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IGADI 22 de Setembro de 2014 Toro Hardy

Estados Unidos y el costo de las águilas imperiales

Periódicamente el gobierno de Estados Unidos prepara un documento denominado “Estrategia de Seguridad Nacional” en el que delinea sus prioridades fundamentales en esta materia. El documento elaborado en 2010 resultó atípico en relación a los que lo precedieron, pues su énfasis era puesto en el reforzamiento del poder económico estadounidense y no en las amenazas y desafíos internacionales.  Tal como allí se señalaba el epicentro de los esfuerzos gubernamentales debía ser la economía a la cual se calificaba como la base del poder estadounidense. 

En 2013, por su parte, la revisión anual de política de seguridad nacional redefinió las prioridades de Estados Unidos en política exterior y defensa. En relación a lo primero la denominada política del “pivote Asia” pasó a convertirse en el centro de sus esfuerzos internacionales. Con respecto a lo segundo se enfatizó la llamada “pisada ligera” como fórmula de participación militar en el exterior.

La política del pivote Asia implicaba un reconocimiento tácito de que la hegemonía global de Washington no resultaba ya sostenible y de que era necesario focalizar un espacio de atención primario. Recogiendo velas en otras partes del mundo, Estados Unidos pasaba a concentrarse en la construcción de un entretejido multilateral bajo su égida en la región del Pacífico, cuyo objetivo principal debía ser la contención a China. La política de la pisada ligera, de su lado, implicaba enfatizar áreas tales como las operaciones especiales de comandos, la utilización de drones o la guerra cibernética por contraposición al uso de fuerzas militares convencionales.

En definitiva, el gobierno de Estados Unidos otorgaba prioridad a la economía doméstica por sobre el entorno internacional a la vez que focalizaba un área primordial de política exterior y una metodología de participación militar limitada en el extranjero. El mensaje era claro: la Administración Obama se replegaba internacionalmente, concentrando recursos y esfuerzos en áreas y espacios geográficos privilegiados.

Lo anterior implicaba el reconocimiento de que los recursos del país resultaban limitados y, por ende, llamados a un uso racional. Ello contradice la visión simplista de que disfrutando de un “señoreaje” económico, en virtud de su capacidad para emitir los dólares sobre los que se asienta el comercio internacional y las reservas internacionales de tantos y tantos países, Estados Unidos puede vivir indefinidamente por encima de sus posibilidades.

Las razones del declive económico estadounidense son reales y de no atacarse éstas no sólo sufrirá su sociedad sino su posición de privilegio dentro de la jerarquía de las naciones. Como bien pareció comprenderlo Obama la mejor manera de que las águilas imperiales se descalabren es precisamente sobre expandiendo la costosa presencia internacional de éstas.

Diversos indicadores pueden dar testimonio del declive referido. Algunos pocos de entre ellos serían los siguientes:

-Una deuda pública que duplica a su PIB y que para 2020 requerirá un pago anual de intereses del orden de los 900 millardos de dólares.

-Unas infraestructuras crecientemente obsoletas que ocupan el rango número 23 en el mundo y que requieren de una inversión anual del orden de los 450 millardos de dólares simplemente para mantenerse en su nivel actual.

-La dramática caída en el porcentaje de sus jóvenes con acceso a título universitario, habiéndose pasado de la posición número 1 en el mundo a la número 12. Simultáneamente una de las tasas de finalización de educación secundaria más bajas del mundo industrializado con un 30% de los alumnos abandonando prematuramente sus estudios.

Lamentablemente para Obama una convergencia de crisis internacionales obligara a una sobre extensión de recursos económicos y militares que acelerará el declive que sufre su país.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais