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IGADI 6 de Novembro de 2015 Ríos

¿Fronteras comparadas en un mundo global? De la cooperación a la no cooperación. Asia como caso de estudio

En una novela escrita en los años treinta del siglo pasado, Arredor de sí, Ramón Otero Pedrayo (1888-1976), considerado uno de los patriarcas de las letras gallegas, narró la peripecia vital de Adrián Solovio, quien cruzó las fronteras de España y de Europa en búsqueda de sí mismo. “As fronteiras non eran liñas de aduanas senón vitais  zonas de transición entre as harmoniosas conciencias dos pobos”,  describía. En esa frase tenemos una primera aproximación de la realidad de la problemática de las fronteras en Asia. En efecto, podemos decir que Asia se encuentra en una fase transición protagonizada por los pueblos y con el impulso económico y comercial como principal agente dinamizador de la superación de los conflictos. Lo de armoniosas, desgraciadamente, no siempre es aplicable.

Esa transición podemos argumentarla acudiendo, simplemente, a informaciones recientes que todos hemos podido conocer en las últimas semanas a través de la prensa cotidiana. Basten algunos ejemplos: las dos Coreas han estado de nuevo al borde de la guerra con la multiplicación de los incidentes armados fronterizos; entre Bangladesh e India se ha producido un intercambio de 162 enclaves incluyendo traspaso de soberanía poniendo fin a una disputa histórica; entre Vietnam y Camboya la situación sigue siendo tensa, tanto por la realización de diversas obras en la frontera como por la usurpación de tierras agrícolas y el uso de estas tensiones por los líderes locales; China anunció el inicio de la tercera y última fase del desminado de su frontera con Vietnam, que debe finalizar en 2017; China también anunció que el rublo podría circular libremente como moneda legal en la ciudad de Suifenhe, en el norte del país, animando así el comercio transfronterizo con una medida, por el momento, única y pionera; y en ese mismo norte, se anunció la creación en Datong de una zona de cooperación económica con Corea del Norte.

El signo de estos acontecimientos es diverso y nos proporciona indicios claros de la amplia problemática que rodea el fenómeno fronterizo en un continente que apenas representa el doble de Europa en términos territoriales pero que aglutina al 60 por ciento de la población mundial.

Diez ideas podrían servirnos para efectuar una aproximación panorámica:

1)      Los conflictos son muy numerosos y diversos, presentando una gran heterogeneidad. Las fronteras son aun más sinónimo de conflicto que de cooperación y aunque en el orden terrestre se han apreciado algunos cambios positivos, persisten y se agravan las marítimas.

2)      La conflictividad presenta una variada gama de intensidades (baja, media, alta) pero en su conjunto señala un importante lastre para la cohesión e integración de la región.

3)      La visibilidad es muy matizada. Sin duda, forma parte de las agendas oficiales en diferente magnitud pero, en términos generales, es más visible el conflicto que la cooperación.

4)      Afectan a la seguridad militar, pero sobre todo humana. El empobrecimiento de las zonas fronterizas es consecuencia directa de la violencia y la inestabilidad reinante en muchas de ellas.

5)      La guerra y la herencia colonial comparten por igual las referencias inmediatas de algunos de los conflictos más persistentes. Debemos tener presente que muchos de los estados afectados son jóvenes, constituidos en la ola emancipadora de la posguerra.

6)      Los irredentismos están presentes en algunos de estos conflictos, añadiendo una dimensión propiamente interna que no debe ignorarse con propuestas secesionistas que podrían cristalizar en nuevas formas de unión a medio plazo.

7)      El factor religioso también debe tomarse en consideración a la hora de analizar algunos conflictos de esta naturaleza. Entre los más notorios cabe citar el de Preah Vihear que sigue enfrentando a Tailandia y Camboya a pesar del fallo de 1962 de la corte de La Haya a favor de esta última.

8)      La porosidad de las fronteras incide en el auge tanto del terrorismo como de numerosas actividades ilegales cuyo exponente más reconocido quizás sea el triángulo de oro (Tailandia, Laos, Myanmar). La permeabilidad fronteriza facilita igualmente la exportación de los conflictos.

