Distribuir

Distribuir contido
Apartados temático/xeográficos
Idioma
IGADI 6 de Abril de 2015 Toro Hardy

Ideología y tecnocracia: La combinación infernal.

Nada más peligroso para los seres humanos que se ven afectados, que la particular combinación de ideología y tecnocracia. No en balde la expresión la “banalidad del mal” que Hannah Arendt asoció al famoso miembro de la SS nazi Adolf Eichman. La misma describía la disposición ciega a obedecer un rígido código doctrinario bajo criterios de eficiencia y desprovisto de toda traza de pensamiento crítico. Para los verdugos de los campos de concentración nazis todo se reducía, en efecto, a un problema tecnocrático dentro del contexto de una “verdad” que no se cuestionaba.

            Pocas personas encarnaron mejor en el siglo XX esta combinación de ideología y tecnocracia que Robert McNamara, Secretario de Defensa estadounidense en tiempos de Kennedy y Johnson. El conflicto de Vietnam se encuentra a tal punto asociado a su nombre que llegó a ser conocido como la “guerra de McNamara”. En su caso, la sujeción a la ideología venía dada por la adscripción incondicional y acrítica a la llamada “teoría del domino”. Es decir, aquella noción que prevaleció  en Estados Unidos durante buena parte de la Guerra Fría, según la cual la caída de un país del “mundo libre” bajo la esfera comunista arrastraría consigo al resto de la hilera de países de la misma región. La absolutización de esta premisa llevaba a la convicción de que había que “asumir  cualquier costo y aceptar cualquier reto”, como bien lo señaló Kennedy en su histórico discurso inaugural, antes de dejar que alguna pieza de esa hilera cayera en manos enemigas.

 La condición tecnocrática de McNamara venía dada, por su parte, por la creencia de que a través de la acumulación y el análisis frío de cifras y datos puntuales podía enfrentarse y superarse cualquier reto. La combinación de lo uno y lo otro conducía a un mundo de certidumbres en el que lo macro y lo micro parecían encajar a la perfección. En medio de este proceso de retroalimentación de convicciones sólo quedaba afuera un pequeño detalle: la especificidad política, histórica y cultural de ese particular rincón del mundo con el que se lidiaba.

            El obituario de McNamara realizado por Leslie Gelb, Presidente del Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York, en la edición de la revista Time de fecha 20 de julio de 2009, constituyó un testimonio documental de la mayor importancia. Según este dilecto subordinado de McNamara en tiempos de Vietnam: “Él constituía la más lograda expresión del gerente, un hombre que podía utilizar los datos, los números y el análisis de éstos, para resolver cualquier problema, incluso para llevar adelante guerras en lugares de los que nunca había oído hablar… McNamara no conocía nada sobre Vietnam. Como tampoco lo hacíamos ninguno de sus colaboradores. Sin embargo, no se suponía que los estadounidenses tuviéramos que conocer acerca de la cultura o de la historia de ningún país. Lo único que necesitábamos era aplicar nuestra superioridad militar y nuestros recursos de la manera adecuada. Para ganar la guerra bastaba con obtener los datos correctos, analizar debidamente la información y aplicar las soluciones adecuadas”.  

            Este no tener que “conocer acerca de la cultura o la historia de un país”,  que caracterizó a McNamara y a su equipo, fue también la marca distintiva de la era neoliberal y de sus principales instituciones. A una ideología totalizadora con respecto al funcionamiento de las leyes económicas, se le unieron cifras desprovistas de sustancia política o de sustrato cultural. A fin de cuentas su recetario económico no estaba supuesto a considerar las especificidades de cada país con el que se lidiaba. Y así como la guerra de Vietnam produjo un millón de combatientes y cuatro millones de civiles muertos, el recetario neoliberal dejó tras de sí una crisis económica global, amén de inmensos y bien diseminados problemas políticos y sociales. ¿Qué decir, por su parte, de la invasión a Irak, en donde a la ideología “democratizadora” de Bush y de los neoconservadores se le unió la prepotencia tecnocrática del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld?

            Al cumplirse los diez años de la invasión a Irak el Instituto Watson de la Universidad de Brown en EEUU, presentó un informe de los costos de dicha guerra elaborado por treinta especialistas. Según el mismo, el costo económico directo para ese país superó los dos billones (millón de millones) de dólares, con gastos residuales que podrían elevarse a seis billones en las próximas cuatro décadas. Sin embargo, ello palidece al lado de los 134 mil civiles iraquíes muertos como resultado directo de las acciones militares y de los más de 500 mil que fallecieron como consecuencia indirecta de la guerra (Reuters, 14 marzo, 2013).

            Nada más peligroso que la combinación ideología-tecnocracia. Nada como ella para hacer que desaparezcan los sentidos de la perspectiva, de la realidad y, por sobre todo, de la humanidad.

 

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais