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OPCh 9 de Xuño de 2015 Ríos

El orden críptico de Tsai Ing-wen

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Tsai Ing-wen, líder y candidata del opositor PDP a las elecciones taiwanesas de 2016, finalizó su periplo por EEUU, un viaje trascendental en el que ha podido mantener encuentros con responsables del Departamento de Estado, del Pentágono o del Consejo de Seguridad Nacional, además de congresistas, académicos, etc. Tsai se ha convertido en la primera candidata a una elección presidencial en Taiwan recibida en el departamento de Estado. Fuentes estadounidenses, no obstante, han tratado de restar valor a este hecho, significando que “no hay cambios” en la política hacia Taiwan. Otros, por el contrario, asocian los interrogantes suscitados por el nivel de relevancia otorgado a la visita de Tsai con una especie de desplante a Beijing en respuesta a la agudización de las tensiones en el Mar de China meridional.

Dos ideas centrales cabe resaltar de este viaje. Primera, como cabía esperar, Tsai exaltó el valor de la alianza con EEUU, sustentada en valores como la democracia o los derechos humanos, lo cual le convierte en el socio estratégico más importante de Taiwan y en una pieza clave de la paz y la estabilidad en la región. En una hipotética presidencia de Tsai, las relaciones taiwano-estadounidenses no solo no se resentirían sino que podrían experimentar una intensificación en el orden comercial y de seguridad.

Segunda, Tsai eludió a conciencia la retórica compartida por el KMT y el PCCh en cuanto a las relaciones a través del Estrecho, es decir, la reiteración del principio de una sola China o el Consenso de 1992. Frente a ello, emergió la evocación del mantenimiento del statu quo, una idea considerada como ambigua también por buena parte de sus interlocutores en EEUU. No obstante, Tsai dio un paso significativo y clarificador al aludir a la preservación y respeto del “orden constitucional de la República de China”. Dicho “orden constitucional” incluiría la Constitución, interpretaciones y decisiones judiciales complementarias, etc. La Constitución a la que alude Tsai –y que promete no modificar- es inevitablemente tributaria del concepto de “una sola China”, lo que vendría a significar que ese principio estaría incluido en su definición del statu quo.

Hasta ahora, la preservación del statu quo se entendía como un eufemismo que, sobre todo, descartaba cualquier impulso hacia una independencia de jure, dejando las cosas simplemente como están. Por el contrario, esta alusión al orden constitucional vigente es más amplia y pudiera interpretarse sin gran esfuerzo como una aceptación críptica y oblicua del principio de “una sola China” en aras de asegurar el “desarrollo pacífico y estable” de las relaciones con el continente.

Se trata, sin duda, de un pronunciamiento de gran calado y que podría tener consecuencias. Primero, en las filas del propio PDP, que debe digerir este nuevo apunte táctico de Tsai, a buen seguro susceptible de satisfacer las pretensiones de EEUU, receloso de un PDP cuyo posible regreso a la presidencia taiwanesa rememora el controvertido mandato de Chen Shui-bian (2000-2008). Segundo, en el continente, pues Beijing ha reiterado hasta la saciedad que no admitiría ambigüedades respecto a este principio condicionando a su respeto el establecimiento de cualquier diálogo con el PDP. El mensaje de Tsai apunta a un mayor acercamiento.

Con un KMT desnortado y seminoqueado tras las elecciones de noviembre último, la agenda y el tono de este viaje han reforzado las posibilidades electorales de Tsai Ing-wen. Washington parece haber dado el visto bueno al “realismo” de la candidata del PDP. Por su parte, Beijing, escudriñará las palabras de Tsai para gestionar sus consecuencias. En cualquier caso, le convendría tener en cuenta que negar el diálogo con el PDP significa, a día de hoy, negar el diálogo con más del 40 por ciento de la población de la isla. Las palabras de Tsai sugieren un marco inicial para la aproximación y el entendimiento. 

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais