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31 de Agosto de 2020 Toro Hardy

Elecciones en Estados Unidos: ¿Llegó ya el futuro?

El partido Demócrata, surgido en 1829 con la elección de Andrew Jackson, precedió en varias décadas a la creación del Republicano. Aunque nacido como un partido de masas que buscaba oponerse al elitismo que caracterizaba a la política estadounidense, pronto pasará a ser controlado por las elites agrarias del Sur. En tanto tal se hará portavoz de la defensa de la esclavitud. Entre 1829 y 1861 resultará el partido predominante de esa nación, situación que cambiará con la elección de Abraham Lincoln en esta última fecha, como primer Presidente Republicano.  A partir de ese momento y por un largo período el partido Demócrata se verá opacado por su contraparte. Ante la fuerza de un partido Republicano que encarnaba la expansión industrial, financiera e inmigratoria del país, los Demócratas se presentarán como la expresión resentida del Sur blanco y agrario.  

En las siete décadas comprendidas entre 1861 y 1932 los Demócratas sólo lograrán colocar dos inquilinos en la Casa Blanca: Grover Cleveland y Woodrow Wilson. Mientras el primero ganaba su primera elección por un margen mínimo de votos, el segundo lo lograba gracias a una división coyuntural del partido Republicano. El triunfo de Franklin Roosevelt en 1932 representará un punto de inflexión para los Demócratas. Impulsado al poder por la depresión económica, su llegada determinará un relanzamiento del partido, transformándolo en fuerza política predominante por varias décadas. Su “New Deal”desencadenará una dinámica de ambiciosas políticas progresistas en materia económica y social. Ello logrará atraer al seno de este partido a las masas obreras del Norte y a los sectores minoritarios del país, comenzando por la población negra que hasta ese momento había sido coto cautivo Republicano. Aunque dichas políticas traerán no pocos problemas en relación a los blancos del Sur, base tradicional del partido, éstos no desertarán de sus filas. Ello hará de los Demócratas una potente aunque disímil coalición. 

La política de los derechos civiles conceptualizada por Kennedy e instrumentada por Johnson y la guerra contra la pobreza desarrollada por este último, consolidarán a los Demócratas como partido progresista. Un progresismo que en 1972 girará marcadamente hacia la izquierda. Todo ello alienará a los blancos del Sur, lanzándolos a los brazos de los Republicanos. Ello depurará a los Demócratas del extremismo evangélico y del populismo que aquellos representaban. 

El partido Republicano, surgido pocos años antes de la Guerra Civil que asolará al país entre 1861 y 1865,  era expresión de los valores y aspiraciones del Norte. De hecho la elección del primer Presidente emanado de sus filas, Abraham Lincoln, detonó la secesión. El triunfo del Norte lo fue a la vez el del partido Republicano que durante un largo período, y hasta la llegada de Franklin Roosevelt, resultará dominante. A partir de ese momento y hasta la llegada de Richard Nixon en 1968 la situación se invertirá a favor de los Demócratas. La migración del Sur blanco y evangélico a las filas del partido Republicano, resultara paralela a la pérdida de presencia e influencia de quienes tradicionalmente habían dominado a dicho partido: los conservadores moderados del Noreste. Los Republicanos pasarán a conformar así su nueva columna vertebral en el Sur y en los espacios rurales el Medio Oeste. En ambos casos se trataba de áreas geográficas en donde el cristianismo militante y los valores conservadores penetraban los resquicios profundos de la sociedad.  

Curiosamente, los relajados californianos se unirían a la columna vertebral anterior en una coalición de conveniencia. La misma, conocida como el cinturón del sol,  llevaría a la presidencia a Nixon y a Reagan y giraba en torno al rechazo común a un gobierno federal fuerte. Llegados los noventa los californianos comenzaron a alejarse de su seno, sintiéndose cada vez menos a gusto con el estilo y los valores propios del Sur y del Medio Oeste. Los Republicanos pasaron a transformarse así en un partido blanco, de tierra adentro, de fuertes tonos religiosos y de un conservatismo social cada vez más extremo. Trump logró hacer avanzar al partido hacia las masas obreras resentidas del Norte industrial. Las mismas, que habían formado parte de la coalición forjada por Roosevelt, comenzaron a oscilar entre ambos partidos a partir de 1981. 

La magnitud de la polarización entre Republicanos y Demócratas está conduciendo a una inmensa fractura horizontal del país. De un lado, un país tierra adentro, blanco, mayoritariamente masculino y sin educación universitaria, resentido y temeroso por los cambios y que busca aferrarse a las certidumbres de un pasado nostálgico. Del otro, un país costero, urbano, moreno y negro, pero también blanco de formación universitaria y con fuerte presencia femenina y juvenil y abierto al fluir social y cultural.  A no dudarlo, en un país cada vez más multiracial, multicultural y cambiante el futuro corresponde a los Demócratas. Esta elección determinará si ese futuro ya llegó. 

             

 

 

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