9)      La inexistencia de una cultura de negociación asentada así como de foros a este nivel, lo cual coincide con una fuerte asimetría entre los Estados involucrados y la apuesta por la bilateralidad de los más grandes.

10)  El papel de la cooperación económica y comercial es clave para avanzar en la superación de los conflictos de esta naturaleza. La mejora de la conectividad y el desarrollo del comercio y las inversiones exige, cuando menos, poner sordina a ciertas tensiones y poner el acento en las dinámicas constructivas asociadas al progreso y el bienestar.

Los principales protagonistas

Cabe referirnos, esencialmente, a India, Japón, China y las Coreas.

Respecto a India, dos son los más relevantes. De una parte, con Pakistán; de otra, con China. En el caso de Pakistán, la referencia es Cachemira. Como es sabido, India administra la mitad de la región, aunque la reivindica toda. Pakistán controla un tercio y China la parte restante. El conflicto ha sido causa de tres guerras: 1947, 1965 y 1999. Hoy parece poco probable que estas dos potencias, ya nucleares, se enzarcen de nuevo directamente, pero las espadas se mantienen en alto a través de las acciones de diferentes guerrillas que cuentan con apoyos externos. Las disputas sobre el control del agua y sus efectos sobre la economía agraria de ambos países añaden un factor desestabilizador fácilmente ejercitable.

En cuanto a China, dos son los focos principales. De una parte, Aksai Chin, en el epicentro de la guerra de 1962, la cual se considera una zona de importancia clave para facilitar la conexión de Xinjiang con Tibet, dos regiones problemáticas en el oeste chino. De otra, en el Himalaya, Arunachal Pradesh, cuyo origen cabría remontar a la línea MacMahon, fijada en 1914 por Gran Bretaña y Tíbet y que China nunca reconoció. India si lo hizo en 1947, cuando se independizó. Al recuperar la China de Mao el control sobre Tíbet reivindicó también las antiguas fronteras del imperio desconociendo los tratados impuestos por los británicos.

Cabe señalar que entre China e India se gestionan esfuerzos importantes para orientar la solución de los contenciosos fronterizos, un asunto que está presente en las visitas recíprocas de sus principales líderes, cada vez más frecuentes. Esa búsqueda de entendimiento se sustenta en su colaboración en los BRICS y en el fomento de las relaciones bilaterales, aunque la plasmación de esa Chindia con la que algunos sueñan, puede estar lejos. Por otra parte, la integración de India y Pakistán, simultáneamente, en la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), marca un nuevo principio para ambos y confiere a esta entidad gestionada de la mano del eje sino-ruso, renovadas esperanzas de entendimiento.

Por lo que respecta a Japón, tres son las referencias principales. Con Rusia, la disputa por las islas Kuriles y la península de Sajalin sigue en agenda. Cabe señalar que las fronteras entre ambos países quedaron prácticamente establecidas en 1855, con el Tratado de Shimoda. Posteriormente, guerras y acuerdos movieron los mojones una y otra vez. El problema actual tiene su origen en el tramo final de la II Guerra Mundial. Stalin declaró la guerra a Japón el 8 de agosto de 1945 y se anexionó estos territorios. El día 14, Japón se rindió y en el Tratado de San Francisco (1951) aceptó la renuncia a la soberanía sobre ellos. El líder soviético Jruschev adelantó una devolución parcial en 1956 que no llegó a consumarse. Tampoco los anuncios de compra por parte de Tokio. La firma del tratado de paz entre ambos países está pendiente de una solución a este problema.

En cuanto a China, el conflicto por las islas Diaoyu/Senkau se ha agravado en los últimos tiempos, sirviendo de argumento para la activación del nacionalismo. A pesar de representar apenas 6,3 Km, su valor estratégico y sus recursos (pesqueros, gas, petróleo) le confieren una singular importancia. China las reivindica echando mano de argumentos históricos, tanto remotos como contemporáneos, y recordando que fueron cedidas a Japón en el Tratado de Shimonoseki junto con Taiwan y otras islas y que por lo tanto debieran correr la misma suerte tras el final de la II Guerra Mundial. Japón niega su inclusión en dicho marco y reivindica su ocupación por tratarse de una res nullius. EEUU avala la administración nipona de este enclave.

