiva monarquía parlamentaria.

La respuesta de Mohamed VI ha sido inteligente, eficaz y humana, aunque insuficiente. Y en aras de la consolidación democrática, la monarquía debiera profundizar aún más en la vía emprendida. Habiendo reconocido Mohamed VI que estaba mal informado y, por ende, disfuncionalidades en el circuito de toma de decisión, como ha quedado en evidencia con la liberación de Galván, la institución monárquica sólo podría resultar ganadora de continuar en esta senda.

Las medidas políticas tras el escándalo son tímidas. Persisten demasiadas dudas. ¿Quién representa al gabinete real en la comisión de amnistías? ¿No existen mecanismos capaces de identificar el supuesto error de Benhachem en la transmisión de informaciones? ¿Qué rol desempeñan los consejeros de Su Majestad?

¿No sería a nivel del gabinete real donde se fusionaron las dos listas de presos remitidas por las autoridades españolas? ¿Existe un diferendo entre el gobierno y el gabinete real? ¿Llamó el consejero real Fouad Ali El Himma al embajador de España para presionarlo u orientarlo de modo alguno, como este último habría confesado a un periodista español? ¿Cómo se ha llevado a cabo la investigación para dirimir responsabilidades en el dossier Galván? ¿Aportarán el ministro de Interior y el Fiscal General ante la Corte de Casación detalles sobre las pesquisas? ¿Sabremos quién dio la orden de cargar contra los manifestantes el 2 de agosto en Rabat? Aportar respuestas denotaría que Mohamed VI está en consonancia con su pueblo, consolidando al hombre, al jefe de Estado.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais