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IGADI 6 de Xaneiro de 2015 Toro Hardy

El Pentágono abandona las tijeras

El anuncio de la salida del Secretario de Defensa Estadounidense Chuck Hagel habla toneladas. Un funcionario nombrado con el mandato de instrumentar el achicamiento de las fuerzas militares de ese país estaría siendo sustituido ante un cambio radical de prioridades.

Desde su llegada a la presidencia Obama se adentró en un repliegue de compromisos militares en el exterior. El mismo fue tomando forma por vías diferentes pero acumulativas: énfasis en la economía; focalización de un espacio de atención primario en el exterior con abandono de la sobre extensión; prioridad en el uso de fuerzas militares que no implicasen la presencia de efectivos sobre el terreno; reducción del presupuesto de defensa; retirada de las tropas en Irak y Afganistán y búsqueda de un papel no protagónico en las operaciones militares mancomunadas.

Periódicamente el gobierno de Estados Unidos prepara un documento denominado “Estrategia de Seguridad Nacional” en el que delinea sus prioridades fundamentales en esta materia. El documento elaborado en mayo de 2010 resultó atípico en relación a los que lo precedieron, pues su énfasis fue puesto en el reforzamiento del poder económico estadounidense y no en las amenazas y desafíos derivados de la geopolítica internacional. Ello implicó un reconocimiento de que las mayores vulnerabilidades provenían del frente económico y no de adversarios en el plano internacional.

En enero de 2012, por su parte, se redefinieron las prioridades de defensa de Estados Unidos. Las mismas incluyeron tres puntos básicos. La primera fue el denominado “pivote Asia”. La segunda, lo que podía denominarse como la fórmula de la pisada ligera. La tercera, una desaceleración gradual de los gastos militares.

La política del pivote Asia representó un reconocimiento de que el alcance global de Washington resultaba demasiado oneroso y de que era necesario focalizar un espacio de atención primario. Bajando el perfil en otras partes del mundo, Estados Unidos pasó a concentrarse en la región del Asia Pacífico con el objetivo de contener a la fuerza emergente de China.

La política de la pisada ligera, de su lado, implicaba enfatizar áreas tales como las operaciones especiales de comandos, la utilización de drones o la guerra cibernética por contraposición al uso de fuerzas militares convencionales. Ello implicaba la noción de responder a los retos y amenazas a la seguridad estadounidense por vías no convencionales que permitieran evitar la presencia de tropas.

La desaceleración de gastos militares, de su lado, quedó bien reflejada en las siguientes palabras de Obama, pronunciadas en enero de 2012: “Es importante que todos los ciudadanos estadounidenses recuerden que desde el 11 de Septiembre nuestro presupuesto de defensa creció a un ritmo extraordinario. Durante los próximos diez años el crecimiento del presupuesto de defensa disminuirá”. Sin embargo, y más allá de las palabras del Presidente, el Congreso hizo inevitable que las mismas se hicieran realidad ante los cortes presupuestarios obligatorios al presupuesto general de la nación. En febrero del 2014, y en función de lo anterior, el Secretario de Defensa Chuck Hagel presentó el presupuesto de Defensa para el año 2015, en el cual se contempló una reducción en el número de efectivos uniformados que llevaba dicho contingente armado a su menor nivel desde 1944.

Por otro lado, desde el momento de su llegada a la Casa Blanca Obama se mostró dispuesto a dar cumplimiento a su promesa de poner fin a lo que calificó como la guerra “tonta” de Irak. Esto se tradujo en la salida completa de las tropas estadounidenses de ese país al finalizar el año 2012. El retiro de Afganistán respondió a un proceso más complejo en el que se acordó un incremento temporal en el número de fuerzas militares. Ello sobre la base de que a partir de julio de 2011 se iniciaría una reducción sustancial de éstas, así como una transferencia gradual de responsabilidades militares al gobierno de Afganistán. Se estableció así mismo que después del 2016, e independientemente de la evolución militar sobre el terreno, Estados Unidos sólo mantendría una presencia menor concentrada en labores de entrenamiento y asesoría.

Finalmente Estados Unidos decidió que mantendría un papel no protagónico en las operaciones militares mancomunadas. Ello respondía a la tesis de “liderar desde atrás” formulada por la Administración Obama en ocasión al bombardeo de Libia en 2011.

Los planes de repliegue planteados por la Administración Obama chocan, no obstante,  con la aparición de retos superlativos en el plano internacional. Esto hace que el perfil del jefe del Pentágono deba cambiar. Ashton Carter, un antiguo Secretario de Defensa Adjunto calificado como “halcón” en materia militar, es insistentemente señalado como el sucesor de Hagel. De un hombre encargado de pasar las tijeras se pasa a otro apto para el combate.

 

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