Por lo que se refiere a Corea del Sur, las islas Dokdo/Takeshima son equidistantes de ambos países. Aunque sus recursos pesqueros y minerales pueden tener cierta significación, su valor es esencialmente político ligado a las secuelas de la ocupación nipona, de infausto recuerdo en la zona, concretando el resentimiento nacionalista de los coreanos respecto a Japón con heridas múltiples que no han sido del todo cerradas.

En cuanto a China, la problemática es bien amplia. En términos generales, cabe señalar que en los últimos años ha registrado importantes avances en la solución de algunos conflictos. Esto tiene validez sobre todo para el frente terrestre, aunque no para el marítimo.

Con Rusia, la normalización se inició en la etapa de la perestroika, con la visita de Mijaíl Gorbachov en 1989, culminando en gran medida con el Tratado de Buena Vecindad de 2001 y el espaldarazo que supuso la creación de la OCS en 2004. Hoy, China y Rusia, a lo largo de sus más de 4.000 km de frontera, promueven nuevos puentes, oleoductos y gasoductos que dan cuenta de la proximidad estratégica fraguada en los últimos años y acrecentada tras el desentendimiento de Moscú con las capitales occidentales. La cooperación en la lucha contra el terrorismo y el fomento de la cooperación transfronteriza van de la mano.

Por otra parte, además del conflicto en el Mar de China oriental (con Japón, a propósito de las Diaoyu/Senkaku, ya señalado), China tiene un gran frente abierto en el mar de China meridional. Dejando de lado controversias menores como la de Zhongsha/Mclesfield y otras, tres son las referencias principales. Primero, las islas Natuna, que le enfrenta con Indonesia, de baja intensidad y habitualmente asociado a polémicas circunstanciales por la concesión de licencias de explotación de hidrocarburos. Segundo, las islas Xisha/Paracel, ocupadas por China en 1974 y reclamadas por Vietnam y por Taiwan. Tercero, las islas Nansha/Spratly, sin duda el de mayor calado. Con una superficie de área equivalente al territorio de España, sus islas están ocupadas por diferentes países. La mayor de todas, la isla Taiping o Itu Aba está bajo control de Taiwan; Vietnam controla unas 25 y Filipinas 8, al igual que China, mientras Malasia 3 y Brunei 1. China reclama la práctica totalidad de la zona y ello agudiza las tensiones, sobre todo, con Vietnam y Filipinas. En el primer caso, Beijing, intenta rebajarlas a través de la negociación bilateral; Manila, por su parte, ha decidido poner rumbo a la Corte de la Haya para buscar amparo internacional a sus pretensiones.  

La posición general de China en torno a este conflicto asienta en tres pilares: aparcar las reclamaciones de soberanía, explotar conjuntamente los recursos al amparo de los términos recogidos en la Declaración de Conducta de 2002 suscrita por China y los países de ASEAN, y no internacionalización. Al tratarse de una ruta vital para el comercio y que alberga importantes recursos en materia de pesca y energía, las posibilidades de acomodo de los diferentes intereses no son nada fáciles.

Por último, cabe referirse al conflicto en el estrecho de Taiwan. En los últimos años, hemos asistido a un prolongado acercamiento entre Beijing y Taipei, especialmente en lo económico, que ha sido valorado de forma desigual por los sectores partidarios de la reunificación con China y sus contrarios. El acercamiento político, auspiciado con mucho empeño desde el continente, es más polémico aún y podría dar al traste con la fórmula de “un país dos sistemas”, ideada por Deng Xiaoping para lograr la reunificación, si persiste la emergencia identitaria de Taiwan. La evolución del conflicto China-Taiwan es clave para la región y constituye una seria prueba para acreditar las bondades y el pacifismo de la emergencia china. Cabe señalar que Taipei y Beijing, pese a compartir en lo sustancial las reclamaciones en los litigios marítimos descritos y también en los terrestres (el gobierno de Taiwan es representante de la República de China derrotada en 1949 por el Partido Comunista), no han podido acercar posiciones para arbitrar una defensa común pese a haberse sugerido en numerosas ocasiones por los líderes de la Gran Tierra.

