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IGADI 1 de Febreiro de 2016 Toro Hardy

Energía: hacia un horizonte sin final

Las principales economías del mundo están invirtiendo fuertemente en energías renovables lo cual, por lo demás, entra en consonancia con lo establecido por el Acuerdo de Cambio Climático de París de diciembre de 2015. La manera en que lo hacen no es sin embargo la misma, lo cual hace suponer que un planeta dominado por éstas no se caracterizaría por la homogeneidad. Sobre el tapete hay tres rutas para aproximarse a la era de la energía renovable: una desordenada y acumulativa; una armoniosa e integrada y una competitiva.

            La primera de ellas es la representada por China. Esta se caracteriza por tratar de acumular tantas fuentes de energía renovable como posible, moviéndose con rapidez en todas las direcciones y sin priorizar a unas por sobre las otras. Es así como China se ha lanzado en un ambicioso proceso de construcción de centrales nucleares, buscando alcanzar una capacidad de 88 Giga watts para 2020 y de 150 GW para 2030. Ello incluiría incluso la construcción de dos centrales atómicas flotantes. Al mismo tiempo persigue duplicar su capacidad de generación de energía hidroeléctrica para llegar a 380 mil Mega Watts. De la misma manera busca alcanzar una capacidad de generación de energía solar de 1000 GW para 2030 y otra de energía eólica de 400 GW también para 2030. Y así sucesivamente, sin orden ni concierto.

La segunda ruta es la representada por la Unión Europea y se caracterizada por una planificación estructurada y armoniosa. La llamada iniciativa de la Tercera Revolución Industria es clara expresión de ella. Esta se sustenta en varios pilares. El primero busca convertir a los inmuebles de Europa en mini centrales de generación de energía eléctrica. Ello se lograría dotándolos de paneles solares, de máquinas para convertir la basura en energía o a través de cualquier otro mecanismo apto para producir energía renovable. El segundo buscaría dotarlos de mecanismos adecuados para conservar esa energía, contrarrestando así los altibajos en su capacidad de generación (ejemplo, la noche o la falta de sol en el caso de los paneles solares). El tercero se sustentaría en redes trasmisoras de energía eléctrica bidireccionales que replicarían a las redes de Internet. Por esta vía los inmuebles podrían recibir electricidad cuando la propia fuese deficitaria o transmitir sus excedentes a un centro receptor. Este último se ocuparía de redirigirlos a quien los necesitase. Los vehículos eléctricos, de su parte, nutrirían sus baterías en los propios estacionamientos de los edificios.   

            La última de las rutas es la representada por Estados Unidos. Esta se sustenta en un escenario que promueve la investigación y el desarrollo de fuentes de energía verde bajo un marco eminentemente competitivo. Al final algunas de esas fuentes resultarán exitosas y otras fracasarán. Un ejemplo de ello puede encontrarse en los sistemas químicos que buscan replicar artificialmente el proceso de fotosíntesis con miras producir un combustible que movilice a los vehículos. Ello iría en dirección opuesta al desarrollo de los vehículos eléctricos. Mientras la primera opción busca crear un combustible que haga innecesaria a la electricidad como fuente de energía vehicular, la segunda busca hacer innecesarios a los combustibles. Uno de los dos sistemas terminará resultando más eficiente e imponiéndose comercialmente.

            Sea cual sea la ruta que se elija, todas tendrán un denominador común: el fin de la llamada “Lógica de Hotelling” (la cual proviene del economista estadounidense Harold Hotteling). Según la misma, dado que la disponibilidad de un recurso finito se va agotando con el tiempo, su costo marginal tenderá siempre a subir. Por definición la innovación tecnológica desafía la noción de recursos “finitos” pues avanza en dirección a un horizonte sin final. De esta manera es incluso posible llegar a creer, como lo hace el futurólogo Jeremy Riffkin, que las energías solares y eólicas evolucionan hacia el cero costo marginal por basarse en recursos no agotables.

            Queda abierta, sin embargo, una gran interrogante. ¿Podrá la energía renovable hacerse cargo por si sola de un planeta cuya población aumenta en forma sostenida y de una economía mundial que requiere crecer para hacer frente a la expansión poblacional? Las proyecciones así parecieran indicarlo. Un estudio reciente de la Universidad de Stanford prevé que para 2050 el mundo podrá sostenerse con la simple convergencia de las energías solares, eólicas y del agua, sin con ello afectar las posibilidades de crecimiento económico. Otro reporte proveniente de la Comisión Europea para el Cambio Climático señala que, para 2050, Europa podrá satisfacer no menos del 80% de sus necesidades  por vía de las energías verdes. Finalmente un informe del Instituto de Investigación Energética de China afirma que para 2050 dicho país habrá logrado satisfacer el 86% de sus necesidades a través de las energías renovables.

            ¡Pobre petróleo!

 

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais