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ARA 12 de Maio de 2013 Giné Daví

El yen tensiona las relaciones entre los gigantes asiáticos

La decisión de Shinzo Abe de dejar caer el valor del yen respecto al dólar estadounidense para reforzar el sector exportador japonés ha repercutido en el valor de otras divisas asiáticas. En la reunión de Ministros de Finanzas del G20 celebrada el 15 de febrero en Moscú, Mario Dragui, Christine Lagarde y Angel Gurría minimizaron el posible estallido de una guerra de divisas. Interesaba revitalizar la economía de Japón. El G20 se limitó a advertir contra las devaluaciones competitivas.

Pero la bajada del yen provocó un conflicto de intereses comerciales en Asia oriental. La depreciación del yen, un 25%, frente al “won” surcoreano ha impactado negativamente a las empresas exportadoras surcoreanas que compiten directamente con las japonesas en los mercados exteriores en sectores como el del automóvil. Hyundai, que lo hace con Nissan y Toyota, vió como sus ventas descendían un 15% en el primer trimestre. También las exportaciones surcoreanas a Japón cayeron mientras crecían las importaciones procedentes del archipiélago. Y un won fuerte frenó el número de turistas nipones que visitan Corea.

Las voces de alarma sonaron en Seúl cuando a finales de abril el yen bajó por debajo de los 100 yenes por dólar lo que puede provocar que las exportaciones globales surcoreanas descendiesen un 3,4%. Y si el yen bajase hasta los 110 yenes por dólar aquellas podrían caer hasta un 11,4%. Una amenaza real que preocupa mucho más que las veleidades nucleares del régimen de Corea del Norte. Las empresas surcoreanas suelen operar con márgenes muy estrechos.

En los últimos meses también se deterioraron las relaciones políticas entre la 2ª, 3ª y 15ª economías mundiales, cada vez más interdependientes. Persisten las disputas territoriales entre Tokio y Pekín sobre las islas Sentaku/Diaoyu y entre Seúl y Tokio por las islas Dokdo/Takeshima. Y el 23 de abril, tres miembros del Gobierno japonés y un nutrido grupo de parlamentarios conservadores visitaron una vez más el santuario de Yakusumi en Tokio. Una ofrenda ritual para ellos, una afrenta para la opinión pública de China y Corea. Unas tensiones que no benefician a nadie cuando los tres países pretenden negociar un Acuerdo de Libre Comercio trilateral.
 

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