Dos datos finales conviene tener presentes. De una parte, los impactos sobre todas estas tensiones de la estrategia estadounidense de Pivot to Asia. Muchos ven ella no tanto un compromiso de Washington con la “libertad de navegación” como un recurso fácil para instrumentar estos conflictos y propiciar alianzas con el potencial suficiente para contener a China.

De otra, el enfoque proactivo que China lidera a propósito de la cooperación transfronteriza en su nuevo modelo de desarrollo y como eje de su nueva diplomacia comercial en la región. En efecto, al abanderar propuestas como la Franja y la Ruta de la Seda o los corredores económicos, Beijing deposita grandes esperanzas en el fomento del comercio y la inversión para reafirmar su liderazgo regional y erigir la prosperidad como un bálsamo que amortigüe el alcance de tantos conflictos señalados.

En lo que respecta a la península coreana, sus contornos son bien conocidos. Con sus 248 km, el paralelo 38 es la frontera más militarizada del mundo con casi un millón de soldados a cada lado. La solución está ligada a la pervivencia del régimen de los Kim, que no parece estar por el momento en entredicho. El diálogo hexagonal (las dos Coreas, Japón, Rusia, EEUU y China) para la desnuclearización está paralizado desde hace años. El distanciamiento chino respecto al actual líder de Pyongyang y el rumbo de la Administración Obama (Irán, Cuba) puede derivar en acuerdos que rebajen la tensión que con episodios reiterados sobresalta las expectativas de estabilidad de Asia oriental. Cualquier posibilidad de reunificación, no obstante, parece lejana a no ser que se produzca el colapso del régimen norcoreano, una alternativa que, a pesar de lo que representa, nadie parece ambicionar a corto plazo.

Conclusiones

Siguiendo con esta esquemática síntesis, a modo de conclusiones me gustaría reflejar lo siguiente. Primero, son muchos los conflictos y de muy diferente intensidad pero su gran potencial desestabilizador general supone una hipoteca importante para una región considerada la más dinámica del planeta en lo económico y de no atajarse podría tener efectivos desastrosos a corto plazo.

Segundo, las tendencias contradictorias son evidentes. Tanto se avanza hacia la cooperación como hacia la confrontación. En cualquier caso, el papel de la integración comercial y de las inversiones se antoja positivo, al igual que el fomento de fórmulas de diálogo como la CICA (Conferencia sobre medidas de interacción y confianza en Asia), que sugieren un rumbo de diálogo institucionalizado que puede tener repercusiones muy positivas en la congelación y solución de las controversias.

Tercero, deben resaltarse la debilidad de los mecanismos de encauzamiento de las tensiones y el temor de muchos actores a una China emergente y sus ambiciones. El recorrido de los diversos foros existentes es aún precario y se requieren apuestas institucionales sólidas y continuadas para afirmarlos como referentes de la pacificación. Por otra parte, a China le conviene disipar las reservas de los países vecinos. Acciones como la recreación de islas artificiales, aunque dirigidas probablemente a crear dificultades a la estrategia de EEUU para la región, provocan disgusto y alejan las posibilidades de alcanzar soluciones dialogadas.  

Cuarto, las dinámicas en curso en la región (cambios en la política de seguridad en Japón, el rearme de muchos países de la zona, pequeños y grandes, la estrategia estadounidense) puede cristalizar en alianzas defensivas y decantación de bloques tanto económicos como en materia de seguridad que resientan las expectativas regionales de integración.

Quinto, el valor de la experiencia europea se afianza como una alternativa a los conflictos en Asia, pone en valor cuanto ha avanzado Europa en esta materia en las últimas décadas y sugiere la fuerza de su proyección tanto como propuesta de desarrollo como de alternativa a los conflictos existentes.

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China.

Referencias bibliográficas complementarias:

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Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais